Teatro Girasol regresa con Cuentos de angustias y paisajes por petición del público

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Adair Mendez

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El Teatro Girasol de la Universidad de Costa Rica (UCR) presentará una nueva temporada de Cuentos de angustias y paisajes, una adaptación de cinco relatos de Carlos Salazar Herrera, del jueves 10 al domingo 13 de setiembre en el Auditorio Abelardo Bonilla de la Escuela de Estudios Generales. La obra, dirigida por Gladys Alzate, regresa al escenario después de una primera temporada con una respuesta positiva del público, en especial de personas jóvenes, y busca acercar nuevamente la literatura costarricense a las audiencias actuales.

El montaje nació a principios de 2025 a partir de una solicitud del Instituto Clodomiro Picado, que pidió al Teatro Girasol una obra relacionada con las serpientes para un congreso. El primer cuento que llegó a escena fue “Bocaracá” y, a partir de esa experiencia, Alzate propuso ampliar el proyecto con otros relatos del autor.

La directora leyó el libro completo para comprender la poética de Salazar Herrera y, desde ahí, inició una exploración teatral que tomó como punto de partida la naturaleza, los cuerpos, las voces y los sonidos. “Básicamente como ese registro recurrente de la naturaleza ejemplificada o trabajada a partir de los cuerpos de los actores, de las voces, de los sonidos, de los ecos, de las resonancias que están vinculadas también con algunos elementos emocionales como el miedo, la soledad, los vacíos, las preguntas existenciales que atraviesan todos los cuentos de la obra”, explicó Alzate a UNIVERSIDAD.

“Es muy relevante que podamos tener estos espacios y bueno para mí es un honor poder montar la obra de un autor tan trascendental para la literatura costarricense como lo es Carlos Salazar Herrera”, expresó la directora, Gladys Alzate.

La adaptación reúne los cuentos “Bocaracá”, “El puente”, “La calera”, “El mestizo” y “La sequía”, cada uno con un conflicto particular. El primero incorpora elementos sobrenaturales; “El puente” aborda el abuso físico; “La calera” gira alrededor de los celos y la traición amorosa; “El mestizo” trata la violencia de género; mientras que “La sequía” presenta la dificultad de expresar emociones dentro de una relación de pareja.

Alzate señaló que estos temas permiten establecer un vínculo entre los relatos escritos en 1947 y la realidad actual. “Creo que lo que hace la obra poderosa en el momento actual es que justamente los temas centrales siguen siendo muy vigentes”, afirmó. La directora destacó que los cuentos presentan una Costa Rica rural marcada por la pobreza, el abandono, la discriminación, el abuso, la violencia y una estructura patriarcal que todavía permite establecer preguntas sobre cuánto ha cambiado la sociedad.

El proceso también buscó conservar la poesía de Salazar Herrera y trasladarla desde la narrativa hacia el lenguaje teatral. La dramaturgia estuvo a cargo de José Fernando Álvarez, quien acompañó el proceso de investigación junto con el estudiantado. La propuesta mantuvo buena parte de los diálogos originales y utilizó el trabajo coral del elenco para construir los ambientes y las voces de la comunidad que rodea a los personajes.

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El afiche promocional de Cuentos de angustias y paisajes anuncia la nueva temporada de la obra del Teatro Girasol, basada en cinco relatos del escritor costarricense Carlos Salazar Herrera. (Foto: afiche promocional)

El paisaje ocupa un lugar central en esa propuesta. Para Dedé Coseani, encargado del diseño escenográfico y de vestuario, los espacios de los relatos no funcionan únicamente como escenarios, sino que también ayudan a definir a quienes habitan en ellos. “Entonces en esta obra lo que buscamos poner en estos cuentos es el paisaje, es el que nos cuenta la historia”, explicó a este medio.

La escenografía y el vestuario mantienen referencias de la época en que se desarrollan los cuentos, pero sin convertir la obra en una reconstrucción histórica estricta. El equipo incorporó elementos naturales y materiales disponibles en la propia universidad, entre ellos ramas y troncos, además de máscaras hechas con barro. La iluminación también aporta a la construcción de los ambientes mediante contrastes de luz y oscuridad y referencias a la niebla del paisaje costarricense.

Coseani explicó que esta búsqueda parte de una característica particular del Teatro Girasol: el trabajo con personas aficionadas que desarrollan su práctica artística dentro del grupo. Por eso, la creación incorpora las propuestas del elenco y parte de la exploración individual de sus integrantes. “Ellos van descubriendo sus capacidades creativas en el momento de ir haciendo. Entonces es un ida y vuelta muy interesante lo que se logra en Girasol. Es muy especial”, comentó.

Entre quienes forman parte del elenco está Geisel Cordero Cambronero, estudiante de Enseñanza de los Estudios Sociales y Educación Cívica, quien interpreta cinco personajes a lo largo de la obra. Dos de ellos corresponden a narradoras; en “Bocaracá” interpreta a un personaje enmascarado; en “El puente”, a la madrina; en “El mestizo”, a una de las músicas que aparecen durante la transición; y en “La sequía”, a la India.

La construcción de esos personajes le permitió encontrar similitudes entre las experiencias de los relatos y situaciones que todavía forman parte de la sociedad. “Una de las cosas que más llamó mi atención es que, a pesar de ser personajes que se desarrollan en la primera mitad del siglo XX, pude identificarme bastante bien con las situaciones que viven”, señaló Cordero. Para ella, esa conexión surge de personajes que enfrentan conflictos humanos que trascienden la época en que fueron escritos.

La actriz también encontró uno de los principales retos en la representación de la vida rural. El elenco buscó evitar una mirada caricaturesca sobre el campesinado costarricense y construir los personajes desde una aproximación más respetuosa. “Otro reto ha sido el de plasmar la vida campesina de una manera respetuosa, sin recurrir a la chota y a los estereotipos, que muchos medios audiovisuales emplean para representar al campesino costarricense”, explicó a UNIVERSIDAD.

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Uno de los elementos escénicos utilizados durante la obra acompaña la representación de los relatos de Salazar Herrera. El diseño escenográfico y de vestuario estuvo a cargo de Dedé Coseani, quien trabajó con materiales orgánicos y recursos disponibles en la UCR para construir el universo visual de la puesta en escena. (Foto: Karina Díaz)

Uno de los relatos que exigió mayor cuidado fue “El mestizo”, debido a que presenta un femicidio desde la perspectiva del agresor. Cordero explicó que el elenco asumió la responsabilidad de representar esta problemática sin convertirla en espectáculo ni justificar la violencia. “Por lo que, desde el principio, tuvimos muy clara la responsabilidad social que conlleva hablar del tema y representarlo de manera adecuada: sin caer en el morbo; sin responsabilizar a la víctima, ni excusar al agresor; y, esencialmente, sin trivializar la violencia de género que viven muchísimas mujeres día con día”, afirmó.

A pesar de la distancia temporal de los relatos, la violencia, la traición y los roles de género permiten que el público encuentre puntos de conexión con el presente. Esa cercanía también apareció en las reacciones posteriores a las funciones de la primera temporada, cuando algunas personas se acercaron al elenco para contar que la obra les permitió conocer los cuentos de Salazar Herrera.

La respuesta del público fue precisamente una de las razones para el regreso de la obra. Alzate explicó que la primera temporada permitió comprobar que el montaje podía conectar con personas de distintas edades y que los foros posteriores a las funciones generaron conversaciones sobre la vigencia de los relatos y sobre los cambios que ha experimentado la sociedad costarricense.

Para Cordero, el propósito de la obra va más allá de presentar nuevamente textos de la literatura nacional. La actriz espera que las historias permitan reconocer la capacidad de los personajes para enfrentar las dificultades y, al mismo tiempo, provoquen una reacción en quienes ocupen las butacas. “En general, creo que si la obra logra hacer que la gente reflexione sobre las situaciones presentadas o si, simplemente, les logra sacar una lágrima o una sonrisa, ha cumplido su objetivo”, concluyó Geisel Cordero Cambronero, integrante del elenco y estudiante de Enseñanza de los Estudios Sociales y Educación Cívica.

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