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Daniela Muñoz Solano
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El economista Luis Paulino Vargas considera que no existen potenciales beneficios económicos de la firma de un tratado de libre comercio con el estado de Israel y que más bien la ratificación del mismo traería graves consecuencias políticas al país.
El docente universitario e investigador jubilado se pronunció sobre el texto luego de que la Comisión Permanente Especial de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior le solicitará su criterio sobre el expediente 25.542, en el que se analiza la posible aprobación del Tratado de Libre Comercio entre la república de Costa Rica y el Estado de Israel, suscrito en diciembre del 2025 por el gobierno anterior.
El experto analizó la propuesta actual a la luz de otros tratados de libre comercio que ha suscrito el país y que en su criterio no han traído los beneficios prometidos.
Luego de un amplio análisis del modelo de desarrollo costarricense que, considerando el estancamiento económico las condiciones económicas que enfrenta la población en la actualidad, ha fracasado; el experto se pronunció puntualmente sobre el acuerdo económico con Israel.
La primera objeción de Vargas sobre la ratificación del acuerdo es que existen graves anomalías en el modelo económico en Costa Rica implementado pues se ha priorizado la atracción de inversiones hacia la zona francas y eso ha producido una economía dualizada, con contrastes muy marcados entre el régimen especial y el régimen definitivo.
Así mientras las empresas en las zonas especiales y las exportaciones crecen, el resto de la economía (que es la que más impuestos y empleos aporta) tiene un dinamismo mucho más modesto.
Ese modelo de desarrollo, explica el experto, ha profundizado problemas como la desigualdad distributiva, haber financiado las finanzas del estado y ha causado una asimetría en el desarrollo regional, lo que se evidencia con que el país aún no recupera los niveles de ocupación que tuvo antes de la pandemia en 2020.
Por eso, propone que el país se dé “una pausa en la firma de tratados comerciales” y se aboque a aplicar medidas para corregir los serios problemas estructurales de la economía qué han causado grandes desigualdades.
En segunda instancia, Vargas indica que la relación económica entre Costa Rica y el estado de Israel es insignificante, tanto así que esa nación ni siquiera parece identificada de forma explícita en los cuadros estadísticos oficiales sobre inversión extranjera directa, exportaciones e importaciones, evidenciando así su irrelevancia económica.
Además en 2025, dice, las exportaciones a ese país fueron de apenas $25.9 millones y las importaciones de $35.8 millones, datos que no llegan ni al 0.2% del total de los intercambios comerciales que realiza el país.
Añade el experto que no existe en el entorno económico ninguna indicación de que vaya a aumentar la participación económica de Israel, por lo que considera que la idea de que existe “alto potencial” en la relación comercial es una afirmación propagandística y no tiene sustento técnico.
En un tercer apartado del documento Vargas analiza las consecuencias éticas morales y políticas que podría tener la ratificación de un tratado de libre comercio con un país que “comete crímenes de lesa humanidad, crímenes de guerra y genocidio al atacar deliberadamente a niños y niñas palestinos, utilizando el hambre como arma de guerra y destruyendo infraestructura crítica”, tal y como lo han indicado múltiples informes de organizaciones internacionales de Derechos Humanos.
La suscripción de este tratado de libre comercio es así, en su criterio, un intento de “blanquear” la imagen de ese país y por eso, su ratificación sería “por completo contradictorio con los valores de democracia, paz, libertad y respeto a los derechos humanos que Costa Rica se ha esforzado por cultivar a lo largo de su historia y que son marcadores clave de nuestra identidad”.
“Las personas representantes de la ciudadanía costarricense, diputadas y diputados electos democráticamente, están en el deber de anteponer esos valores y compromisos históricos a las cínicas y deshumanizadas consideraciones del realismo político y del economicismo”, asegura el experto.
El autor concluye que “sobran razones” para pausar la firma de nuevos tratados comerciales -incluido este- y “darnos el chance para una reflexión que, como país, nos permita enderezar el rumbo por el que nos lleva el actual proyecto de desarrollo y el correspondiente modelo económico»
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