Nirsevimab

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Pedro Ernesto Vargas

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Por dos años consecutivos, 2024-2025, no se produjeron muertes por el virus respiratorio sincicial (VRS) en recién nacidos ni en lactantes. Las hospitalizaciones por la alta circulación del virus durante las temporadas invernales se redujeron entre un 76% y un 81.6% en menores de un año de edad. Las admisiones a las unidades de cuidados intensivos pediátricos (UCI) se redujeron en un 85%. Se evitaron más de 59,000 días de cama hospitalaria en cuidados básicos e intermedios y unos 25,000 días de cama de UCI. Las licencias médicas para padres y cuidadores de niños enfermos se redujeron en más de 20,000 días. La estadía promedio de hospitalización también se redujo significativamente.

Las tasas de cobertura de la protección inmediata contra el VRS en recién nacidos alcanzaron un 97%, y en lactantes menores de un año, estuvieron entre el 87% y el 93%. La cobertura se hizo no solo obligatoria sino gratuita y directamente en las maternidades. Estas cifras corresponden al Ministerio de Salud de la República de Chile, país pionero en América Latina en el uso del nirsevimab, el anticuerpo monoclonal contra el VRS.

La probada, segura y eficaz protección contra enfermedades infecciosas mediante la vacunación es evidencia científica. Esta protección se logra por el estímulo que la vacuna produce en el sistema de defensas del individuo para producir soldados —los anticuerpos— que más tarde esperarán, a manera de emboscada, al enemigo —los organismos que infectan— para diezmarlos antes de que produzcan ataques, bajas y daños severos al cuerpo. Sin embargo, ese ejército en formación requiere un entrenamiento de tres a seis semanas para proteger con eficacia. Esto puede ser mucho tiempo y resultar tardío si el enemigo infeccioso avanza muy rápido y por sorpresa. Pero, si se llama a una especie de “reservistas”, ellos están listos para neutralizar inmediatamente al enemigo porque ya están entrenados para atacar con puntería y letalidad. Estos reservistas son las proteínas ya entrenadas y dirigidas puntualmente al agente infeccioso cuando penetra en el campo de guerra, el cuerpo del individuo. Se llaman anticuerpos monoclonales porque tienen instrucciones precisas y propias para identificar y actuar de inmediato contra los organismos dañinos de la infección particular.

El nirsevimab no es una vacuna; es ese ejército de soldados preparados, acuartelados y listos como los reservistas, con anticuerpos específicos ya creados, no por crearse, contra el virus respiratorio sincicial. El nirsevimab es el protagonista del hito de salud pública de Chile. La administración de salud pública de Chile, el Ministerio de Salud, entendió el lenguaje de los científicos y académicos de las facultades de Medicina y de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, a través del Instituto de Sistemas Complejos de la Ingeniería (ISCI), y respondió a su carácter de rector de la salud de los chilenos para el bienestar de todos los niños más vulnerables al VRS. Fue una de esas acciones de salud pública donde el individuo se coloca entre los individuos y no delante de ellos. Fue necesario, sin embargo, que este grupo de científicos produjera los números necesarios “de un antes, un durante y un después de la intervención” con el anticuerpo monoclonal. Esa colaboración solo es posible en la medida en que los recursos necesarios se administren con responsabilidad para priorizar el bien común y honrar la equidad y la justicia social, que a algunos tanto incomodan.

Antes del nirsevimab, el VRS en Chile representaba la mayor crisis sanitaria invernal. El virus era responsable de entre el 20% y el 30% de todas las hospitalizaciones pediátricas por cuadros graves de bronquiolitis y neumonía. La ocupación de los hospitales y de sus camas críticas colapsaba el sistema hospitalario y de salud. La reconversión de camas de adultos en pediátricas, y de salones de reuniones y oficinas administrativas en salas de hospitalización, era el cuadro dantesco de los hospitales pediátricos. Nada diferente de lo que vemos en esta época en nuestro país. Con el agravante de que los administradores de los dineros de los panameños no pasan por los hospitales hasta que no tienen un hijo, un sobrino o un nieto luchando por meterle oxígeno a su pequeño cuerpo en condiciones de pobreza y hasta de abandono.

Para los que desvían la atención hacia las excusas económicas y financieras para no proceder, el grupo chileno señaló, una vez que tuvo los cálculos necesarios, que “el costo de la adquisición del medicamento y de la campaña estaría totalmente cubierto por los ahorros en hospitalizaciones, cuidados intensivos y consultas a los cuartos de urgencias”. El ahorro con la inmunización mediante el anticuerpo monoclonal fue, para el Estado chileno, de 23.5 millones de dólares. La noticia de que pronto los niños panameños podrán disponer del anticuerpo monoclonal que los protegería de la enfermedad y la muerte, en más de una ocasión cada año en nuestro país, llega esta semana. Ojalá lo reciban todos los recién nacidos antes de salir de los hospitales donde nacen y se extienda, al menos, a los niños antes de cumplir el año de edad, hasta que esta estrategia pueda modificarse.

El autor es neonatólogo y pediatra.

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