No cambie seis por media docena

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Redacción Universidad

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Vivimos en una época en la que la propuesta constante de mejoras se ha convertido en una moda organizacional. En instituciones públicas y empresas privadas se habla constantemente de transformación digital, innovación, rediseño de procesos, mejora continua y modernización institucional. La capacidad para identificar oportunidades de mejora suele asociarse con liderazgo, visión estratégica y compromiso con la excelencia. Bajo esta lógica, cuestionar las prácticas existentes parece casi una responsabilidad para cualquier nuevo profesional que se incorpora a una organización.

Este enfoque ha generado avances importantes. Gracias a la mejora continua, muchas organizaciones han logrado aumentar su eficiencia, reducir costos, mejorar la calidad de sus servicios y responder de manera más efectiva a las necesidades de la sociedad. Sin embargo, ese entusiasmo por transformar ha llevado a muchos profesionales a sentir que deben proponer mejoras de manera permanente, convirtiéndolo, en algunos entornos, en sinónimo de excelencia profesional.

Esta situación adquiere especial importancia cuando un profesional recién contratado desea demostrar su valía en una nueva institución. Resulta natural que compare los procesos existentes con otros que ya conoce o con sus propias preferencias personales. Esa comparación puede llevar a caer en una trampa muy común en la gestión de procesos: proponer mejoras cuando no es necesario.

En la mayoría de los casos, esas propuestas aportan valor y permiten fortalecer el desempeño institucional. Sin embargo, también existen situaciones en las que intentar modificar los procedimientos y herramientas actuales puede resultar en un desperdicio de esfuerzo, pues estos ya producen excelentes resultados, mantienen indicadores satisfactorios y cumplen adecuadamente los objetivos para los cuales fueron diseñados. En estos casos, el verdadero desafío no consiste en demostrar la capacidad para introducir cambios, sino en reconocer que prácticas y herramientas diferentes no necesariamente representan una práctica peor.

Un procedimiento que parece innecesariamente complejo puede responder al cumplimiento de una obligación legal. Un control adicional puede haber surgido como respuesta a una auditoría. Una metodología distinta puede haber demostrado ser la alternativa más adecuada para las condiciones particulares de esa institución. Sin comprender ese contexto, resulta fácil confundir una práctica diferente con una práctica incorrecta.

Antes de proponer mejoras, recuerde que todo cambio implica inversión de tiempo, recursos, capacitación, adaptación organizacional y un período de ajuste para las personas involucradas. Cuando responde a una necesidad claramente demostrada, esos costos representan una inversión; cuando no existe evidencia suficiente, la mejora también puede convertirse en una fuente de desperdicio, generar conflictos innecesarios y desmotivación en los equipos de trabajo.

Sin duda, las organizaciones necesitan transformarse, pero también necesitan desarrollar la capacidad de distinguir entre cambios necesarios y cambios basados simplemente en gustos. La experiencia demuestra que las mejoras más exitosas no siempre son aquellas que incorporan la metodología o la herramienta más reciente, sino las que generan mejores indicadores para la organización.

Toda organización necesita profesionales capaces de impulsar cambios. Sin embargo, esa capacidad alcanza su mayor valor cuando se combina con la prudencia necesaria para comprender primero la idiosincrasia y el ambiente de la institución. La experiencia técnica continúa siendo indispensable, pero no sustituye el conocimiento del contexto donde esa experiencia será aplicada. Las transformaciones más exitosas no nacen únicamente de buenas ideas, sino de la capacidad de distinguir cuándo una organización realmente necesita cambiar y cuándo, por el contrario, lo más inteligente es preservar aquello que ya está funcionando adecuadamente.

Por todo lo anterior, como especialista en diseño de procesos, recomiendo que nunca se cambie seis por media docena solo porque le agrada la metodología o el color del nuevo formulario. Si va a obtener los mismos resultados, entonces no proponga el cambio.

Al final, la madurez profesional no se demuestra por la cantidad de cambios que se proponen, sino por la capacidad de reconocer aquello que la organización ya hace bien. Valorar el trabajo desarrollado por los equipos existentes también constituye una forma de mejorar, porque toda mejora continua comienza reconociendo el valor de lo que ya funciona.

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