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Pablo Deheza
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El sector turístico boliviano proyecta una recuperación gradual para la temporada de fin de año, impulsada por la mayor disponibilidad de combustibles y un «mejor ánimo» en la población, según explicó Luis Ampuero, presidente de la Cámara Boliviana de Turismo (Cabotur) y gerente general del Hotel Calacoto. Tras dos años críticos marcados por la pandemia y la crisis económica, que redujeron drásticamente la llegada de visitantes extranjeros, el sector deposita esperanzas en reformas estructurales y en la gestión del nuevo gobierno.
«Yo creo que hay un mejor ánimo de toda la población, mayor disponibilidad de viajar, un poco menos de incertidumbre», señaló Ampuero al referirse a las perspectivas para los próximos meses. El directivo destacó que «el hecho de que ahora haya gasolina prácticamente sin colas permite que las familias puedan viajar a los destinos turísticos». Esto facilita el desplazamiento hacia las diferentes ciudades del país y las provincias tradicionalmente favorecidas durante las vacaciones de verano.
Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) evidencian la magnitud del desafío que enfrenta el sector. Si bien entre 2008 y 2019 la llegada de viajeros extranjeros creció sostenidamente —alcanzando un pico de 1.475.902 personas en 2019—, la pandemia redujo dramáticamente estos números a apenas 376.980 visitantes en 2020 y 217.358 en 2021. Aunque en 2022 hubo señales de recuperación con 895.509 llegadas, las cifras de 2023 y 2024 (1.477.039 y 1.405.972 respectivamente) muestran una recuperación aún incompleta. Los datos preliminares a septiembre de 2025 registran 1.171.042 visitantes, sugiriendo que el año cerrará por debajo del nivel prepandemia.
Para la temporada de fin de año, el Hotel Calacoto ha preparado su tradicional paquete de ofertas. «Tenemos fiestas de fin de año, miembros de club vacacional, programas, promociones, descuentos y paquetes corporativos para estadías de familias. Lo habitual por la época», explicó Ampuero, quien reconoció que se trata de estrategias convencionales ante la falta de cambios estructurales en el sector.
El directivo considera que «la época es buena, generalmente hablando, es una buena época para el turismo y la hotelería», respaldada por las vacaciones de verano y las festividades navideñas. Sin embargo, advirtió que el incremento esperado será principalmente de turismo interno, ya que el turismo receptivo internacional aún enfrenta múltiples obstáculos.
Uno de los aspectos más destacados de la entrevista fue la confianza que el sector deposita en la nueva gestión del Ejecutivo nacional. «Nosotros confiamos plenamente en la gestión del presidente Rodrigo Paz, de la ministra Cinthya Yáñez, en que se tomen las medidas apropiadas», afirmó Ampuero.
Cabotur ha iniciado conversaciones con las nuevas autoridades y presentado propuestas concretas. Las expectativas del sector se centran en cinco áreas prioritarias: «conectividad aérea, facilitación migratoria, promoción internacional, seguridad y, por último, incentivos de fomento a la inversión, al mejoramiento de la infraestructura turística y hotelera particularmente», enumeró Ampuero.
«A diferencia de lo que pasaba en meses pasados con el anterior gobierno, en el que prácticamente nosotros ya nos habíamos resignado a que no habría ningún cambio sustantivo, sí tenemos muchas expectativas de lo que va a pasar en los próximos meses», aseveró.
Entre las reformas estructurales pendientes, Ampuero mencionó «la implementación de la política de cielos abiertos, la llegada de nuevas líneas aéreas internacionales» y la eventual eliminación de visas para turistas norteamericanos, «que son gente de mayor gasto». Sin embargo, reconoció que estas medidas «están en proceso de concreción, no se han dado todavía».
Quizás el punto más sensible abordado por Ampuero fue el impacto de la crisis cambiaria en el sector hotelero. «Se nos congelaron los dólares en los bancos», lamentó el empresario, explicando que «prácticamente dejamos de tener uso de la banca».
La situación ha obligado al sector a buscar alternativas poco convencionales. «Tenemos que recurrir a los USDT, a las billeteras digitales. Es grave cuando no podemos contar con la banca», señaló Ampuero. El dirigente detalló que los hoteleros han tenido que implementar diversas estrategias: «unos lo hicieron a través de abrir cuentas internacionales, otros lo han resuelto con parientes o viajes personales».
El problema se manifiesta con una dolorosa paradoja en el caso boliviano. «Estamos amarrados con el cambio oficial que limita. Nos hemos vuelto un país extremadamente barato», explicó. Sin embargo, esta aparente ventaja no se traduce en mayor turismo debido a que «los problemas de conectividad, los problemas de tanta dificultad migratoria y la falta de promoción» mantienen limitado el flujo de visitantes internacionales.
Con una mezcla de cautela y optimismo, el sector turístico boliviano encara el cierre de 2025. La apuesta es que las reformas prometidas y la normalización económica permitan finalmente recuperar los niveles de turismo receptivo alcanzados antes de la pandemia.
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«Yo creo que hay un mejor ánimo de toda la población, mayor disponibilidad de viajar, un poco menos de incertidumbre», señaló Ampuero al referirse a las perspectivas para los próximos meses. El directivo destacó que «el hecho de que ahora haya gasolina prácticamente sin colas permite que las familias puedan viajar a los destinos turísticos». Esto facilita el desplazamiento hacia las diferentes ciudades del país y las provincias tradicionalmente favorecidas durante las vacaciones de verano.
Las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) evidencian la magnitud del desafío que enfrenta el sector. Si bien entre 2008 y 2019 la llegada de viajeros extranjeros creció sostenidamente —alcanzando un pico de 1.475.902 personas en 2019—, la pandemia redujo dramáticamente estos números a apenas 376.980 visitantes en 2020 y 217.358 en 2021. Aunque en 2022 hubo señales de recuperación con 895.509 llegadas, las cifras de 2023 y 2024 (1.477.039 y 1.405.972 respectivamente) muestran una recuperación aún incompleta. Los datos preliminares a septiembre de 2025 registran 1.171.042 visitantes, sugiriendo que el año cerrará por debajo del nivel prepandemia.
Oferta hotelera
Para la temporada de fin de año, el Hotel Calacoto ha preparado su tradicional paquete de ofertas. «Tenemos fiestas de fin de año, miembros de club vacacional, programas, promociones, descuentos y paquetes corporativos para estadías de familias. Lo habitual por la época», explicó Ampuero, quien reconoció que se trata de estrategias convencionales ante la falta de cambios estructurales en el sector.
El directivo considera que «la época es buena, generalmente hablando, es una buena época para el turismo y la hotelería», respaldada por las vacaciones de verano y las festividades navideñas. Sin embargo, advirtió que el incremento esperado será principalmente de turismo interno, ya que el turismo receptivo internacional aún enfrenta múltiples obstáculos.
Expectativas
Uno de los aspectos más destacados de la entrevista fue la confianza que el sector deposita en la nueva gestión del Ejecutivo nacional. «Nosotros confiamos plenamente en la gestión del presidente Rodrigo Paz, de la ministra Cinthya Yáñez, en que se tomen las medidas apropiadas», afirmó Ampuero.
Cabotur ha iniciado conversaciones con las nuevas autoridades y presentado propuestas concretas. Las expectativas del sector se centran en cinco áreas prioritarias: «conectividad aérea, facilitación migratoria, promoción internacional, seguridad y, por último, incentivos de fomento a la inversión, al mejoramiento de la infraestructura turística y hotelera particularmente», enumeró Ampuero.
«A diferencia de lo que pasaba en meses pasados con el anterior gobierno, en el que prácticamente nosotros ya nos habíamos resignado a que no habría ningún cambio sustantivo, sí tenemos muchas expectativas de lo que va a pasar en los próximos meses», aseveró.
Entre las reformas estructurales pendientes, Ampuero mencionó «la implementación de la política de cielos abiertos, la llegada de nuevas líneas aéreas internacionales» y la eventual eliminación de visas para turistas norteamericanos, «que son gente de mayor gasto». Sin embargo, reconoció que estas medidas «están en proceso de concreción, no se han dado todavía».
Escasez de dólares
Quizás el punto más sensible abordado por Ampuero fue el impacto de la crisis cambiaria en el sector hotelero. «Se nos congelaron los dólares en los bancos», lamentó el empresario, explicando que «prácticamente dejamos de tener uso de la banca».
La situación ha obligado al sector a buscar alternativas poco convencionales. «Tenemos que recurrir a los USDT, a las billeteras digitales. Es grave cuando no podemos contar con la banca», señaló Ampuero. El dirigente detalló que los hoteleros han tenido que implementar diversas estrategias: «unos lo hicieron a través de abrir cuentas internacionales, otros lo han resuelto con parientes o viajes personales».
El problema se manifiesta con una dolorosa paradoja en el caso boliviano. «Estamos amarrados con el cambio oficial que limita. Nos hemos vuelto un país extremadamente barato», explicó. Sin embargo, esta aparente ventaja no se traduce en mayor turismo debido a que «los problemas de conectividad, los problemas de tanta dificultad migratoria y la falta de promoción» mantienen limitado el flujo de visitantes internacionales.
Con una mezcla de cautela y optimismo, el sector turístico boliviano encara el cierre de 2025. La apuesta es que las reformas prometidas y la normalización económica permitan finalmente recuperar los niveles de turismo receptivo alcanzados antes de la pandemia.
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