Pedagogía de la comprensión

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Fausto Segovia Baus

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El sistema de evaluación “Aprendo”, en la década de los noventa, constituye la línea base del mejoramiento de la calidad de la educación en el Ecuador. Allí –luego de destaparse las cifras ocultas por un tiempo– se conocieron las graves deficiencias del sistema educativo del país, en dos áreas del conocimiento: Lenguaje y Matemática.

Realidad​


Los resultados fueron lamentables: el Ecuador perdió el año en Lenguaje y Matemáticas. ¿Las causas? Los especialistas nacionales y extranjeros identificaron: las deficiencias en la enseñanza y aprendizaje de la lecto-escritura, desde los primeros años de escolaridad, asociada a la memorización, a veces mecánica de este proceso; la falta de compresión lectora, como resultado de lo anterior (el 50% de la población estudiantil consultada, aproximadamente, no entendía lo que leía); conflictos serios en lo que a la meta cognición se refiere: bajos niveles de rendimiento académico; y, sobre todo, falta de competencias para resolver problemas.

La estrategia de mejoramiento de la calidad de la educación inicial y básica enfrentó serios desafíos. La reforma curricular consensuada fue el inicio de este cambio, que comenzó en el gobierno de Sixto Durán Ballén y continuó en los otros gobiernos, hasta completar las dos primeras décadas del siglo XXI, con una reforma integral del sistema, nueva ley de educación, que incorporó la educación inicial y la educación básica obligatoria, la reforma del bachillerato y el establecimiento de un sistema de evaluación dirigido por el Instituto Nacional de Evaluación (INEVAL). A lo anterior se unió una alta inversión en edificios y equipamiento: las Escuelas del Milenio.

Hubo aumento de partidas, ampliación de la cobertura escolar –que llegó al 96%–, pero se descuidó la parte cualitativa –la calidad–, que si bien mejoró algo con nuevos estándares y mediciones, no logró cambios significativos, como demostraron las Pruebas PISA-D, que se aplicaron en 2018 en el Ecuador. Se repitió entonces el drama y los desafíos asociados a la calidad.

Enseñar a pensar​


Uno de los temas recurrentes de la política educativa ecuatoriana es enseñar a pensar, como estrategia para mejorar con calidad y equidad. Este propósito es de mediano y largo plazo, y no hay otra alternativa que medir a través de estrategias concomitantes como la formación inicial y continua de los docentes, la investigación científica –en especial de las Neurociencias aplicadas a la educación y la didáctica– y los modelos de evaluación. Se han realizado esfuerzos, pero hay mucho que profundizar, sobre todo con el concurso de las universidades y sus facultades de Ciencias de la Educación.

Uno de los primeros pasos tiene relación con la selección y la formación de los docentes, bajo nuevos paradigmas y sistemas. Porque el país necesita un proyecto nacional de educación, que contemple una nueva política de Estado anclada a la economía, el ambiente, la cultura –la diversidad y la interculturalidad–, las tecnologías, los derechos humanos y la defensa de la vida.

El nuevo pensamiento educativo debe ser el resultado de un verdadero “Think Tank” o “Tanque de Pensamiento”, laboratorio de ideas, investigación, gabinete estratégico o centro de pensamiento o reflexión con un grupo de expertos de naturaleza investigadora, de carácter interdisciplinar, cuya función debe ser la reflexión intelectual sobre el cambio educativo que necesita el Ecuador.

Pedagogía y pensamiento crítico​


Si a nivel macro y meso son necesarios los cambios, en lo micro, es decir, en las aulas, está la verdadera revolución educativa. En este contexto hay que revisar el papel de los docentes y su formación, para desarrollar metodologías y didácticas, sobre la base de desarrollos cognitivos fundamentados en la investigación.

El objetivo central sería promover experiencias de aprendizaje y de pensamiento crítico en las aulas, que tengan utilidad en la vida del futuro y sirvan como conexiones para favorecer opciones de alto alcance en la vida real de los alumnos.

Rutinas de pensamiento​


¿Un Proyecto Zero para la educación ecuatoriana? ¿Por qué no? Como sabemos, David Perkins fundó, junto a Howard Gardner, en la Escuela de Educación de la Universidad de Harvard, el Project Zero. Una de las líneas de investigación asumidas corresponde a las denominadas “Rutinas de Pensamiento” (2008).

La idea básica es promover el pensamiento crítico en los estudiantes a través de estrategias cognitivas, que consisten en preguntas y afirmaciones abiertas. A continuación, algunos ejemplos del Proyecto Zero, de Harvard:

—¿Qué te hace decir eso? (Rutina para interpretar y justificar).

– Pensar-cuestionar-explorar (Rutina para profundizar y cuestionar).

– Pensar-juntarse-compartir (Rutina para razonar y explicar).

– Círculos de puntos de vista (Rutina para explorar distintas perspectivas).

– Solía pensar – ahora pienso (Rutina para reflexionar sobre ¿cómo? y ¿por qué? nuestro pensamiento ha cambiado).

– Ver-pensar-preguntar (Rutina para explorar estímulos visuales).

A partir de este tipo de estrategias y rutinas de pensamiento, se orienta a los docentes a replantearse su trabajo desde la pedagogía para la comprensión.

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