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Maria Nuñez Chacón
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La Organización Internacional del Trabajo (OIT) alertó sobre los posibles impactos que tendría el fenómeno de El Niño en los empleos, ingresos y condiciones laborales de las personas trabajadoras de Centroamérica que laboran en sectores como la agricultura, pesca, energía, transporte y otros nichos productivos.
Esto debido a que las sequías, las lluvias torrenciales, las inundaciones y las olas de calor podrían perturbar los cultivos, disminuir el caudal de los ríos, producir restricciones a la generación eléctrica, aumento de la actividad ciclónica, entre otros.
Fabio Bertranou, subdirector Regional de la OIT para América Latina y el Caribe indicó que la investigación analiza los canales directos e indirectos a través de los cuales los cambios en los patrones de lluvia y los servicios ecosistémicos pueden afectar la seguridad alimentaria, la salud pública, el riesgo de desastres, la actividad económica, el empleo y los ingresos. Asimismo, identifica las subregiones, los sectores productivos y los grupos de trabajadores más expuestos.
“Los trabajadores informales, rurales y aquellos que desempeñan sus labores al aire libre algunos de los más expuestos. La magnitud de sus impactos dependerá de la capacidad de los países para anticiparse con instituciones laborales sólidas, sistemas de protección y diálogo social que protejan a las personas más vulnerables», afirmó Bertranou.
En este sentido, la elevada informalidad laboral en la región incrementa la vulnerabilidad frente a estos fenómenos, siendo que casi la mitad de las personas trabajadoras en América Latina y el Caribe se desempeñan en la economía informal, con acceso limitado a mecanismos de protección frente a crisis climáticas.
Esto implica que los impactos sobre el empleo y los ingresos podrían concentrarse precisamente en quienes cuentan con menos herramientas para enfrentarlos.
La publicación identificó una fuerte heterogeneidad de los impactos en América Latina y el Caribe. Por ejemplo, mientras el Corredor Seco Centroamericano, el Caribe y el norte de Sudamérica enfrentarían principalmente sequías, déficit hídrico y olas de calor, la costa del Pacífico de Ecuador y Perú podría verse afectada por lluvias extremas e inundaciones, y el sudeste de Sudamérica por precipitaciones superiores al promedio y tormentas severas.
Precisamente, estas diferencias se traducen en riesgos distintos para sectores como la agricultura, la pesca, la construcción, la logística, el transporte, el turismo y la generación de energía.
Por ejemplo, para países como Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Haití, Jamaica el mayor impacto podría estar relacionado con pérdida de ingresos rurales, migración laboral forzada, mayor informalidad, vinculado con un riesgo de estrés térmico severo en trabajadores al aire libre.
En el caso de México (sur y sureste), Costa Rica y Panamá los riesgos estarían relacionados con la pérdida de cosechas de subsistencia, vulnerabilidad de trabajadores informales costeros, sobre todo para aquellos nichos de trabajo agrícola en condiciones de calor extremo sin normativa térmica específica.
Lo peor es que esta situación climática podría generar un retroceso de los avances en materia de trabajo infantil en la región, dado que la evidencia histórica muestra que los shocks climáticos, al erosionar los ingresos familiares y destruir medios de vida rurales, actúan como factores desencadenantes de este flagelo.
El informe detalla que los hogares en situación de pobreza recurren al trabajo de niñas, niños y adolescentes como mecanismo de supervivencia ante la pérdida de ingresos de los adultos. Según estimaciones recientes de la OIT y de UNICEF, en 2024 alrededor de 7,6 millones de niñas y niños se encontraban en situación de trabajo infantil, de los cuales 4,9 millones realizaban trabajos peligrosos que comprometen su salud y desarrollo.
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