Sí a la democracia como forma de gobierno y convivencia social

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Laura Martínez Quesada

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Les comparto este párrafo de Winston Churchill, escrito hace más de 60 años, y que
hoy, en un contexto político costarricense convulsionado, recomiendo
respetuosamente:

«Se han probado muchas formas de gobierno, y se probarán en este mundo de pecado
y de aflicción. Nadie pretende que la democracia sea perfecta o omnisciente. En
efecto, se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas
aquellas otras formas que se han ensayado de vez en cuando…»

Son muchas las falencias, los desaciertos y hasta los abusos que, amparados en
nuestro sistema democrático, hemos constatado. Pero también abundan los aciertos y
las oportunidades. Nuestra historia registra ejemplos en los que, bajo una misma
bandera, optamos por el bien común, el diálogo y el respeto al pluralismo, sin sacrificar
la libertad ni menoscabar nuestros derechos y responsabilidades constitucionales.

Hoy reconocemos que las decisiones de las mayorías —aunque a veces sean contrarias
a nuestras voluntades— se aceptan. Pactamos confianza en las instituciones: los
resultados de las elecciones, los referendos y las sentencias judiciales se aceptan; y
cuando hay duda, se apelan, se revisan y finalmente se respetan.

Si hubiéramos optado por otra forma de gobierno, difícilmente este país estaría mejor.
Basta mirar la región para constatar que aún conservamos singularidades reconocidas
internacionalmente en índices socioeconómicos, educativos, de salud, políticos,
turísticos y ambientales.

Hay que repensar nuestra democracia, sin duda. Sobre todo porque muchos aún no
han logrado probar los frutos dulces de su cosecha. Pero eso no se logra minando sus
bases, dinamitando puentes, con amenazas o posiciones instigadoras, ni desde la
violencia política y mediática. Y nunca será legítimo si solo se escuda en mensajes
enlatados de redes sociales —muchos de pago—, cargados de morbo y pobres en
veracidad.

El llamado de hoy debe ser de mayor altura. Les corresponde, en primer lugar, a los
liderazgos políticos nacionales: provocar acercamientos críticos y sinceros, pero dentro
de las reglas del sistema, no desde el sabotaje ni la doble intención disfrazada de
“resguardo del equilibrio de poderes”.

A la ciudadanía nos corresponde el reto mayor: separar la paja del trigo. No es tarea
sencilla entre tanto ruido. No pocas mentiras se presentan como dogmas y muchas
verdades se exhiben como mentiras. Personas sin formación y muchas otras

anteponiendo solo sus intereses, sentencian como jueces, aconsejan, recetan,
diagnostican y juzgan el pasado más con morbo que con objetividad.

No es que no se pueda opinar, todo lo contrario, la democracia se nutre de la
pluralidad y la celebra: lo preocupante es hacerlo desde el desmérito, la humillación y
la simplicidad.

Abramos los ojos con mirada crítica, reflexiva y profunda. Revisemos fuentes,
interroguemos la realidad con más “malicia indígena”. Escuchemos con serenidad,
humildad, empatía y solidaridad. Actuemos con prudencia, sin menoscabar la
integridad del otro, con ética e incluso con compasión.

No son pocos mis familiares, amigos y conocidos que en los últimos años han
depositado una confianza casi ciega en el liderazgo del señor Rodrigo Chaves y su
grupo, radicalizando sus posturas. No por eso dejo de considerarlos cercanos. Nunca
estaré dispuesto a construir desde el odio, el irrespeto o la bravuconada. Siempre haré
lo imposible por provocar encuentros y tender puentes.

Porque creo que la democracia en nuestro país se viene erosionando a golpe de
tambor, y porque sí creo que “ la democracia como forma de gobierno y convivencia
social no es perfecta, pero la prefiero por encima de cualquier otra”, asistiré este
jueves en la tarde a la Plaza de La Democracia.

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