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Fabiola Pomareda García
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La Sala Constitucional ordenó a la Secretaría Técnica Nacional Ambiental (Setena) fiscalizar que no se produzcan daños ambientales al ecosistema del río Arío, en la Península de Nicoya, mientras se resuelve un recurso de amparo presentado contra la Setena por haber dado permiso para extraer arena y otros materiales en dicho cauce.
En julio de 2023, la Setena otorgó la viabilidad ambiental a un proyecto de extracción de arena y otros materiales en este río, ubicado en Cóbano, sin tomar en cuenta su bajo caudal ante la creciente presión sobre el recurso hídrico por la sequía ni la presencia de especies como nutrias, camarones y peces, planteó un recurso de amparo.
Desde el 12 de noviembre de 2025, el abogado especialista en Derecho Ambiental Álvaro Sagot presentó ante la Setena una solicitud de nulidad de la licencia ambiental por considerarla contraria al derecho a un ambiente y clima sano y por presentar omisiones graves en la evaluación de impacto ambiental.
Sin embargo, esta fue rechazada por lo que el 11 de julio de este año el vecino de Cóbano Roberto de la Ossa presentó un recurso de amparo contra la Setena, acompañado por Sagot en el proceso legal y respaldado por vecinos de la zona, la Alianza Comunitaria para el Ordenamiento Territorial (ACOT) y el Covirena Cabo Blanco–Arío.
Según el recurso, que se tramita bajo el expediente 26-024877-0007-CO, cuando se hicieron las inspecciones y labores de muestreo en el área del proyecto -previo al otorgamiento de la licencia ambiental-, se constató la presencia de diversas especies asociadas al ecosistema fluvial, entre ellas la nutria (Lontra longicaudis), camarones dulceacuícolas y peces Chupapiedras (Sicydium salvini). También se observó un fenómeno migratorio de ejemplares juveniles de camarones y peces que se desplazaban aguas arriba para asentarse y desarrollarse.
El recurso alegó que “el bajo caudal del río y la eventual incorporación de sedimentos y otros materiales derivados de las actividades extractivas podrían generar afectaciones ambientales de carácter irreversible” en estas especies y el ecosistema, por lo que no debió haberse permitido esta actividad extractiva en dicho río.
El pasado 11 de agosto, la Sala Constitucional ordenó a la Setena fiscalizar los posibles daños ambientales en el cauce del río y su biodiversidad, mientras resuelve dicho recurso.
El recurso de amparo también cuestionó el proceso de evaluación de impacto ambiental y afirmó que la participación ciudadana habría sido insuficiente, pues el estudio social se sustentó en la entrevista o reunión con una sola persona.
En el río Ario viven especies como la nutria (Lontra longicaudis), camarones dulceacuícolas y peces Chupapiedras (Sicydium salvini). (Foto: Roberto de la Ossa)
Río importante para la seguridad hídrica
El río Arío es un ecosistema de alta importancia ecológica y está en una zona particularmente vulnerable por la creciente presión sobre el recurso hídrico.
Se ubica aproximadamente a 240 metros del Refugio Nacional de Vida Silvestre Caleta-Arío, forma parte del Corredor Biológico Peninsular y tiene una estrecha relación ecológica con ecosistemas de manglar, estuarios y ambientes marino-costeros, describió el Programa Kioscos Socioambientales de la Universidad de Costa Rica (UCR) en un comunicado.
Las organizaciones comunitarias advirtieron que la cuenca tiene una importancia estratégica para la seguridad hídrica de la Península de Nicoya, ya que el río y su entorno se relacionan con zonas de captación y campos de pozos utilizados para el abastecimiento de agua potable de comunidades y actividades turísticas de la zona.
Entre las localidades que dependen de este sistema hídrico se encuentran Malpaís, Santa Teresa, Playa Hermosa y Manzanillo, en una región que enfrenta crecientes presiones por la sequía, el aumento de la demanda de agua y los efectos del cambio climático, subrayó Kioscos.
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