C
Carlos Rehermann
Guest
Las meticulosas exclusiones de La Odisea van más allá de los requerimientos narrativos.
Odiseo está cansado. La matanza de los 100 pretendientes lo ha agotado. Las sirvientas lo bañan, lo perfuman, lo visten con ropas dignas de un rey –que es lo que Odiseo es–, y los dioses lo hacen parecer joven y fuerte. Se sienta en el patio, frente a Penélope, que no está convencida de que ese hombre sea, en realidad, su esposo.
Odiseo le dice que es una mujer de corazón duro, terca e inflexib...
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