Universidades públicas avanzan como espacios seguros para expresión de identidad sexual

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Marcela Rojas Hidalgo

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El porcentaje de estudiantes de universidades públicas que se identifican como heterosexuales disminuyó un 7% en un periodo de tres años, según los resultados del estudio de “Caracterización de la población estudiantil universitaria estatal 2025” (el más reciente) y su edición de 2022, ambos elaborados por el Observatorio Laboral de Profesiones (OLaP) del Consejo Nacional de Rectores (Conare).

Mientras que el porcentaje de estudiantes heterosexuales se situaba en el 89,9% en 2022, cayó al 83% en 2025.

La comparación de los datos de los estudios realizados en estos dos años también revela un aumento en el porcentaje de estudiantes que se identifican como bisexuales (el segundo grupo de orientación sexual más numeroso en ambas encuestas).

En 2022, el 5,1% de los estudiantes se identificaba como bisexual; para 2025, esta cifra ascendió al 6,4%, lo que supone un incremento de más de un punto porcentual.

Por su parte, la población homosexual (gay y lésbica) pasó de representar el 3,4% en 2022 al 3,9% en 2025.

El grupo que se identifica como pansexual no fue categorizado en 2022. Sin embargo, esta orientación equivale a un 1,5% de la población en 2025.

Gustavo Navarro, investigador del OLaP, declaró a UNIVERSIDAD que estos datos revelan un cambio significativo, ya que “estos aspectos dan cuenta de la diversidad que se atiende en las universidades”.

Universidades públicas: ¿un espacio seguro para la expresión de las identidades sexuales?

A partir de datos del OLaP, esta publicación semanal conversó con tres estudiantes de universidades públicas que se identifican como no heterosexuales, con el fin de analizar si los hallazgos del estudio sugieren que estas instituciones son (o se están convirtiendo gradualmente en) espacios seguros para la libre expresión de orientaciones sexuales que quedan fuera de la heteronormatividad.

Josué Fabián Martínez, estudiante de Administración de Tecnologías de Información en el Tecnológico de Costa Rica (TEC), reveló que la universidad ha sido uno de los espacios “más seguros y cómodos” que ha encontrado, tanto para expresar su sexualidad como para conocer a personas que forman parte de la misma comunidad.

“Nunca he experimentado discriminación directa por parte de profesores o compañeros debido a mi orientación sexual; al contrario, las personas son muy cálidas y amables. Al inicio de mi camino en la universidad tenía un poco de miedo, pero coincidir con personas que comparten una historia similar te ayuda a crecer, a enfrentar situaciones y conflictos, y a ser más humano”, declaró Martínez.

“He visto cómo el estudiantado realmente ha hecho un gran esfuerzo en muchas áreas. Incluso recuerdo que la primera vez que fui al Pride fue gracias a la propia Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional (Feuna)”, Diego Morales, estudiante.

Por su parte, Noah Alfaro, estudiante de Sociología de la Universidad de Costa Rica (UCR), describió su experiencia al ingresar a la universidad como el paso a un espacio mucho más seguro que aquel en el que se encontraba anteriormente. No obstante, señala que sabe que este “no es el caso para todas las personas” y que las experiencias varían de una facultad a otra.

“He escuchado cosas fatales… En Educación Física, por ejemplo, o incluso en educación en general”.

En consonancia con lo expresado por Alfaro, Diego Morales, quien cursó estudios tanto de Artes Dramáticas en la UCR como de Ingeniería en Sistemas en la Universidad Nacional (UNA), describe su experiencia en la primera de estas carreras como positiva, señalando que se trataba de un entorno seguro donde incluso se sentía alentada la expresión de su identidad.

Sin embargo, al hablar de Ingeniería en Sistemas, afirma que la experiencia es “todo lo contrario”.

“Se siente como un lugar muy machista, muy complejo… Los profesores no lo entienden, la gente no lo entiende y, cuando dicen hacerlo, lo ven desde una perspectiva muy alejada. De hecho, muchos de mis compañeros (que yo no sabía que eran gays) vivían muy escondidos; como que en serio les daba miedo que la gente se diera cuenta dentro de la propia carrera”.

Al abordar la cuestión de si, como estudiantes, perciben que la universidad se esfuerza por convertirse en un lugar seguro, Martínez afirmó que así es; considera que la institución trabaja para crear un entorno seguro para el alumnado mediante medidas y protocolos que abordan la discriminación o el acoso, así como a través de la ayuda que ofrece la Oficina de Equidad de Género.

Alfaro, por otro lado, dice que sí hay algún esfuerzo, “pero no tantísimo desde el área administrativa”.

“Rectoría siempre intenta recortarle los recursos a la Comisión Institucional para la Diversidad Sexual (CIDS)… Existe una comisión institucional, solo considero que su existencia se debe principalmente a la voluntad de actores individuales más que a la de la universidad como institución”.

Morales, sin embargo, no percibe esfuerzos institucionales, sino más bien los del estudiantado.

“He visto cómo el estudiantado realmente ha hecho un gran esfuerzo en muchas áreas. Incluso recuerdo que la primera vez que fui al Pride fue gracias a la propia Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional (Feuna)”.

El coordinador del Área de Psicología de la Oficina de Bienestar y Salud (OBS) de la UCR, Fabián Jiménez, también declaró a UNIVERSIDAD que no considera que los datos de los estudios en cuestión representen un aumento en la prevalencia de orientaciones sexuales no heterosexuales, sino más bien “una mayor disposición de las personas a expresar abiertamente aspectos de su identidad”.

“Las políticas institucionales de respeto a la diversidad, las acciones de promoción de los derechos humanos, el acompañamiento psicosocial y la existencia de redes de apoyo contribuyen a generar un entorno que facilita la expresión auténtica de la identidad”, explicó.

Según el profesional en psicología, a medida que estos entornos protectores se consolidan, más estudiantes se sentirán con la confianza suficiente para expresar abiertamente su orientación sexual, “lo que se traduce en una mayor visibilidad de esta diversidad dentro de la comunidad universitaria”.





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