PRD: el genio que salió de la botella y no quiso volver

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Jaime Cheng Peñalba

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Tengo entendido, y de acuerdo con mis lecturas específicas sobre el torrijismo, que Omar Torrijos Herrera, junto con otras figuras políticas de la década de 1970, decidió la creación del PRD como una alternativa política e ideológica a los partidos tradicionales de entonces, a los que el propio Torrijos señalaba como los partidos de la oligarquía.

Torrijos diseñó para los nuevos líderes populares del PRD toda una filosofía basada en el contacto directo y permanente con el pueblo.

De hecho, la creación de la Asamblea de Representantes de Corregimiento estaba fundamentada en esa filosofía de contacto con la comunidad (organización-pueblo-gobierno).

Existen muchas anécdotas de Torrijos llegando a comunidades y compartiendo la vida cotidiana de esos lugares.

Existen, además, una especie de leyendas según las cuales Torrijos llegaba con “maletines de dinero” para solucionar los problemas más apremiantes de lugares distantes.

Sin embargo, con la muerte de Torrijos, en 1981, murió también su ambición de convertirse en un dirigente escogido por el voto mayoritario.

El PRD se alineó con los nuevos líderes militares y se transformó, coyunturalmente, en el brazo político de los cuarteles.

Aunque la imagen de Torrijos siempre fue empleada como una especie de guía espiritual, nunca dejó de ser eso: “solo una imagen” pegada en las paredes de los centros políticos para dar una “luz” o sendero a sus futuros líderes.

No pasó mucho tiempo antes de que el PRD se convirtiera en lo que Torrijos jamás imaginó que ocurriría.

El discurso de “barricada” de sus aspirantes a cargos públicos era solo eso: un discurso demagógico más.

Lo que tanto se rechazó del clientelismo —“dar para recibir el voto”— también fue una práctica empleada con frecuencia.

Si quiere verse en qué se ha convertido el PRD hoy, basta con observar la actuación de sus diputados en la Asamblea Nacional, que quieren jugar a la oposición, pero apoyan al gobierno cuando les ofrecen algo.

El juega vivo para condicionar el voto, más que por principios, se ha convertido en otra práctica del PRD.

Recientemente, su secretaria general, que se saltó el principio del “relevo generacional”, realiza giras por distintos puntos del país para darles ánimo a los “viejos cuadros torrijistas”.

Hace una parada en una casa donde Omar Torrijos solía tomar café o acostarse en una hamaca y trata de hacer política reviviendo, quizá, lo único que podría darle esperanza a un partido inmerso en un acelerado proceso de descomposición.

Pero el discurso de oposición de Balbina Herrera ni siquiera es cónsono con la actuación de sus compañeros diputados y de varias figuras que prefirieron la comodidad antes que la comunidad.

El genio que salió de la botella para cumplir los deseos de los nuevos “torrijistas” ya cumplió todas sus peticiones, ligadas al clientelismo y a la manipulación que lo acompaña. Ya probó lo dulce del poder y es casi imposible hacer que vuelva a su lugar de origen.

El autor es sociólogo y docente.

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