Venezuela queda atrás: familias migrantes convierten a Guatemala en su nuevo hogar

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Los diáspora venezolana tiene dos etapas y la masiva es del 2014 al 2025. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

REPORTAJE

Venezuela queda atrás: familias migrantes convierten a Guatemala en su nuevo hogar

Entre tránsito e integración, venezolanos convierten Guatemala en hogar de oportunidades pese a migración forzada.

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Edwin Pitán


18 de enero de 2026

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Los diáspora venezolana tiene dos etapas y la masiva es del 2014 al 2025. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Los diáspora venezolana tiene dos etapas y la masiva es del 2014 al 2025. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)​


Guatemala se ha convertido en uno de los últimos países de tránsito para miles de migrantes venezolanos que intentan llegar a México y Estados Unidos. Sin embargo, para decenas de ellos el territorio guatemalteco ha dejado de ser solo un punto de paso y, en los últimos años, se ha transformado en su nuevo hogar.

Ese es el caso de una familia venezolana integrada por padre, madre y cuatro hijos, que duerme en una habitación que le han prestado en el centro histórico de la capital, mientras decide si regresa a su país de origen o si permanece en Guatemala. La espera del nacimiento de un quinto hijo ha fortalecido el arraigo en un país que, inicialmente, solo formaba parte de su ruta migratoria.

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Familia en tránsito​


La familia salió de Venezuela, cansada de la precariedad económica, con el objetivo de llegar a Estados Unidos. No obstante, el padre considera que un eventual cambio político en su país podría modificar sus planes.

El jefe de hogar se identifica únicamente como Allan y prefiere reservar el resto de su identidad, así como la de su familia, por temor a posibles represalias del gobierno venezolano. Afuera de un restaurante de hamburguesas, en el Paseo de la Sexta, accedió a conversar con Prensa Libre.

“No es por gusto que estemos afuera de este lugar; esto es estrategia. Pedir ayuda también requiere estrategia. Venimos a diario porque no tenemos dinero ni para comprar pan. A veces a la gente le sobran papas o parte de una hamburguesa y nos las regalan. De eso no nos quejamos; los guatemaltecos sí ayudan”, relató.

Añadió que la familia pasó por Guatemala en septiembre del 2025 y luego continuó su trayecto hacia México, pero el recorrido se volvió más complicado de lo previsto. “Logramos llegar hasta Querétaro, pero Migración mexicana nos detuvo y nos deportó a Guatemala. En México, la situación es difícil porque existen riesgos de secuestro, y avanzar no es sencillo”, refirió.

A diario, los cuatro niños sostienen un cartel en el que solicitan ayuda económica para comprar alimentos. En el suelo colocan vasos para recibir donativos mientras permanecen en la Sexta Avenida. La familia analiza su futuro inmediato: continuar el viaje a Estados Unidos, establecerse en Guatemala o regresar a Venezuela. “Estamos evaluando qué hacer. En Guatemala llevamos dos meses, pero mi esposa está embarazada y tiene cuatro meses. Eso nos mantiene aquí. Ella recibe atención médica en el Hospital General San Juan de Dios, y abogados nos están ayudando a gestionar un permiso para permanecer legalmente en Guatemala”, indicó Allan.

En caso de regularizar su estadía, Allan planea obtener permisos laborales y conseguir empleo. Asegura que sabe conducir camiones, oficio al que se dedicaba en Venezuela. “He sido camionero, pero me adapto a lo que venga. Lo importante es trabajar. En Venezuela, la situación es muy difícil: si antes podía comprar cinco kilos de comida, ahora solo puedo comprar dos. Tengo cuatro hijos de 4, 6, 10 y 14 años. Esas bocas necesitan comida, y por eso salimos con el objetivo de llegar a Estados Unidos, pero no es fácil pasar por México”, expresó.

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En Guatemala los ciudadanos venezolanos han encontrado refugio y oportunidades de desarrollo. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Expulsiones y refugio​


El Instituto Guatemalteco de Migración (IGM) registra que en el 2024 se identificó y expulsó a 22,636 personas de más de 60 países, por ingresos irregulares. De ese total, la mayoría era de Venezuela, con unos 17,653 venezolanos expulsados durante ese año, entre ellos hombres, mujeres y casi dos mil niños y adolescentes.

En el 2022, Guatemala expulsó a unos 13,284 migrantes, de los cuales, 76% eran venezolanos, según datos oficiales del IGM. Las expulsiones forman parte de la aplicación de las leyes migratorias guatemaltecas, que exigen documentos para el ingreso legal al territorio. Las personas sin pasaporte válido ni visa correspondiente suelen ser detenidas, albergadas temporalmente y luego deportadas.

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Refugio y protección​


En paralelo a las expulsiones, Guatemala también recibe solicitudes de refugio de personas migrantes de diferentes países, incluido Venezuela, aunque en números comparativamente menores.

Según datos de la agencia de la ONU para los refugiados (Acnur, en inglés), hasta septiembre del 2025 había registradas en Guatemala alrededor de 195 venezolanos refugiados reconocidos oficialmente. También se reportaba sobre cerca de mil 202 solicitantes de refugio de origen venezolano, en trámite o a la espera de respuesta para recibir protección internacional.

Esas cifras reflejan que, aunque el número de venezolanos que buscan protección formal como refugiados en Guatemala no es tan alto, comparado con otros países de Latinoamérica, sí existe presencia significativa de personas que buscan esta figura legal por persecución, violencia o condiciones que las ponen en riesgo si regresan a su país de origen.

Juventud, oportunidad y desarrollo personal​


En un edificio de la zona 13 capitalina funciona el restaurante Panas y Parceros, que ofrece platillos tradicionales de Venezuela y Colombia. El negocio es administrado por Andrea Gilson, de 22 años, venezolana que llegó a Guatemala a los 13, en el 2016, y que este año cumplirá una década de residir en el país.

Su familia migró debido a la reducción de oportunidades en Venezuela, derivada de las políticas de nacionalización de empresas. Andrea recuerda que su primer objetivo al llegar a Guatemala fue continuar sus estudios.

“Entré a tercero básico y empecé a estudiar; luego cursé el bachillerato y después, la universidad. Me gradué como licenciada en Ciencias de la Comunicación y estoy muy satisfecha con la formación académica. Sentí que el nivel es superior al que había en mi país y que la enseñanza fue completa”, relata.

Cada día, Gilson prepara desayunos, refacciones y almuerzos con sabores venezolanos y colombianos. El negocio ha tenido buena aceptación entre los vecinos y trabajadores del sector.

“Guatemala me recibió muy bien. Los guatemaltecos son amables, y uno se arraiga tanto que, cuando se da cuenta, ya es parte de la comunidad. Aquí hay amigos y familia. Salí de Venezuela cuando el presidente Nicolás Maduro endureció sus políticas de nacionalización, tres años después de asumir la presidencia, tras la muerte de Hugo Chávez, en el 2013”, recuerda.

Añade que, aunque dejar su país fue una decisión difícil, valora las oportunidades que ha encontrado en Guatemala.

“Es duro no poder vivir en tu país y dejar tu tierra, pero estoy tranquila porque llegamos a un país que nos brinda oportunidades. Así veo a Guatemala”, afirma.

Por ahora, entre sus planes no figura regresar a Venezuela, ya que mantiene proyectos en Guatemala y observa a la distancia la situación política en su país.“Estamos pendientes de lo que ocurre allá porque Venezuela la llevamos en el corazón”, asevera.

Los miembros de la familia Gilson se han integrado al mercado laboral en Guatemala y han logrado desempeñarse en distintos empleos, mientras analizan si, en el futuro, será posible un eventual retorno a su país.

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La joven venezolana, Andrea Gilson, en la actualidad tiene un emprendimiento de una cafetería en la zona 13 capitalina. Ella llegó a Guatemala a los 13 años y luego de una década se arraigó en el país. (Foto Prensa Libre: Juan Diego González)

Adaptación​


El venezolano Óscar Antonio D’Santiago salió de su país hace 20 años y llegó a Guatemala en el 2005. En venezuela era propietario de una empresa de calzado, pero, durante el gobierno de Hugo Chávez, el acceso a divisas fue restringido y centralizado por el Estado, lo cual le impidió obtener dólares para operar.

La falta de divisas causó el colapso de su negocio y la imposibilidad de sostener a su familia, lo que lo obligó a migrar. “Aparecimos en un listado donde ya no teníamos acceso a los dólares. Nuestra empresa se fue a pique y llegó al fracaso total. Tuvimos que indemnizar a los operarios y al personal de producción, pero no había futuro”, relata D’Santiago, quien hoy cumple dos décadas de haber hecho de Guatemala su nuevo hogar.

Explica que su salida de Venezuela no respondió a una persecución política directa, sino a razones económicas. “No fue una persecución en el sentido tradicional, pero negarnos el acceso a los dólares fue como decirnos ‘vean qué hacen o se van”, afirma. Con cuatro hijos y sin empleo, encontró en Guatemala una oportunidad que con el tiempo se transformó en arraigo.

Dos décadas después, su vida está plenamente establecida en territorio guatemalteco: hijos profesionales, nietos nacidos en el país y un emprendimiento familiar que les permite sostenerse. “Guatemala nos ha acogido de maravilla”, refiere, aunque reconoce que el vínculo con Venezuela permanece intacto. “Me cuesta desprenderme de Venezuela, pero también me cuesta desprenderme de Guatemala. Son dos países que llevo en el corazón”, recalca.

D’Santiago detalla que está muy agradecido con las oportunidades en Guatemala y asegura que ya están integrados. “Mis hijos estudiaron aquí, trabajan aquí y les ha ido bien. Tengo un hijo que estudió Ingeniería Mecánica y luego Mecatrónica; otro estudió Mercadotecnia y trabaja en una empresa de bebidas gaseosas. Tenemos dos nietos nacidos aquí. Mi hijo está casado con una guatemalteca. Ya hemos hecho nuestra vida aquí en Guatemala, y por eso nos cuesta pensar en irnos”.

En 20 años, D’Santiago asegura que aprendió modismos guatemaltecos como “púchica” o “chilero”, y asevera que adoptó otras costumbres. “Nos ha encantado Guatemala: su clima, su flora y sus departamentos. Nos gusta el puerto, Atitlán y varios lugares que hemos conocido. Me gusta el tamal guatemalteco, pero el pache me gusta más; es delicioso”, dice con entusiasmo D’Santiago.

Diáspora venezolana​


El éxodo de venezolanos tiene dos etapas: del 2000 al 2013 y luego del 2014 al 2025. Entre el 2000 y el 2013, la migración desde ese país fue modesta y no masiva, caracterizada, principalmente, por la salida de personas de niveles socioeconómicos medio y alto, profesionales, técnicos y empresarios que buscaban oportunidades en el exterior.

En el 2000 había unos 317 mil venezolanos fuera del país, y para el 2010 la cifra creció a unos 560 mil, según cálculos demográficos de Acnur.

Aunque ya existían factores estructurales de salida —incertidumbre política, desigualdad económica y cambios en la política interna—, la migración no estaba impulsada aún por una crisis humanitaria generalizada, como la que vendría después.

Sin Chávez​


El presidente Hugo Chávez falleció en marzo del 2013 y su vicepresidente, Nicolás Maduro, pasó a ser mandatario interino. Luego ganó una elección especial y completó el período del gobierno de Chávez.

A partir del 2013, con la profundización de la crisis política, económica y social en Venezuela, la migración pasó radicalmente de ser un fenómeno moderado a convertirse en una de las mayores diásporas del mundo.

La migración venezolana se volvió masiva, inducida por el colapso económico, escasez de alimentos y medicinas, hiperinflación, inseguridad, deterioro institucional y restricciones a las libertades básicas. Ese éxodo dejó de ser principalmente de profesionales con recursos y empezó a incluir a familias completas, mujeres solas, adultos mayores y jóvenes en condiciones de alta vulnerabilidad.

En junio del 2025, Acnur y la Organización Internacional para las Migraciones calcularon que cerca de 7.7 millones de venezolanos vivían en el exterior como refugiados, migrantes o solicitantes de asilo.

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