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Godot ha llegado
Una oportunidad regional
La atención que Estados Unidos muestra en el otro lado del mundo es una oportunidad de unión para América Latina y el Caribe.
Roberto Wagner
26 de abril de 2026
|
00:01h
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Lo fascinante de la geopolítica mundial es que esta cambia de un día para otro. El domingo pasado escribía sobre el ocaso británico en este espacio, debido a la caída de su influencia naval, que fue precisamente la que convirtió al Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte en el imperio más extenso que el mundo ha conocido. Menos de una semana pasó para que Donald Trump, en el enésimo episodio de su novela “Pelearme con jefes de Estado o Gobierno”, la emprendió contra el primer ministro británico, Keir Starmer, que, al mejor estilo barrial de Trump, amenazó con revisar la soberanía que ocupan sobre las Islas Malvinas o Falklands (usted, estimado lector, escoge qué nombre le gusta más).
Eran décadas ya en que los primos hermanos de Estados Unidos y el Reino Unido llegaran a estas tensiones. Yo recuerdo lo que fue la Crisis del Canal de Suez de 1956, donde Estados Unidos obligó tanto a Francia como a Reino Unido a dejar de apoyar a Israel en su guerra e invasión contra Egipto. Siete décadas después se da algo parecido, esta vez respecto de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y la solicitud de los primeros a que otros países se unan a un conflicto que se ha convertido en un auténtico dolor de cabeza para la Casa Blanca.
La guerra contra Irán se ha convertido en un estira y encoge entre las partes que parece no tener fin en el corto plazo y que está ocupando toda la atención de la política exterior de Estados Unidos. La última vez que sucedió algo parecido en la región fue entre la invasión a Afganistán (octubre del 2001) y la invasión a Irak (marzo del 2003), justo el período en que Venezuela, bajo Hugo Chávez, expandió su socialismo del siglo XXI, alineando a varios países de América Latina y el Caribe bajo el mismo.
La guerra contra Irán se ha convertido en un estira y encoge entre las partes que parece no tener fin en el corto plazo y que está ocupando toda la atención de la política exterior de Estados Unidos.
Lo que parecía una secuencia en el hemisferio occidental de un control total de Estados Unidos en el mismo, se ha detenido por la guerra contra Irán. Groenlandia dejó de ser un tema y en Cuba vuelven a respirar después de la asfixia a la que fueron sometidos hace unos meses. Ambos casos eran piezas claves de la Doctrina Trump en la región, que es una nueva Doctrina Monroe (1825), de “América para los americanos”, pero bajo esteroides. El terrible error de cálculo de los Estados Unidos en confiar ciegamente en planes israelíes para entrar en Irán nuevamente, como sucedió hace 24 años, deja un vacío en la región y ahora ha provocado un pleito en la región, donde aquellos países que son parte de la mancomunidad británica se ven preocupados, así como aquellos territorios británicos de ultramar en el Caribe y, en este caso específico, las Malvinas (yo ya tomé mi decisión).
La atención que Estados Unidos muestra en el otro lado del mundo se presenta como una oportunidad para la región de retomar una visión de unión regional más allá de la participación en organismos como la OEA, la Celac o Unasur, los cuales son entidades que hace años pasaron a un tercer plano. El primer paso es un apoyo regional a que se corten esos inservibles puentes que aún mantienen muchos de los países en nuestra región con sus países colonizadores europeos, como es el caso particular de Reino Unido en las Malvinas, más allá de los intereses que pueda tener Donald Trump; lo segundo es un mayor involucramiento de la región latinoamericana con nuestros hermanos caribeños no latinos, porque vivimos en un mismo continente, pero separados, a estas alturas, por nuestras diferencias culturales; y lo tercero, trabajar unidos frente a las imposiciones políticas y económicas que históricamente han venido desde Washington. ¡Feliz domingo!
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