Un refugio para empezar de nuevo tras una emergencia en Ecuador

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Gabriela Quiroz

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Cuando una inundación o un desastre natural golpea a una comunidad en Ecuador, las familias pierden su vivienda de un día para otro. Se reubican en albergues temporales o en casas de familiares y vecinos. Muchas veces significa empezar casi desde cero sin recursos económicos ni certezas. Frente a este escenario recurrente, dos profesores de Arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil diseñaron un refugio de emergencia.

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Su proyecto busca cambiar la lógica de la ayuda habitacional: no es una solución desechable, sino el primer paso hacia una vivienda permanente. Por esta iniciativa obtuvieron el Primer Premio a la Sostenibilidad en la Construcción, del Consejo Ecuatoriano de Edificación Sustentable (CEES).

🔥¿Por qué importan las construcciones sostenibles?​


El refugio de emergencia con ecomateriales propuesto pone el foco en el punto ciego de la respuesta estatal y humanitaria: el vacío entre la ‘carpa de emergencia’ y la vivienda definitiva. La propuesta no discute si el Estado debe o no entregar casas, sino algo más básico y urgente: cómo ofrecer una solución inmediata que no condene a las familias a empezar de nuevo cada vez que ocurre una tragedia climática.

Más allá del premio, el proyecto abre una discusión de fondo sobre cómo Ecuador responde a sus emergencias y si la inversión en vivienda temporal puede transformarse en una inversión duradera, pensada desde el territorio, el clima y las capacidades reales de las comunidades impactadas.

🏠 Del albergue al hogar: la escena que inspira el proyecto

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Se diseñó un sistema de ‘juntas secas’ con carpintería de acero ligero que elimina tiempos de fraguado.

No es una carpa liviana ni una estructura metálica importada. El refugio se eleva del suelo, permite que el aire circule y se arma con piezas estandarizadas que encajan como un sistema. “Queríamos evitar que las familias desplazadas o migrantes terminen viviendo meses en condiciones precarias”, explica Jorge Ludeña, docente de arquitectura de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil. “El objetivo era resolver la inseguridad habitacional inmediata, pero con una estructura que no fuera desechable, sino el inicio de algo permanente”.

La imagen que guía el proyecto no es la del albergue lleno de colchones en el piso, sino la de una familia levantando su propio espacio habitable en tres o cuatro días.

“Diseñamos un módulo base de unos 18 m2 que sirva para la emergencia inmediata, pero que esté pensado para crecer progresivamente según las necesidades de la familia”, señala Ludeña. La idea, insiste, es pasar de la lógica del damnificado a la del habitante con un hogar consolidado.

🧩El vacío que hay detrás de un desastre​


Detrás del refugio hay una tensión estructural que se repite en cada emergencia en Ecuador: la brecha entre la respuesta inmediata y la reconstrucción definitiva. Las soluciones tradicionales, añade, suelen ser lentas o ajenas al clima y a las condiciones del territorio.

Ese vacío no es solo técnico, también es institucional. Enrique Mora Alvarado, también docente de Arquitectura de la UCSG, lo plantea así: “Dependemos de soluciones importadas o estandarizadas que no dialogan con el clima, los materiales ni las capacidades locales”. Para él, el fenómeno de El Niño fue el detonante inmediato, pero el problema es más profundo. “Es estructural y recurrente”, subraya.

La propuesta del refugio se construye, precisamente, como una respuesta a esa desconexión entre la emergencia y el territorio. No intenta replicar modelos foráneos, sino sistematizar materiales, saberes y formas de habitar que ya existen en el país.

🛠️ Un refugio de emergencia probado en Ecuador​

Se incorporaron paneles prefabricados hechos de desechos de bambú y fibra de coco prensada. Foto: UCSG

Se incorporaron paneles prefabricados hechos de desechos de bambú y fibra de coco prensada. Foto: UCSG

El proyecto se desarrolló como una investigación aplicada desde la academia, pero con los pies en el territorio. “No es un ejercicio teórico: se construyó, se midió y se evaluó”, enfatiza Mora. El proceso incluyó prototipado a escala real, validación constructiva y trabajo interdisciplinar.

Uno de los ejes centrales fue la elección de materiales. “Priorizamos el bambú rollizo y las fibras naturales por una razón logística y ecológica: están disponibles localmente, lo que rompe la dependencia de cadenas de suministro externas”, explica Ludeña. A esto se sumaron paneles prefabricados con desechos de bambú y fibra de coco prensada, pensados para mejorar el confort térmico en climas cálido-húmedos sin gastar energía.

Las pruebas no se quedaron en el laboratorio. “El prototipo fue construido y validado en condiciones reales de montaje”, señala Mora. Según los docentes, el sistema de juntas secas y piezas estandarizadas permitió comprobar que el refugio puede ensamblarse en horas y completarse en pocos días, incluso por personas sin experiencia previa en construcción, con acompañamiento técnico mínimo.

🌧️ Lo que muestran las cifras de las lluvias en 2025


Las lluvias de 2025 confirman que la emergencia habitacional no es excepcional, sino recurrente. Entre el 1 de enero y el 3 de diciembre de este año, en Ecuador se registraron 4 392 eventos adversos, que afectaron a 218 cantones y 964 parroquias.

Los impactos se repiten con patrones claros:

  • Deslizamientos: 42%
  • Inundaciones: 35%
  • Vendavales, socavamientos y aluviones: 14%
  • Colapso de infraestructuras: 6%

En total, 241 126 personas resultaron afectadas y 74 029 quedaron damnificadas, el 93% en cinco provincias de la Costa. En términos habitacionales, 85 372 viviendas sufrieron afectaciones y 1 023 quedaron completamente destruidas.

La respuesta, a cargo de la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, se concentró en la entrega de bienes de asistencia humanitaria y en la habilitación de 96 alojamientos temporales, que actualmente están cerrados. En sus informes públicos no consta la entrega de un kit habitacional de emergencia que permita a las familias iniciar una solución propia y progresiva, como la que proponen los docentes de la Católica de Guayaquil.

🏗️ ¿Por qué no llega aún a política pública?​


Que el refugio haya ganado un premio no significa que esté listo para convertirse en política pública. Jorge Ludeña lo dice sin rodeos: “Para que esto deje de ser un prototipo académico y se convierta en política pública, hemos identificado cuatro condiciones principales que debemos resolver”:

  1. Financiamiento para la producción masiva de kits
  2. Consolidar la cadena de suministro. Asegurar proveedores locales de bambú y conectores metálicos
  3. Estandarización. Protocolizar el control de calidad para que cada unidad tenga las mismas condiciones técnicas.
  4. Gobernanza. Articular con municipios y Secretaría de Gestión de Riesgos para definir terrenos y beneficiarios.

Sin la coordinación institucional, la propuesta corre el riesgo de quedarse en el ámbito académico, aun cuando responde a una necesidad que se repite año tras año en el país.

📊 ¿Cuánto costaría cubrir las viviendas destruidas?​


Los docentes calcularon el costo del refugio con pruebas reales. Calcularon un presupuesto de 4 850 dólares por unidad, 269 dólares por metro cuadrado, explica Ludeña, quien subraya que “la sostenibilidad también puede ser económica”.

Si se toma como referencia solo las 1 023 viviendas que quedaron destruidas en 2025, la inversión necesaria para cubrirlas con este tipo de refugios sería de 4,9 millones de dólares.

Una cifra que abre otra pregunta incómoda: ¿Cuánto cuesta no invertir en soluciones que permitan a las familias reconstruir su vida desde el primer momento?

Los docentes Jorge Ludeña (i) y Enrique Mora (d) enseñando a los estudiantes en el proceso de construcción del refugio de emergencia. Foto: UCSG

Los docentes Jorge Ludeña (i) y Enrique Mora (d) enseñando a estudiantes de arquitectura. Foto: UCSG

🌱 Claves para entender por qué este refugio es distinto


🧱 No es una casa, es un sistema. “La innovación radical es que transformamos la construcción artesanal en un sistema industrializable tipo ‘kit’, explica Jorge Ludeña. El refugio se arma a partir de un catálogo de piezas estandarizadas -estructura, conectores metálicos y paneles- diseñadas para reducir errores, tiempos y dependencia de mano de obra especializada.

🌱 Sostenibilidad que no se desecha. Esto se traduce en decisiones concretas: menos huella de carbono, materiales renovables, menor consumo energético y posibilidad de reutilización o adaptación, enfatiza Enrique Mora. Y-agrega- el impacto ambiental es menor que soluciones metálicas o plásticas importadas.

🏗️ Autoconstrucción asistida. El sistema lo arman las familias. Mora lo explica así: “La innovación no está solo en el material, sino en el sistema completo: modular, prefabricado, desmontable y acompañado de un manual de autoconstrucción”.

🌴 Arquitectura que entiende el territorio. Ventilación cruzada, aleros amplios, elevación del suelo y materiales vegetales no son decisiones estéticas más bien están apegadas a su cultura, enfatiza Ludeña. El diseño se adapta: si no hay bambú existe madera rolliza sin alterar su lógica estructural.

🎓 Impacto real de la academia. El LabVIS de la Católica de Guayaquil no solo investiga para publicar, sino para resolver, dice Ludeña. Los estudiantes participaron como co-creadores. Trabajaron en campo ajustando piezas y manuales. Mora resume así: “La academia puede producir soluciones reales, no solo diagnósticos”.

🔮 Lo que viene: del premio al piloto


Tras el reconocimiento, el desafío es pasar del premio a la implementación. “El siguiente paso es consolidar alianzas y fondos de implementación”, explica Ludeña. El objetivo es poner en marcha un programa piloto que demuestre la viabilidad del sistema a escala de barrio.

El interés existe, sobre todo desde organismos internacionales, porque la problemática se repite en toda Latinoamérica. A mediano plazo, los docentes imaginan estos refugios convertidos en viviendas ampliadas e integradas al tejido urbano. “La mayor lección es que la innovación no siempre es alta tecnología”, concluye Ludeña. “A veces, la mayor innovación es sistematizar lo local”.


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