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Mónica Palm
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DEIDAD. Hay diputados que se conducen con un grado casi criminal de premeditación y alevosía. Benicio Robinson, que tiene ocho períodos como diputado de la Asamblea (el actual termina en 2029), advirtió que, si no ha sido presidente —de la Asamblea y del país—, ha sido porque “lo he decidido yo”, aunque anunció que eso cambiará “algún día”. Solo eso faltaba: que crea que pesa más su voluntad que el voto expresado en las urnas. Ya piensa que es una divinidad a la que hay que adorar, prenderle una vela y rendirle culto. Y no es que la Asamblea sea precisamente un templo.
FETIDEZ. La pestilencia no se aguanta por algunas estancias del Legislativo, literalmente. Ayer, la diputada Yamireliz Chong contó que el baño de damas no tiene luz eléctrica ni papel higiénico. Si no hay plata para atender estas necesidades, ¿en qué se gastan los $146.2 millones del presupuesto que se les ha asignado para este año?
PARRANDA. A propósito del presupuesto, la diputada presidenta, Shirley Castañedas, aseguró que los festejos del pasado martes le costaron “0.0” a la Asamblea. Había una cuenta de $200, que ella pagó de su bolsillo. Ningún artista toca en vivo —y había varios, no solo la orquesta del SPI— y ningún proveedor sirve boquitas para tanta gente por $200. Raro, raro…
¡FUERA! Otro renglón que “no genera gastos” en el presupuesto de la Asamblea —según Shirley— son las oficinas VIP. Señaló que las mismas son utilizadas por aquellos diputados “que tienen más personal que otros”. La mayoría de estas estancias están ocupadas por Benicio y Pineda. Si casi no van por la Asamblea ni presentan iniciativas legislativas —por lo menos, no que sirvan—, ¿para qué requieren tanto personal u oficinas?
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FETIDEZ. La pestilencia no se aguanta por algunas estancias del Legislativo, literalmente. Ayer, la diputada Yamireliz Chong contó que el baño de damas no tiene luz eléctrica ni papel higiénico. Si no hay plata para atender estas necesidades, ¿en qué se gastan los $146.2 millones del presupuesto que se les ha asignado para este año?
PARRANDA. A propósito del presupuesto, la diputada presidenta, Shirley Castañedas, aseguró que los festejos del pasado martes le costaron “0.0” a la Asamblea. Había una cuenta de $200, que ella pagó de su bolsillo. Ningún artista toca en vivo —y había varios, no solo la orquesta del SPI— y ningún proveedor sirve boquitas para tanta gente por $200. Raro, raro…
¡FUERA! Otro renglón que “no genera gastos” en el presupuesto de la Asamblea —según Shirley— son las oficinas VIP. Señaló que las mismas son utilizadas por aquellos diputados “que tienen más personal que otros”. La mayoría de estas estancias están ocupadas por Benicio y Pineda. Si casi no van por la Asamblea ni presentan iniciativas legislativas —por lo menos, no que sirvan—, ¿para qué requieren tanto personal u oficinas?
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