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Leah Murdoch
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Leah Murdoch
En la Unidad 10 del parque arqueológico de Rumipamba, los arqueólogos retomaron en 2023 unas excavaciones que habían quedado suspendidas desde el año 2000. Lo que quedo como un terreno olvidado comenzó a revelar secretos que hablan de sociedades antiguas y de sus rituales de muerte.
La mayoría de las tumbas antiguas halladas son de pozo poco profundo, pero en 2026 apareció una de mayor profundidad. Su interior estaba cubierto con pómez del Volcán Pichincha, cenizas que los antiguos usaron para sellar la tumba. Allí descansaban restos humanos y animales, acompañados de cerámica y lítica.
Entre los objetos destaca una compotera con pintura negativa, pieza que se asocia directamente con los rituales funerarios. Junto a ella, se encontró una vasija en forma de zapato, propia de la cultura Karanqui, y un cuenco con antiplásticos, vinculado a la cultura Yumbo. Cada hallazgo es una ventana a las tradiciones de pueblos que habitaron estas tierras.
Un arqueólogo limpia cuidadosamente las vasijas descubiertas • Foto: Leah Murdoch / EL COMERCIO
En Rumipamba se han identificado unidades domésticas y evidencias del periodo de integración, cuando los Chaupicrus o fase Quito vivían en aldeas agrícolas, con talleres y áreas de enterramiento separados.
La importancia de Rumipamba no es casual. Su ubicación, con sedimentos fértiles y el control de campos de cultivo cerca de los pasos de montaña, convirtió este espacio en un punto estratégico para sociedades que dependían de la tierra.
El arqueólogo Andrés Mosquera, del IMP, lidera las investigaciones que hoy retoman y amplían las excavaciones. Los hallazgos incluyen también enterramientos secundarios y rituales complejos que se desarrollaban en varias etapas.
“Nosotros como arqueólogos sabíamos de la importancia de los hallazgos que se vieron hace 20 años y por eso propusimos nuevos proyectos”, afirma Mosquera, subrayando la necesidad de volver sobre un terreno que aún guarda secretos bajo la tierra.
Las tumbas encontradas en el Parque Arqueológico Rumipamba • Foto: Leah Murdoch / EL COMERCIO
Y cuando parecía que la tierra ya había contado suficiente, apareció la cifra que da dimensión al hallazgo: seis tumbas en total. Cada entierro, cada objeto y cada fragmento de ceniza es parte de un relato que conecta el presente con un pasado que nunca desapareció del todo.
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En la Unidad 10 del parque arqueológico de Rumipamba, los arqueólogos retomaron en 2023 unas excavaciones que habían quedado suspendidas desde el año 2000. Lo que quedo como un terreno olvidado comenzó a revelar secretos que hablan de sociedades antiguas y de sus rituales de muerte.
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Descubrimientos sorprendentes en las excavaciones
La mayoría de las tumbas antiguas halladas son de pozo poco profundo, pero en 2026 apareció una de mayor profundidad. Su interior estaba cubierto con pómez del Volcán Pichincha, cenizas que los antiguos usaron para sellar la tumba. Allí descansaban restos humanos y animales, acompañados de cerámica y lítica.
Entre los objetos destaca una compotera con pintura negativa, pieza que se asocia directamente con los rituales funerarios. Junto a ella, se encontró una vasija en forma de zapato, propia de la cultura Karanqui, y un cuenco con antiplásticos, vinculado a la cultura Yumbo. Cada hallazgo es una ventana a las tradiciones de pueblos que habitaron estas tierras.
Un arqueólogo limpia cuidadosamente las vasijas descubiertas • Foto: Leah Murdoch / EL COMERCIO
La importancia estratégica de Rumipamba
En Rumipamba se han identificado unidades domésticas y evidencias del periodo de integración, cuando los Chaupicrus o fase Quito vivían en aldeas agrícolas, con talleres y áreas de enterramiento separados.
La importancia de Rumipamba no es casual. Su ubicación, con sedimentos fértiles y el control de campos de cultivo cerca de los pasos de montaña, convirtió este espacio en un punto estratégico para sociedades que dependían de la tierra.
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Nuevos proyectos bajo la dirección del arqueólogo Andrés Mosquera
El arqueólogo Andrés Mosquera, del IMP, lidera las investigaciones que hoy retoman y amplían las excavaciones. Los hallazgos incluyen también enterramientos secundarios y rituales complejos que se desarrollaban en varias etapas.
“Nosotros como arqueólogos sabíamos de la importancia de los hallazgos que se vieron hace 20 años y por eso propusimos nuevos proyectos”, afirma Mosquera, subrayando la necesidad de volver sobre un terreno que aún guarda secretos bajo la tierra.
Las tumbas encontradas en el Parque Arqueológico Rumipamba • Foto: Leah Murdoch / EL COMERCIO
Un relato que conecta el presente con el pasado
Y cuando parecía que la tierra ya había contado suficiente, apareció la cifra que da dimensión al hallazgo: seis tumbas en total. Cada entierro, cada objeto y cada fragmento de ceniza es parte de un relato que conecta el presente con un pasado que nunca desapareció del todo.
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