Prensa Libre
New member
Catalejo
Para gobernar bien, se necesita un equipo
Una victoria cívica sería un sufragio a favor de alguien a quien se tenga algún mínimo nivel de seguridad y de confianza.
Mario Antonio Sandoval
4 de septiembre de 2026
|
00:04h
Añadir
en Google
Unirse al
canal
Añadir
en Google
Unirse al
canal
Compartir en Facebook
Compartir en X
Compartir en LinkedIn
Compartir en Whatsapp
Copiar enlace
Guardar artículo
Como ya todos los guatemaltecos sabemos, la campaña electoral está desarrollándose de hecho y ya comenzaron a aparecer personajes individuales deseosos de ganar la presidencia. Esto solamente se explica por ese monarca absoluto escondido en todos ellos y también en los ciudadanos. Debido a la falta de partidos políticos reales, no de juguete, el sufragante nunca piensa en votar por un partido con el cual se identifique. No puede solidarizarse ni apoyar a la figura política del partido porque su multiplicación convierte al proceso electoral en una peste, una calamidad, una desolación. Mientras en otros países cercanos hay partidos de más de cien años (Costa Rica, Colombia), en Guatemala el promedio de vida no ha pasado de unos 25 años.
Un candidato a presidente sin equipo resulta ser una golondrina política: jamás podrá hacer verano.
Una de las evidencias de lo anterior es el desconocimiento público de quiénes serán los demás integrantes para gobernar. De nada sirve si el aspirante a la primera magistratura tiene calidades y sobre todo posibilidades, si el ciudadano ignora quiénes y por qué será llamado, pero sí hay una seguridad casi total de la ignorancia de cuáles cualidades ostenta. En el caso del vicepresidente algunas veces son personas conocidas por sus méritos y virtudes en actividades distintas fuera de la política. Sin embargo, en un porcentaje muy alto y evidente son desconocidos y el votante desconoce por quién lo estará haciendo. Aunque el vicepresidente tiene una serie de atribuciones específicas, algunas muy importantes, casi nadie está enterado de cuáles son.
Otra decisión básica en cuanto a los equipos de gobierno nacional o municipal es informar al ciudadano quiénes los integran. A causa de una interpretación inadmisible de la autonomía edil, los alcaldes se convierten en verdaderos monarcas absolutos. Deciden según su leal entender y esto se facilita a causa de los comités organizados para la elección. En una ciudad como Antigua Guatemala, por ejemplo, no se respeta ni se ha respetado la calidad histórica y la importancia económica a causa del turismo. No todos los vecinos nacidos allí o emigrados de otras ciudades del país o del extranjero respetan esas características, debido a un malentendido concepto de avance destruyen la unidad arquitectónica, autorizan obras inconvenientes, como del aumento de tránsito.
A mi juicio ya la ciudadanía se ha dado cuenta de lo absurdo de los dizque partidos con dizque candidatos. La multiplicidad de aspirantes obliga al ciudadano a no perder su tiempo en pensar si quiera por qué llegaron algunos de ellos, para borrar cualquier posibilidad de desperdiciar el voto. Un insecticida político al alcance de los ciudadanos con autorización de votar es no hacerlo por ninguno de ellos, para así impedir la única posibilidad a su alcance, consistente en lograr la introducción escurridiza de un diputado, si obtiene el 3% de los votos válidos de su distrito y 400 mil si es del listado nacional. Esto demuestra la utilidad de participar en las elecciones y también lo contraproducente de ausentarse, y además es una posibilidad dentro de la ley.
Los aspirantes centrados en la presidencia también deben entender su necesidad de informar constantemente del equipo y de los fondos, porque ello demuestra una actividad de algún tiempo, no de pocos días con integraciones a la carrera. Igualmente deben organizar los equipos de voluntarios para el conteo de los votos, el cual en Guatemala es muy confiable porque hay representantes de los numerosos partidos. Un presidente confiable pero sin equipo será víctima de los politiqueros profesionales, dependientes de parentela, amiguetes, advenedizos, intrusos y arribistas. En las últimas tres elecciones el voto fue siempre por el “menos peor” y por eso ahora una victoria cívica sería un sufragio a favor de alguien a quien se tenga algún mínimo nivel de seguridad y de confianza.
Sigue leyendo...