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macsep2005
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Con la imagen de Hossan Hassam, técnico de Egipto, con los brazos cruzados y en alto, en señal de protesta, cumplimos con la promesa de no hablar de fútbol hoy, y damos el salto a la literatura, ese territorio que tanto se parece a la vida, aunque un viejo refrán afirma que la realidad, por mucho, supera a la ficción.
Hossan Hassam, técnico de Egipto.
Como de fútbol, al menos por hoy, no pretendemos hablar, mientras pasa el luto por cómo secuestraron a este maravilloso deporte; queda acudir a un refugio al que siempre se le puede tocar la puerta, según Marco Tulio Cicerón, y ese es la literatura.
«En Defensa de Arquias», Cicerón decía: «El cultivo de las letras alimenta la juventud, deleita la ancianidad, y es en la prosperidad ornato y en la desgracia refugio y consuelo; entretiene agradablemente dentro de la casa, no estorba fuera de ella, pernocta con nosotros y con nosotros viaja y nos acompaña al campo».
Cuatro líneas perfectas. Empezando porque invoca el cultivo, que nos lleva a la cultura y de la cultura al ser, al alma, a la existencia rodeada de razones para alejarse del ocio banal e insustancial.
Acto seguido, Cicerón ensalza lo intemporal de la lectura, porque no importa la circunstancia, el lugar ni la edad para practicarla. «Es en la prosperidad ornato y en la desgracia refugio y consuelo».
¡Qué promesa tan extraordinaria! Mayor que la que le hice a los lectores de «Pase entre líneas», de que hoy no hablaría de fútbol.
Y es, en este contexto, en el que la literatura es uno de los mayores descubrimientos del ser humano, que quiero pasar al ataque –no estoy hablando de fútbol– y recomendarles una novela corta de finales del siglo XIX: «Diario de un hombre de cincuenta años», de Henry James, publicada en 1879.
La novela, traducida por Blanca Salvado, es una joya en su contenido y en su presentación, porque es una edición cuidada hasta el último detalle por parte de la editorial Funabulista.
Con el pasar de los años, ya no voy a las librerías como antes, a buscar a mis autores preferidos, sino que entro en ellas a buscar libros raros, historias que me propongan una visión distinta y en ese ejercicio un día di con este bellísimo texto — de 109 páginas-de Henry James.
La novela es un juego de espejos, aunque no al estilo borgiano. Un viejo coronel inglés regresa a Florencia 27 años después de haber vivido allí los momentos más intensos de su vida, al enamorarse perdidamente de la condesa Salvi.
Ahora, un compatriota suyo, «el pobre Stanmer», está en su misma situación de hace un cuarto de siglo, pero con la hija de la condesa.
Ante aquel aluvión de sentimientos, el viejo coronel intenta prevenir al ingenuo Stanmer del peligro que corre. Él no quiere que su nuevo amigo pase las amarguras que él vivio y que casi lo destruyen por completo.
Sutil, profunda, irónica y narrada con un ritmo pausado e «in crescendo», «Diario de un hombre de cincuenta años», es una novela que se puede leer en una tarde-noche, pero su impacto seguirá palpitando por mucho tiempo, al punto que un buen lector volverá a ella muchas veces en el resto de su vida.
Y con este tipo de historias, contadas por un maestro de la literatura como Henry James y con el auxilio de Cicerón en el horizonte, para qué hablar y preocuparnos del fútbol, que hoy es una novela gris, falaz escrita con los pies.
*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.
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