Nogui Acosta: “somos un movimiento heterogéneo que necesita consolidarse”

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Álvaro Murillo

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A Nogui Acosta le faltan siete años para pensionarse, pero quizás le esperan, a partir de mayo, los cuatro años más intensos de su vida política como diputado, arrancando como jefe de fracción oficialista en momentos de una alta expectativa sobre lo que haga o no la Asamblea Legislativa, determinante para el éxito o no del gobierno de Laura Fernández y, por tanto, del sentido de “continuidad” del gobierno de Rodrigo Chaves.

El economista de 58 años, experimentado asesor parlamentario en el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), viceministro en un gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC) y ministro connotado de Rodrigo Chaves, tiene posiciones propias que sabe expresar para no entrar en contradicciones con otros. Entiende, además, que tener la mayoría de curules no evita tener que negociar con las bancadas opositoras, para las que tiene buenas palabras.

También deja ver sus posiciones sobre el Régimen Obligatorio de Pensión Complementaria (ROP), sobre la venta del Banco de Costa Rica (BCR), los señalamientos del Fondo Monetario Internacional (FMI) para una nueva reforma fiscal, así como un eventual levantamiento de garantías y la posibilidad de bases militares estadounidenses en el país contra el crimen organizado. Su argumento es que la propia Constitución lo admite como posible y tiene los mecanismos, aunque toma distancia del “modelo Bukele”, subrayando dos elementos importantes: en Costa Rica hay una institucionalidad fuerte y el problema aquí es diferente.

Toma café sin azúcar desde que un médico le recomendó hacerlo, al ver la cantidad de tazas que se bebía en los tiempos tensos de la reforma fiscal, en 2018, como viceministro. Quizás piensa en ese momento cuando dice que no, el político no está para soluciones populares. Este guanacasteco de cédula 1, que encabezó la papeleta por San José, habla despacio y por ratos parece cansado; pero no tiene problemas en alargar la entrevista porque, asegura, tiene claro el valor de la prensa en la política y también tiene claro las aguas en que se mueve.

¿Ya está preparado para liderar una bancada que en realidad debería liderar doña Laura Fernández y que innegablemente tendrá el poder de Rodrigo Chaves? ¿Qué margen le queda?

—Hay tres elementos básicos para esa respuesta. El primero es que somos el resultado de un movimiento que va mucho más allá de un partido político, el movimiento rodriguista, que nos da una cohesión. El segundo es que aquí hay que separar muy bien el Poder Ejecutivo del Poder Legislativo, no se puede negar que tiene que haber comunicación entre la fracción de gobierno y el Ejecutivo, porque van a trabajar juntos.

He sido asesor, he sido viceministro de Hacienda, he sido ministro de Hacienda y creo que el liderazgo no solamente es sobre el movimiento, sino también sobre el país. Yo creo que ahí hay un espacio importante que me da a mí la legitimidad de poder asumir el puesto de jefe de fracción.

¿Cuando dice que una cosa es el Ejecutivo y otra el Legislativo se refiere a que no necesariamente debe haber una misma línea política?

—Hay una cuestión que es importante: el Poder Ejecutivo tiene un objetivo que se ve reflejado en su fracción, pero que tiene que tomar en consideración las variantes que están dentro de la Asamblea Legislativa. No necesariamente el 100% de los objetivos se pueden cumplir, lo que es importante es que haya coherencia entre lo que el Poder Ejecutivo quiere y lo que la Asamblea Legislativa logra sacar adelante.

¿Se condicionan esos objetivos por no haber logrado los 40 diputados que decían en la campaña?

—El objetivo nuestro de los 40 diputados tenía un elemento básico, y era poder conformar una mayoría que permitiese hacer una transformación real de este país. Obviamente, al no alcanzarlos, mantenemos nuestros objetivos, pero vamos a tener que conversar con las otras fracciones. Creo que hay temas en los cuales podemos coincidir, algunos en los que tenemos pequeñas diferencias que podemos resolver y algunos que vamos a tener que plantear para discusión y que probablemente seguirán estando dentro de la dinámica legislativa porque son asuntos trascendentales.

Todas esas valoraciones se hacen partiendo de que el oficialismo tendrá 31 votos garantizados para los proyectos, pero eso puede no ser así en la realidad. ¿Cómo hará para tenerlos juntos si muchos vienen de raíces distintas y la variedad de temas que van a tratar es abundante?

—Bueno, este es un movimiento heterogéneo que necesita consolidarse y va a consolidarse. Todos los partidos son heterogéneos, pero es importante que nosotros tengamos vocación de gobierno, tenemos un reto, tenemos una agenda y tenemos claridad de cuáles son las transformaciones que queremos. Estamos claros en que hay que hacer Ciudad Gobierno, hacer la Marina del Limón, alianzas público-privadas, la armonización (del mercado eléctrico) tiene que ir porque es un tema país, pero también estamos claros en que hay que abordar el tema de la Caja Costarricense del Seguro Social, la reforma del Poder Judicial. A lo largo del camino iremos caminando uno a la par del otro hasta lograr conjuntar nuestras ideas.

¿Se equivoca quien diga que el factor cohesionador de este movimiento es Rodrigo Chaves y que él va a pastorear la bancada?

—Rodrigo Chaves es algo que ocurrió, que nadie tenía planeado y que tuvo la fuerza, la visión y sobre todo la capacidad de comunicación. Llegó al país y se ha convertido en un referente. Si usted lo ve como quien da coherencia a este movimiento, lo está viendo bien, pero este movimiento va más allá de Rodrigo Chaves en lo personal, tiene que ver con las visiones compartidas. No solamente es la visión de él, sino también la visión de Laura Fernández, la visión de Nogui Acosta, de doña Pilar Cisneros y de cada uno de los diputados. Digo esto porque Rodrigo Chaves va a seguir siendo un referente, al igual que lo han sido otros líderes dentro de la cultura política costarricense, nadie va a quitar a Óscar Arias dentro de Liberación Nacional o Rafael Ángel Calderón en su momento, Pepe Figueres en su momento, Calderón Guardia, Manuel Mora…

¿No los acusaban a ellos de caudillismo?

—Eso es propio de la política.

“(Sobre el ROP) Uno no está aquí para ser popular”

¿Es necesario cierto grado de caudillismo para cohesionar un movimiento?


—El caudillo es el que puede poner a dedo a cada una de las personas. Eso no ocurre en este partido (…) La estructura de este partido parte de un acuerdo político entre un movimiento y un partido que está ahí. Refleja un poquito la visión de la gente.

Uno de los temas en el cual hay dudas sobre la posición del oficialismo es el ROP. ¿Su escepticismo ante propuestas que permitirían entregarlo aceleradamente lo comparte doña Laura Fernández?

—Nosotros tenemos claras varias cosas. El ROP es un complemento de la pensión porque así fue creado y en la discusión de este momento no estamos tomando en consideración la parte demográfica, que va a provocar en el régimen básico (Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte, IVM) un efecto que no tendría en el ROP. El problema que tenemos hoy es que hubo una desigualdad en algún momento, al repartirse los recursos a un grupo de personas, y hoy queremos corregir eso dándoselo a todos. Esto tiene varios problemas: el primero es el efecto en la inflación y de tasas de interés, hipotecas, créditos de consumo, que pega a toda la colectividad, pero además va a afectar a los jóvenes porque la minusvalía que se va a presentar aquí va a tener un impacto sobre los fondos de la gente que no está tan cercana a la pensión. La pregunta es ¿voy yo a matar, por un beneficio hoy (que es) para algunos, lo único seguro que tiene el resto para tener un flujo de recursos en el futuro cuando esté pensionado? Nosotros vamos a empezar a tener problemas de longevidad muy grandes, problemas de pensiones muy bajas y eso tiene consecuencias.

¿Esta explicación que tiene usted la comparte doña Laura Fernández?

—Hemos conversado, ella está consciente que la plata es de las personas, pero hay que distribuirla de la manera correcta. ¿Cuál es el problema que tenemos hoy? La propuesta es “démela ya”. Y la respuesta debería ser “eso no es factible”, tenemos que ver cuál es la mejor forma de hacerlo. Estaríamos haciendo una injusticia intergeneracional, porque el problema no es el ROP, el problema es el IVM; los jóvenes de hoy le estarían pagando la pensión a las personas mayores y no les estaríamos dejando opciones para el futuro de ellos. Porque si el ROP queda para entregarse a todo el mundo, las operadoras de pensiones van a tener que trasladar sus inversiones con tasas de interés mucho más bajas, van a tener que invertir a corto plazo y eso va a tener un impacto sobre las finanzas públicas y sobre la política monetaria.

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Entiendo su argumento, pero la pregunta es si la presidenta electa también lo comprende y lo comparte.


—Lo hemos conversado con doña Laura y estamos buscando una solución que sea viable políticamente. Tenemos dudas razonables de cuál es la mejor solución. Hemos conversado, no necesariamente tenemos una solución ya. (…) Claro, los que están a favor de entregar el ROP es que no ven los números.

La posición de Don Rodrigo tampoco ha sido esta que usted me está explicando, ¿verdad?

—Don Rodrigo no ha dicho “se lo vamos a entregar”, nunca, en ningún momento ha dicho que lo vamos a entregar en un solo tracto, ni doña Laura.

¿Tiene claro que esta posición suya es impopular?

—Uno no está aquí para ser popular, sino para tomar decisiones por toda la colectividad.

Bajo el discurso del Presidente, alguien podría acercársele a usted y decirle “yo voté por ustedes, yo soy su patrono y esa plata es mía; le exijo que me libere ese ROP”

—Le voy a decir cuál es el problema: no se puede dar a alguien algo que va a afectar a todo el resto. Hay que tener justicia intergeneracional (…). Es muy fácil cargarle los problemas a la siguiente generación.

“Yo, Nogui Acosta, no tendría ningún banco público”

Hablando de números en temas polémicos, el BCR… ¿es un banco sano? (Laura Fernández dijo que mejor venderlo antes de que entre en quiebra)


—Es un banco sano que no está siendo rentable. Nosotros tenemos que comparar cuánta plata tenemos de patrimonio y cuál es el rendimiento de ese patrimonio. Es como tener un millón de dólares y tener una deuda en la que se paga un 6%, pero meter esa plata en un banco que te paga 3%. Así de simple es. El banco sigue siendo rentable, pero no lo suficiente. Hay que maximizar el beneficio social de ese patrimonio.

Podrían decirle exactamente eso mismo sobre el Banco Nacional…

—Si vos me lo preguntas a mí, yo no tendría ningún banco público. Yo, Nogui Acosta, no tendría ningún banco público. La forma de hacer política social es a través de otros mecanismos. ¿Cuál es el problema de todos estos bancos? La burocracia, la rendición de cuentas…

¿Y el beneficio de sectores que reciben parte de las ganancias del banco con los parafiscales?

—La venta del Banco de Costa Rica, de acuerdo con la valoración que hizo el Banco Central, permitía disminuir el pago de intereses en ₡97.000 millones y si el Estado asumía las rentas parafiscales sobraban ₡60.000 millones. Es mucho más rentable para el Gobierno, pero para la sociedad, saldar la deuda.

Dice usted que personalmente prefiere no tener bancos públicos y seguro algunos en el país lo apoyarían ¿Plantearía la venta de todos?

—Esa decisión de tener bancos públicos no la tomé yo. Se tomó en 1948 cuando se nacionalizaron los bancos; en 1995 se abrió el monopolio de las cuentas corrientes y empezaron a proliferar los bancos privados porque había necesidad de un servicio que no se estaba dando.

Es claro que esto no lo decidió usted, pero igual quieren cambiar ahora cosas que se decidieron décadas atrás…

—A veces las cosas no son tan simples. Yo esperaría que nosotros no hubiésemos tenido empresas públicas o que pudiésemos abrir el capital accionario a otros participantes o eventualmente que pudiésemos tener mucha más claridad de cómo venderlos, pero la misma Constitución establece que los bancos públicos y las entidades aseguradoras son instituciones autónomas. Yo pensaría que esa dificultad hay que resolverla, porque al final del día es plata de todos los costarricenses.

Varios han dicho que la reforma fiscal del 2018 es como una vaca que ya dio toda la leche que podía, que enderezó algunas cosas, estableció herramientas importantes y permitió a este gobierno tener oxígeno; pero ahora llega un informe del FMI, de la semana pasada, y dice que el país debe volver a hacer una reforma fiscal. ¿Usted cómo recibe eso?

—El problema es que la reforma del 2018 presentaba las mismas dificultades que tiene nuestro sistema tributario, que es un sistema de base cedular, que impide tasar bien la riqueza. La recaudación hoy está en los hombros de gente que no necesariamente es la que tiene más riqueza, y esa es la reforma que hay que hacer. No hay que recaudar más, pero sí hay que equilibrar el peso.

Además, la reforma del 2018 está basada en el impuesto al régimen definitivo (tradicional), que crece muy lentamente. No necesariamente es que la reforma se agotó, es que necesitamos un régimen definitivo que crezca más. Tenemos que ver si tenemos que recaudar más impuestos y necesitamos buscar cuáles son los mecanismos que pueden hacer más productivo al régimen definitivo, y no es exonerándolo igual que el régimen de zona franca. La estructura de la economía costarricense ha cambiado.

¿El régimen de zona franca es intocable?

—Ahí hay que hacer una valoración mucho más profunda del hecho de si pagan o no pagan impuestos y eso tiene que ver con qué tan rentable para la economía y para la sociedad es cada exoneración. En el año 2000 se aprobó una ley que obliga que cada cinco años se haga una valoración de las exoneraciones. Bueno, en el 2027 vamos a tener una valoración de las exoneraciones y aquellas donde el costo sea mayor que el beneficio van a llevarse a la Asamblea Legislativa para que se tome una decisión si se mantienen o no.



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