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Ana Beatriz Fernández González
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Qué es la libertad y La Libertad: un anhelo, derechos y experiencias concretas. Asimismo, una organización costarricense que provoca alegría, ilusión, asombro y sentido de pertenencia.
De esta forma respondió el director ejecutivo del Parque La Libertad (PLL), Patricio Morera Víquez, a la pregunta abridora de una entrevista que el Semanario UNIVERSIDAD le hizo el viernes 28 de agosto —a las 6 de la tarde—, después de terminar su jornada en el trabajo ubicado entre La Unión de Cartago, y Desamparados y Curridabat de San José.
“La libertad no tiene sentido individualmente y aunque se vive individualmente, se disfruta colectivamente”.
El PLL es un lugar, continuó Morera, “donde siento que las personas sentimos que podemos aportar para ser más libres y para que otras personas se sientan más libres. Eso pasa, por un lado, por encontrar cosas que nos hagan sentido en la vida y nos conecten con un propósito”.
Un propósito o varios que guían al equipo de trabajo del PLL, personas que asumen la responsabilidad de “habilitar para construir”, plantea Morera, con las poblaciones que construyen a su vez con La Libertad, y de las cuales 500 mil visitaron el espacio cultural en 2025.
A continuación, un extracto de la entrevista a Morera, quien además advierte sobre la instrumentalización y el uso abusivo del poder experimentados por la organización en la coyuntura actual.
El Parque La Libertad implementa un sistema de medición e indicadores que anualmente se incorporan en un informe público en la página web. (Foto: PLL)
¿Qué es la libertad para vos y cómo se materializa en el Parque La Libertad?
—La Libertad es alegría, ilusión, asombro y sentido de pertenencia. La libertad no tiene sentido individualmente y aunque se vive individualmente se disfruta colectivamente. Por ende, al ser algo que disfrutás, genera también la responsabilidad de habilitar que se pueda seguir construyendo. Es un lugar donde siento que las personas sentimos que podemos aportar para sentirnos más libres y para que otras personas se sientan más libres. Eso pasa, por un lado, por encontrar cosas que nos hagan sentido en la vida y que nos conecten con un propósito. En una sociedad muy alienada y llena de mandatos de consumo y de apariencia, La Libertad facilita conectar con un propósito, con el tuyo y el de otros, porque vos podés creer que tenés uno, pero conectando con los demás encontrar más propósitos y sentís que sos parte de algo que construís que te beneficia y beneficia a los demás. La Libertad llena a las personas de un sentido de pertenencia muy valioso, en una sociedad contemporánea muy inconexa, vinculada a través de lo digital, pero no de lo humano. La Libertad es un lugar que nos permite conectarnos desde lo humano; además es un lugar hermoso, construido gracias a ese montón de libertades que han coincidido ahí, y que por La Libertad se desprende hacia a otras comunidades. La vida cívica, colectiva está muy maltratada, es un poco “sálvese quien pueda”, y ahí se siente uno en un espacio casi tribal.
De contención.
—De contención, exacto.
Afectiva.
—Afectiva y pragmática, porque también es un lugar donde aprendés y resolvés cosas: la mamá que deja a sus chicos con una discapacidad o con una necesidad de aprendizaje de algo que no logra aprender en la escuela o que tiene una necesidad de cuido, porque ahora tenemos un programa de pequeña infancia, por ejemplo. Al recibirlo desde la gratitud, creo que la gente también, inmediatamente y de una manera muy natural, desarrolla un sentido de corresponsabilidad y de aporte, que sentís con las personas visitantes y con las que forman parte de los cursos formativos. La Libertad no solo resuelve necesidades, sino que legítima la necesidad.
Se han registrado un total de 175 aves que conviven en el hábitat donde se ubica el Parque. Una de ellas, de nombre “tero”, es migrante de la zona austral de Sudamérica. (Foto: PLL)
¿Qué busca la libertad sin mayúsculas y La Libertad con mayúsculas?
—¡Qué buena pregunta! La libertad es un anhelo desde que la humanidad existe. Lo que busca es poner la dignidad de las personas por encima de todo, y la dignidad pasa por diferentes ámbitos: los derechos civiles y políticos; los derechos económicos, sociales y culturales; depende de las circunstancias de cada contexto y de las circunstancias de las personas, de cada lugar, de los grupos, del momento histórico. Por su parte, como proyecto La Libertad ha buscado entender que la dignidad del ser humano pasa por entender cuáles son esas limitaciones para desarrollar plenamente la libertad. No pretendemos ser quien lo resuelve, porque solamente somos un pequeño habilitador pero muy esforzado y bien intencionado. Te diría que aspiramos a ser un habilitador de la dignidad humana.
La libertad y La Libertad es material. ¿Vos sentís los vasos comunicantes de una idea concebida hace unos 20 años que se fue poniendo en práctica? La Libertad es una organización público-privada y me parece que tiene mucha claridad en cómo generar esas interacciones…
—Articulaciones.
Esas articulaciones. ¿Cómo se manifiesta concretamente La Libertad en las poblaciones?
—Es parecido a la educación para la libertad de Pablo Freire: un ser humano puede desarrollar habilidades, actitudes, valores, conocimientos y eso le permite no solamente ganarse la vida, sino también entenderse como sujeto de una sociedad. Eso se materializa en la vida de la gente en cosas muy concretas. Por ejemplo, nosotros estudiamos la currícula del Ministerio de Educación Pública y la utilizamos con el magisterio para trabajar en conjunto, entendiendo también sus necesidades, que forman parte de las necesidades del territorio y capacidades. Trabajamos en conjunto para que esos contenidos puedan llegar mejor a los chicos y las chicas. Tenemos ejemplos de programas que están tecnográficamente medidos y diseñados. La Libertad ayuda a que una persona estudiante pueda entender mejor las ciencias o a que adquiera más amor por la lectura. La necesidad de un chico que quiere estudiar una carrera que sus papás no pueden pagar y que para que la estudie en La Libertad solo tiene que tener ganas. Se conecta mucho con una persona de una soda que está pulseándola para ganarse la vida y en La Libertad encuentra un lugar donde entiende cómo mejorar su estructura de costos para ahorrar más, vender mejor y mercadearse, porque al final de eso comen sus hijos. Tenemos casos superfuertes de personas adultas mayores que llegaron con cuadros de depresión que decían, literalmente, que estaban esperando morirse en la casa y La Libertad les cambió la vida, que están llenos de propósitos y energía.
Gestión ambiental activa un protocolo cuando las aves chocan con las ventanas de los edificios del PLL, accidentes que se registran en una base de datos. (Foto: PLL)
En una entrevista, el ministro de Cultura y Juventud Jorge Rodríguez critica que en un video La Libertad les llama a las poblaciones meta “nuestras comunidades”, lo cual me parece una trampa del lenguaje. ¿Ustedes creen que las comunidades son “de ustedes” o son comunidades con su propia agencia?
—Es un juego de palabras y voy a responder: “cada ladrón juzga por su condición”. Él entiende “nuestras” desde un sentido de apropiación; nosotros, desde un sentido de pertenencia. Esa es la diferencia. Decimos “nuestras” porque nos sentimos parte.
La Libertad tiene programas dirigidos a poblaciones con metas específicas, incluso, medidas en el Plan Nacional de Desarrollo. Hablemos de números: ¿cuánto se invierte y a cuántas personas impacta o alcanza?
—Tenemos un sistema de medición e indicadores que anualmente se incorporan en un informe que está público en nuestra página web. Te doy los datos del año anterior: nos visitaron alrededor de casi 500 mil personas, unas 60 mil personas formaron parte de procesos de capacitación, y de esos 60 mil, alrededor de unas 8 mil lo hicieron en programas prolongados y de más alto impacto. Eso significa programas formativos para el empleo, STEAM, emprendimientos. Hay otros más cortos, como talleres de dos días sobre formalización tributaria o de técnicas de danza. Esto se distribuye —en lo que se conoce en la nomenclatura del desarrollo humano—, en un portafolio de programas y proyectos de educación, empleo, emprendimiento, ambiente, desarrollo personal. Nuestra capacidad ha sido creciente, cuestión que se puede comprobar en nuestro informe de labores de 2025 de más de 100 páginas. Con la misma cantidad de recursos públicos hemos ido haciendo, año a año, cada vez más fondos de otras fuentes y conseguido aliados en especie, pues en muchos casos recibimos servicios profesionales de altísimo valor que no podríamos pagar, que logramos a partir de articulaciones con la academia, el sector privado, con equipos altamente sofisticados de innovación o de tecnología que permiten desarrollar conocimientos muy sofisticados. Para mí es muy importante reconocer que lo bonito que pasa en La Libertad es mérito de un montón de voluntades que coinciden y por eso te decía al principio que es un lugar que ayuda a que la gente conecte con su propósito. Es un panal de abejas de esfuerzos que lo construyen.
Sobre el modelo de gestión (Alianza público-privada para el Desarrollo —APPD—) propuesto para La Libertad, más allá de lo meramente administrativo y funcional, es una forma de consensuar la convivencia política y económica, social. Ese sentido se asemeja al pacto social de la gobernanza en democracia. ¿Una narrativa adversa puede tergiversar su verdadero sentido y funcionamiento?
—El modelo funciona. He trabajado en la empresa privada, organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, en gobiernos locales y el Gobierno nacional. Nunca había sentido que estaba en una plataforma de trabajo tan idónea para generar impacto en la vida de la gente como esta, y esa percepción mía se basa en los resultados del modelo, que el Estado cumple su obligación de poner tierra, recursos y mecanismos de gobernanza y fiscalización. Sin embargo, el modelo también habilita, no limita, una articulación con un sistema más abierto, poroso, democrático, en el que otras partes como la empresa privada e instituciones como las universidades públicas y privadas aportan con lo correspondiente. También es un lugar donde los impuestos de los otros ciudadanos del mundo se concretan en fondos de cooperación en cobertura forestal, en conectividad biológica, en adaptación al cambio climático. Es un modelo que habilita que todos cumplan con su responsabilidad. Debería estarse potencializando, sin embargo, hay un deseo de instrumentalización y de uso abusivo del poder. Este modelo tiene resultados concretos, medibles, verificables y cuenta con una amplia credibilidad. ¿Cómo se habla de mala administración cuando La Libertad tiene décadas de obtener fondos de transnacionales como HP, Gensler, Accenture, y hasta la fecha recibimos fondos de la embajada de los Estados Unidos, de la cooperación alemana? ¿Cuando seguimos participando en instituciones públicas de manera exitosa como Procomer, el Ministerio de Trabajo, la banca de desarrollo? ¡Qué lástima que la energía no se esté enfocando ahí!
¿Se está rompiendo ese pacto, ese consenso?
—Es una buena forma de verlo. Es el momento en el que una aspiración personal se quiere que sea más importante que lo que ha construido mucha gente. Porque nosotros no hemos recibido ninguna señal de nadie más que de una persona, una única persona, que además ha hecho eso en otros ámbitos del sector cultural. Es algo de cuidado.
Cierro con lo que empecé: ¿cuál es la huella de La Libertad en vos?
—La Libertad se construye con el aporte de las personas, pero no en un sentido discursivo, sino en un sentido real, de apertura, con la diversidad de perspectivas que han hecho que sea tan costarricense en su mejor versión. Es un lugar donde la gente es pura vida, es libre, es amable, se empuncha cuando le toca, vacila cuando le toca. Es muy tico; eso es lo que siento. Es un lugar de encuentro, donde nos quitamos un poquito el peso de lo que traemos y nos sentimos más livianos. Creo que la gente en La Libertad se siente más liviana.
Las aves también tienen una expresión artística en el PLL que se traduce en un pasacalle circense. (Foto: PLL)
Las aves en La Libertad
El Parque La Libertad (PLL) es parte ecosistémica del espacio donde se ubica su inmueble. No es retórica: las aves que conviven en el hábitat suman más de 175. Una de ellas, de nombre “tero”, es migrante de la zona austral de Sudamérica.
Contó el gestor sociocultural del PLL, Luis Acuña Fallas, que en abril de este año un grupo de personas adultas mayores que frecuenta el espacio, se topó con un ave tero que le interrumpió el paso mientras se dirigía hacia una actividad relacionada con la salud mental.
“El ave no los dejaba pasar porque se les tiraba encima”, detalló Acuña, quien se comunicó con su compañera Priscila Obando Rodríguez, gestora ambiental del Parque, que, a su vez, envió a los compañeros jardineros. “El ave gritaba, piaba y volaba cerca de ellos porque tenía un nido bastante superficial en la calle de paso”, explicó Acuña.
Decidieron cercar la zona para resguardarles. “Luego, las personas adultas mayores vieron el avance de los cuatro polluelos”. En estos días, los tero protagonizaron una segunda anidada y quienes los visitan saben que esa zona cerca del auditorio, en el corazón del parque, es de la familia.
“El proceso de vínculo no solo es entre las personas, sino con una especie distinta; y el acercamiento con la diversidad es un espacio en el que aprendemos unos de otros en contacto con la naturaleza”, concluyó Acuña.
Accidentes aviares
Obando, por su parte, relató la historia, a veces con un trágico final, de los pájaros que chocan con las ventanas de los edificios del PLL. Dichos accidentes se registran minuciosamente en una base de datos mediante un protocolo.
El PLL forma parte del Corredor Biológico Interurbano Bicentenario Tiribí y desarrolla buenas prácticas de interacción con la naturaleza.
Los sucesos se reportan a la red de colisión de aves denominada Josefina, una iniciativa más de ciencia ciudadana, entre otras en las que participa el parque.
El objetivo es tomar decisiones de conservación a partir de los datos registrados. “Gracias a la formación del personal del parque en el tema”, indicó Obando, “sabemos que después de una colisión, el ave se debe manipular lo menos posible, se deposita en una cajita y se aparta del sol, porque debe estar libre de peligro”, advirtió.
Sobreviva o no (ojalá que sí), se le hace una fotografía y se reportan los detalles del accidente en un formulario de la página web Josefina para contribuir con la base de datos.
Volar en un pasacalles
Las aves también tienen una expresión artística en el PLL, que se traduce en un pasacalle circense.
De acuerdo con el coordinador del Circo Social y la Escuela de la Danza, Teatro y Circo, David Ramírez, el tema del vuelo ha sido asociado con el circo hasta el punto de constituirse como una disciplina aérea. “Se dice que en el circo fue donde el ser humano voló por primera vez”, destacó.
El espacio ancestral circense está marcado por la trashumancia, la diversidad y la migración, elementos históricos que inspiraron el proyecto del pasacalle Aves de La Libertad, del cual se desarrolla actualmente la creatividad.
“La propuesta es trabajar aves observables en La Libertad y a partir de esa observación, fotos y documentación, recopiladas por compañeros y compañeras, convertirlos en personajes circenses”.
La idea, según Ramírez, es entenderse como parte de una unidad ambiental: un espíritu de lo trashumante, de lo libre, del circo como un espacio para imaginar lo imposible, atravesado por el eje, siempre presente y esencial, de la conservación.
La entrada Patricio Morera: “Aspiramos a ser un habilitador de la dignidad humana” aparece primero en Semanario Universidad.
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