Viróloga UCR: “Estamos mal preparados” para enfrentar una nueva pandemia

  • Empezar tema Empezar tema Monserrat Cordero Parra
  • Fecha de inicio Fecha de inicio
M

Monserrat Cordero Parra

Guest
foto-1-7.jpg

A seis años del inicio de la crisis sanitaria que paralizó al mundo en 2020, la sombra de patógenos como el ébola, el hantavirus y el sarampión ponen a prueba nuevamente la capacidad de respuesta internacional; sin embargo, el panorama no es para nada alentador.

En entrevista con UNIVERSIDAD, Eugenia Corrales, viróloga e investigadora de la Universidad de Costa Rica (UCR), aseguró que la preparación actual de los países ante este tipo de amenazas es deficiente debido a recortes presupuestarios y a una creciente desconfianza hacia la ciencia.

A esto se suma la politización de la salud y la desinformación, las cuales obstaculizan la implementación de medidas preventivas eficaces frente a los virus.

Asimismo, subrayó la persistencia de desigualdades en el acceso a tratamientos y la falta de una coordinación internacional sólida que supere los intereses propios de cada uno de los países.

Finalmente, Corrales agregó que tanto el comportamiento humano como el cambio climático aseguran la aparición de nuevos virus en un futuro próximo.

Considerando lo ocurrido con el SARS-CoV-2 y la situación actual con otros virus como el sarampión, el ébola y el hantavirus, ¿considera usted que el mundo está preparado para enfrentar estos riesgos seis años después de la pandemia de 2020?

—Yo creo que a nivel político y social no se está preparado, ni en el económico. Más bien se han recortado mucho los fondos y las iniciativas para apoyar este tipo de brotes. Esto especialmente en países en desarrollo de Latinoamérica, África y el sudeste asiático, que son los “puntos calientes” donde surgen estas enfermedades.

“Yo creo que a nivel político y social no se está preparado, ni en el económico. Más bien se han recortado mucho los fondos y las iniciativas para apoyar este tipo de brotes. Esto es especialmente en países en desarrollo de Latinoamérica, África y el sudeste asiático, que son los ‘puntos calientes’ donde surgen estas enfermedades”, Eugenia Corrales, viróloga de la UCR.

Todos los años van a haber este tipo de alertas, y todos los años siguen habiendo problemas de surgimiento de enfermedades que tal vez no son tan comunes como influenza; pero al tener tan fuertemente un discurso anticiencia y antisistema, en parte por los movimientos políticos locales y mundiales, pues están recortando fondos, no solo para la vigilancia, sino también para la prevención y la educación.

Entonces, sí, estamos mal preparados. Un ejemplo muy claro con esto del ébola fue que el CDC (Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos —que es uno de los que han recortado más dinero para vigilancia y ayuda a países como los que están siendo afectados en África— se enteró del brote casi 60 días después de haber iniciado, y no hay como un esfuerzo a nivel nacional e internacional de ir y tratar de evitar muertes y la diseminación.

Yo creo que la pandemia de COVID-19 hizo en la parte social y psicológica como que la gente se volviera más egoísta y pensara más solo en ellos mismos y lo otro no importa, porque está del otro lado del mundo, está en un crucero o está en África, y mientras no me llegue a mí, no me importa.

Y eso, yo creo, que es un resultado muy interesante de la pandemia porque se esperaban otras cosas; pero también, al haberse implementado tantas medidas, para controlar o disminuir el número de afectaciones por muerte con coronavirus, creo que la gente como que no se alertó lo suficiente y no le está dando la importancia tanto a nivel político, económico, individual y de nosotros como sociedad.

¿Qué lecciones nos dejó el COVID-19 que deberían aplicarse ahora ante este tipo de amenazas?

—Mucho de lo que se aprendió fue más bien qué no hacer o qué hacer de una manera distinta. Lo que está bien claro es que el país necesita movilizar dinero para poder ampliar su atención médica en cuanto a severidades, tecnologías, personal, y diagnóstico. Sin eso, no podría uno tener realmente una idea de qué es lo que está pasando. y creo que quedó muy claro, por lo menos a la hora de tomar esas decisiones al principio.

Yo pienso que una de las cosas que deberíamos aprender es a no politizar algo como esto, que eso es algo que nos va a afectar a todos, y por más que seamos de x, y o z partido político, de izquierda, derecha, comunista, socialista, fascista, lo que sea, los virus y los microorganismos no tienen esas limitaciones de infectar.

Hay que pensar que esto es algo que hay que solucionar como sociedad y como humanidad. Tenemos que reforzar eso; sin embargo, con la pandemia más bien se notó lo contrario.

Hay que mejorar mucho la comunicación, creo que hay que invertir en cómo comunicar riesgos y alertas, pero realmente sin ser amarillistas, sin buscar los clics. Tratar de dar una información veraz y meter mucho a personas expertas en comportamiento o en psicología, comunicación o en antropología. También es necesario estar vigilantes —y para eso se necesita dinero—, y eso es uno de los problemas que estamos teniendo ahora, entonces en cualquier momento nos van a agarrar desprevenidos.

Yo creo que debe haber una educación científica básica para poder entender conceptos como medidas de prevención. La necesidad de la inversión en salud, a mí me asusta mucho también, pues en lugar de reforzarse, se está recortando.

Y uno podría hablar así de cosas secundarias como la necesidad de alianzas público-privadas, para que las empresas privadas financien ese vacío que ha quedado en medio de la falta de dinero de los gobiernos o de instituciones.

Solemos ver a virus como el ébola “lejanos”, pues se están reportando casos en África. ¿Cuál es el riesgo real para Costa Rica?

—El riesgo es bajo, pero no es cero. Yo creo que cualquier persona en cualquier lugar puede estar en una fase de incubación y en menos de 12 horas está en otro país. Costa Rica tal vez tiene un riesgo muy bajo y hay ciudades donde hay hubs con más probabilidades, por ejemplo, un Frankfurt, un Ámsterdam, un Nueva York, un Atlanta, o sea, esos aeropuertos donde hay mucha conexión. El cuadro es tan sintomático que la transmisión se puede controlar un poco más fácilmente que con un virus respiratorio. Entonces, a mí me da un poquito más de temor el sarampión. En este momento hay brotes enormes en México, Centroamérica, Canadá, Estados Unidos, y ahora sume la Copa Mundial, donde se está mezclando un montón de gente. Es un virus muy contagioso, de una persona se pueden llegar a contagiar 18 personas. Es un virus que se transmite respiratoriamente, presintomático y a mí lo que me tiene tranquila son los los niveles de vacunación de Costa Rica, pero si Costa Rica no estuviera vacunado a ese nivel, sería un gran problema y habría un riesgo muy alto.

¿Ha mejorado la vigilancia epidemiológica mundial tras la pandemia del 2020 o existen aún vacíos importantes?

—Yo creo que es más sólida que en el 2020 porque, gracias a la pandemia de COVID-19, muchos laboratorios y muchas redes de vigilancia se afianzaron, se equiparon y se entrenaron adecuadamente; pero el problema son los recursos. De nada sirve tener una red y un laboratorio de vigilancia si no hay recursos económicos para hacer esto. Por un lado, yo creo que hay una gran capacidad establecida y hay un gran potencial, pero uno tendría que ver a nivel económico qué tan limitados están.

Por lo menos —y eso ya es mi opinión—, siento como que la gente que está en laboratorios y en vigilancia está más abierta a pensar que “si todo lo que estoy teniendo me está dando negativo, podría ser algo nuevo”. Creo que eso es uno de los aprendizajes que se tuvo también con COVID-19.

foto-2-5.jpg

La experta señaló que existe una “alta posibilidad” de que aparezcan nuevos patógenos debido al comportamiento de la población. (Foto: Fabián Hernández)

Durante la pandemia se fortalecieron los sistemas de secuenciación genética y el monitoreo de los virus en los diferentes países. ¿Estos avances se están aprovechando ahora?

—Por lo menos a nivel nacional, estoy segura que se están aprovechando en cuanto a virus respiratorios. Hay un laboratorio de vigilancia de genomas completos. El virus de la influenza —que es uno de los que siempre hemos creído que iba a ser la próxima pandemia— ahí está, y hay que estarlo vigilando también.

También hay mucha vigilancia a nivel de resistencia antimicrobiana que solo se detecta por medio de genética. Uno de los grandes temores, además de las pandemias, es que se calcula que en el 2050 no van a haber antibióticos eficientes contra las bacterias. Muchos creen que la próxima pandemia podría ser de bacterias multirresistentes que no reaccionen absolutamente a ningún fármaco, e igual se están vigilando a nivel genético.

Una de las cosas que por lo menos yo sí he sentido que ha mejorado es el compartir datos a nivel internacional. Entonces, creo que sí se está mejor, pero hay que tener los ojos abiertos porque la posibilidad de emergencia de nuevos patógenos está muy cercana.

¿Qué tan vulnerable es la población a la aparición de un virus desconocido y con gran capacidad de transmisión como el COVID-19?

—El COVID-19 tenía alta capacidad de transmisión, pero tenía baja mortalidad. Si este hubiera tenido alta mortalidad o una alta mortalidad infantil como el caso de la polio, la discusión sería distinta y no hubiesen habido tantos recortes ni la gente hubiera dicho que era una conspiración. La posibilidad es alta, y sobre todo porque la mayoría de los virus y de los patógenos emergentes, están muy de la mano con el comportamiento humano. Cada vez somos más y cada vez invadimos ambientes selváticos y prístinos para aumentar la urbanización, la capacidad de agricultura y de ganado. Cada vez se deforesta más, entonces, los animales silvestres pierden su hábitat y tienen que invadir. Estamos viendo calentamiento global, ¿eso qué significa? Que los mosquitos se van a ampliar en su distribución. Hay muchos virus en mosquitos de los que no tenemos idea de la existencia. La fiebre de Oropouche, que ya está en Panamá, es muy probable que esté aquí en Costa Rica y se esté diagnosticando como dengue. Entonces, todas esas posibilidades siempre están, pero a la gente se le ha olvidado. Si vemos históricamente los últimos 25 años, hemos tenido SARS-CoV-1, H1N1, Zika, chikungunya y SARS-CoV-2. A mí lo que me da temor es que la gente encasille pandemia solo como COVID-19, y es muy distinto si es ese, influenza, Oropouche o ébola.

¿Los organismos multilaterales y los gobiernos están mejor coordinados en este momento o es algo sobre lo que tenemos que preocuparnos?

—Es un aspecto de preocupación, sobre todo porque en la pandemia se vio qué se puede hacer, qué funciona y qué es necesario. Y más bien post-COVID-19, lo que se ha visto es a cada quien por su lado. Además, como hay ese discurso de que la OMS (Organización Mundial de la Salud) trata de imponer cosas en los países, y afianzado con el retiro de Estados Unidos y las críticas, creo que van a tener un trabajo más difícil, en el sentido de tratar de lograr esa comunicación entre todas las instituciones. Va depender mucho de qué es lo que va a causar la próxima pandemia.

La pandemia mostró desigualdades en el acceso a tratamientos y vacunas. ¿Se puede garantizar ahora una respuesta más equitativa a las diferentes poblaciones o estamos igual?

—Estamos igual, porque al final con el COVID-19 los recursos que se utilizaron para el desarrollo de las vacunas efectivas eran gubernamentales, o sea, del Estado, pero al final las patentes y la forma de producción se las dejaron las farmacéuticas. Esa es una de las preocupaciones más fuertes que hay, por ejemplo, si hay una pandemia de una Influenza nueva, porque el tiempo que se necesita para sacar una nueva vacuna, producirla y distribuirla es más o menos de un año o año y medio. La vacuna de influenza se hace en huevo embrionado, no se hace con la tecnología de ARN mensajero, entonces lleva un proceso un poco más prolongado que la vacuna de COVID-19.

Eso va a seguir siendo una limitación a nivel mundial, pero además lo que hay que entender es que la vacunación debería ser una forma más bien preventiva y no reactiva. La vacunación debería ser una medida de salud pública antes de que pasen los brotes, que es lo que se hace en Costa Rica, por ejemplo, con el sarampión.

Entonces, no ha mejorado, no ha cambiado el asunto, y seguimos en las manos de unos pocos productores de vacunas que si se da la necesidad de una vacunación mundial, vamos a tener los mismos problemas que se tuvieron hasta ahora.

Si mañana apareciera un virus igual de transmisible que el SARS-CoV-2 pero mucho más letal, ¿la respuesta sería más rápida y eficaz que en el 2020?

—Rápida, sí; eficaz, no lo sé. O sea, si el virus o la enfermedad es más letal, la misma gente va a cuidarse y tomar más medidas de prevención. O sea, va a manejar su riesgo mejor.

Yo creo que el mundo podría reaccionar más rápidamente y tener herramientas con las cuales reaccionar más fácilmente, pero que sea eficaz, depende. Depende del virus, la voluntad política, la voluntad económica, el tejido social, y la gente.

Finalmente, con la pandemia por COVID-19 se tomaron muchísimas medidas en el país. ¿Existe algo de lo que se hizo hace seis años que ahora usted piense que no debió realizarse?

—Para mí, la comunicación excesiva bajo incertidumbre. Creo que eso confundió mucho a la gente, y yo también fui parte de esa campaña de comunicación. Por ejemplo, el uso de mascarilla, ahora sí y ahora no. Las estrategias de comunicación tal vez podrían haber sido mejoradas en el sentido de no decirles “quedémonos en Semana Santa en la casa para que el virus no entre, para bajar la curva”. Uno lo ve retrospectivamente y el virus ya estaba dentro, ya estaba haciendo cosas.

O sea, al final lo que se estaba haciendo era ganar tiempo para movilizar recursos y políticas, para comprar diagnósticos, y hacer un montón de otras cosas más para evitar las muertes. Entonces, esa comunicación tal vez debió haber sido diferente, pero qué difícil, porque usted tiene que dar un mensaje en 30 segundos claro y conciso.

El periodismo creo que también ha empeorado en el sentido de que se ha vuelto muy amarillista, que lo que quieren es audiencia y no informar, tanto que la gente está dejando de informarse y se va por lo que le mandan por WhatsApp, que es peor. Entonces, pienso que eso nos va a costar y es una de las lecciones que yo aprendí a lo duro.

La entrada Viróloga UCR: “Estamos mal preparados” para enfrentar una nueva pandemia aparece primero en Semanario Universidad.

Sigue leyendo...
 
Atras
Superior