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Salud y Familia
Tosferina en Guatemala: síntomas, causas, tratamiento y señales de alerta en niños y adultos
Autoridades de Salud de Guatemala alertan sobre posibles casos de tosferina. Ante este panorama, médicos explican cómo se desarrolla la enfermedad y a quiénes afecta con mayor frecuencia.
Esdras Laz
12 de enero de 2026
|
18:00h
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La infección respiratoria afecta principalmente a niños que no poseen un sistema de vacunación completo. (Foto Prensa Libre: Freepik)
Conocida como tosferina o tos convulsiva, esta infección respiratoria, causada por la bacteria Bordetella pertussis, es de fácil transmisión y tiende a confundirse, en un principio, con un resfriado común. Sin embargo, al no tratarse adecuadamente, puede generar complicaciones en los pacientes.
Fue mediante un comunicado que el Ministerio de Salud, a través de la Dirección Departamental de Educación de Suchitepéquez, declaró una alerta epidemiológica a nivel departamental ante seis casos sospechosos.
El médico internista Estuardo Rojas destaca que la tosferina es una enfermedad respiratoria infecciosa causada por Bordetella pertussis, que afecta principalmente a personas no vacunadas.
Por su parte, el doctor Edgar Beltetón, pediatra intensivista, comparte: “La tosferina provoca una inflamación severa en las vías respiratorias, muy distinta a la que suele responder al tratamiento habitual con esteroides”, explicó el especialista.
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La bacteria afecta los cilios de los bronquios —estructuras encargadas de movilizar el aire hacia los pulmones—, provocando espasmos, dificultad para respirar e incluso pérdida de conciencia. En los casos más graves, los pacientes pueden sufrir crisis de cianosis o apnea, en especial si tienen menos de seis meses, agregó Beltetón.
La Organización Mundial de la Salud señala que dicha bacteria se aloja en la boca, la nariz y la garganta de una persona infectada. Aunque afecta principalmente a niños no vacunados, también puede contagiar a adultos cuando la inmunidad disminuye, añade Rojas.
Los síntomas suelen aparecer entre siete y 10 días después de la infección, y pueden extenderse hasta 21 días, según la Organización Panamericana de la Salud.
Etapas y síntomas
La enfermedad presenta dos fases. En la primera, los síntomas son similares a los de un resfriado común: congestión, secreción nasal, fiebre leve y malestar general. Sin embargo, en la segunda fase se presentan los paroxismos de tos: ataques intensos, continuos y violentos que pueden durar varias semanas, destaca Rojas.
Estos episodios, además de afectar la vida diaria del paciente, pueden derivar en complicaciones graves:
- Hipoxemia (disminución del oxígeno en sangre).
- Hemorragias subconjuntivales por presión elevada en los ojos.
- Fracturas costales por la fuerza de los ataques de tos.
- Hemorroides por aumento de la presión intraabdominal.
- Síncope o desmayo por falta de oxígeno en el cerebro.
Prevención y tratamiento
La principal forma de prevención es la vacunación. Si los niños están protegidos, se reducen significativamente los brotes y, por ende, la posibilidad de contagio entre adultos. El internista recordó que los brotes en niños suelen afectar a toda la familia, por lo que mantener actualizado el esquema de vacunación es clave.
Según el doctor Beltetón, los menores de seis meses son los más vulnerables, ya que aún no completan su esquema de inmunización. Por ello, se recomienda vacunar a las madres embarazadas entre la semana 20 y la 34 de gestación. “Este esquema protege tanto a la madre como al recién nacido durante las primeras semanas de vida, antes de que pueda recibir su propia dosis”, indicó.
El pediatra detalló que el esquema de vacunación contra la tosferina incluye aplicaciones a los dos, cuatro y seis meses de edad, con refuerzos a los 18 meses y a los cuatro años. Sin embargo, también enfatizó que los brotes recientes se han originado en edad escolar, lo que convierte el regreso a clases en un momento clave para reforzar la prevención.
En cuanto al tratamiento, se administran antibióticos del grupo de los macrólidos. Rojas destacó que, por prevención ante la automedicación, no se proporciona el nombre del medicamento, pero insistió en que es necesario acudir a un especialista.
El internista advierte que, en algunos casos, los pacientes requieren broncodilatadores mediante inhaladores o nebulizaciones para aliviar síntomas asociados al broncoespasmo.
Rojas concluyó que, aunque la tosferina es prevenible, sus efectos pueden ser graves si no se trata adecuadamente. Por ello, instó a la población a acudir al médico ante síntomas persistentes y evitar el uso de medicamentos sin diagnóstico profesional.
Beltetón añadió que el tratamiento puede incluir antibióticos como la azitromicina. No obstante, aunque estos eliminan la bacteria, los síntomas —especialmente la tos de ahogo— pueden persistir durante semanas, lo que puede derivar en complicaciones graves, como hemorragia cerebral por falta de oxigenación. Por ello, no recomienda automedicarse sin consultar con un profesional.
Síntomas de alerta ante un posible caso de tosferina
El principal signo de alarma es una tos persistente que no mejora, incluso después del uso de remedios naturales o antitusivos de venta libre. Cuando la persona presenta accesos continuos de tos —tos repetitiva, intensa, sin pausa— y comienza a experimentar dificultad para respirar, debe consultar a un médico de inmediato, advierte Estuardo Rojas.
Otros síntomas que indican complicaciones graves son: dolor intenso en la zona de las costillas (posible fractura), hemorragia subconjuntival (sangrado en los ojos) o pérdida de conciencia durante los episodios de tos. Estos signos pueden ser consecuencia directa de la intensidad de los accesos, agregó.
Aunque la tosferina es más frecuente en la infancia, también puede presentarse en adolescentes y adultos jóvenes o mayores, entre los 15 y 50 años.
Los síntomas suelen aparecer entre 7 y 10 días después de la infección destaca la OPS. (Foto Prensa Libre: Freepik)
Prevención adicional
Beltetón también llamó a reforzar la prevención mediante la estrategia de “encapullo”, que consiste en vacunar a los convivientes cercanos del recién nacido, incluidos padres, cuidadores y abuelos, no solo contra la tosferina, sino también contra la influenza. Esta práctica, recomendada en varios países, reduce significativamente el riesgo de contagio en los primeros meses de vida.
Finalmente, el pediatra instó a la población a confiar en la ciencia y no dejarse influenciar por información falsa sobre vacunas. “Estas vacunas son seguras y están dentro del esquema oficial de inmunización del país. Las enfermedades que hoy reaparecen no son nuevas, sino antiguas y prevenibles. Por eso, la educación y la consulta con el médico de confianza son fundamentales”, concluyó.
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