L
Lolo Echeverría
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En la rendición de cuentas de la Asamblea Nacional no hizo falta filosofía ni literatura, bastó la aritmética: 22 leyes aprobadas, 11 enviadas por el ejecutivo, 2 proyectos de iniciativa legislativa, 9 sacados del archivo. 7 juicios políticos solicitados, 2 juicios tramitados. Solo 17% de la agenda cumplida, según el Observatorio Parlamentario.
La Asamblea Nacional no llenó las expectativas ni en legislación ni en fiscalización. Se limitó a convertir en leyes los proyectos del Ejecutivo, algunos de ellos no pasaron el control de la Corte Constitucional. El equilibrio entre oposición y sumisión, entre independencia y disciplina partidista, es difícil con políticos oportunistas.
La tarea fiscalizadora es indispensable para la democracia, evita los excesos del poder y reduce la corrupción. Malentendida la fiscalización se utiliza para proteger a los corruptos afines a la mayoría y amenazar a los opositores. El primer año de esta Asamblea ha sido inútil, ha permitido abusos de poder en el Ejecutivo y ha tapado actos de corrupción.
Contar con mayoría en la Asamblea Nacional es un éxito político si permite aprobar leyes, evitar inestabilidad política y descubrir líderes para próximas elecciones. El gobierno ha gozado de tranquilidad porque la oposición no sabe qué hacer ni fuera ni dentro de la Asamblea. Una oposición inútil también degrada la democracia.
Este período legislativo no ha exhibido escandalosos diezmeros, la filosofía de Cerda, los amigos de los narcos, pero ha tenido presuntos testaferros que declaran patrimonios modestos y compran empresas por millones sin que se inmute la Contraloría. No han faltado las frases célebres que antes daban a sus autores el título de “tonto solemne”.
Para desgracia del gobierno las figuras que hubieran podido convertirse en promesas políticas, no han podido foguearse en una Asamblea mansa con el gobierno enfrentando a una mansa oposición. Levantar la mano o aplastar un botón para votar no descubre líderes.
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La Asamblea Nacional no llenó las expectativas ni en legislación ni en fiscalización. Se limitó a convertir en leyes los proyectos del Ejecutivo, algunos de ellos no pasaron el control de la Corte Constitucional. El equilibrio entre oposición y sumisión, entre independencia y disciplina partidista, es difícil con políticos oportunistas.
La tarea fiscalizadora es indispensable para la democracia, evita los excesos del poder y reduce la corrupción. Malentendida la fiscalización se utiliza para proteger a los corruptos afines a la mayoría y amenazar a los opositores. El primer año de esta Asamblea ha sido inútil, ha permitido abusos de poder en el Ejecutivo y ha tapado actos de corrupción.
Contar con mayoría en la Asamblea Nacional es un éxito político si permite aprobar leyes, evitar inestabilidad política y descubrir líderes para próximas elecciones. El gobierno ha gozado de tranquilidad porque la oposición no sabe qué hacer ni fuera ni dentro de la Asamblea. Una oposición inútil también degrada la democracia.
Este período legislativo no ha exhibido escandalosos diezmeros, la filosofía de Cerda, los amigos de los narcos, pero ha tenido presuntos testaferros que declaran patrimonios modestos y compran empresas por millones sin que se inmute la Contraloría. No han faltado las frases célebres que antes daban a sus autores el título de “tonto solemne”.
Para desgracia del gobierno las figuras que hubieran podido convertirse en promesas políticas, no han podido foguearse en una Asamblea mansa con el gobierno enfrentando a una mansa oposición. Levantar la mano o aplastar un botón para votar no descubre líderes.
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