Mujeres indígenas miskitas vienen al país desplazadas por invasiones de colonos y minería en Nicaragua

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Fabiola Pomareda García

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“Salí de Nicaragua porque entraron los colonos a tomar posesión de la tierra y la semana pasada mataron como a tres. Entonces, yo, por ese motivo, pues me tuve que venir para acá y sin conocer a nadie. Ahora ya no puedo regresarme a Nicaragua, porque prácticamente tomaron toda la tierra y mi familia se dispersó, unos se fueron para más río abajo y otros quedaron ahí peleando por la tierra, a ver qué solucionan, en una comunidad que se llama Sáupuka”.

Ese es el testimonio de una mujer indígena miskita desplazada de Nicaragua, que narró haber llegado a casa de una amiga en Costa Rica, donde viven otras 5 personas y una menor de 11 meses. “Estoy sin trabajo y no tengo papeles; no tengo nada”, contó la mujer en un conversatorio realizado como parte de una reciente investigación.

“Yo me salí de mi lugar por los colonos, porque nosotros teníamos tierra; pero nos quitaron todo. Nosotros cultivábamos yuca, arroz, todo eso, ahora no tenemos nada, ¿dónde podemos sembrar?”, Mujer miskita desplazada.

En los últimos dos años, se ha incrementado la migración al país de mujeres indígenas miskitas, desplazadas desde el Caribe Norte de Nicaragua debido a la sobre explotación de los recursos naturales y bosques, la violencia ejercida por los “colonos” que los despojan de sus tierras y la minería, expuso el estudio “Mujeres indígenas “Yo me salí de mi lugar por los colonos, porque nosotros teníamos tierra; pero nos quitaron todo. Nosotros cultivábamos yuca, arroz, todo eso, ahora no tenemos nada, ¿dónde podemos sembrar?”, Mujer miskita desplazada.nicaragüenses desplazadas en Costa Rica: lo que sienten, lo que piensan y lo que han vivido”.

Este fue realizado por el Centro de Información y Servicios de Asesoría en Salud (Cisas), el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam) y la organización Isin Mairin Kupia kumi Muskitia Nicaragua (Imatkumn), y se publicó en noviembre pasado.

La investigación describe que las mujeres provienen sobre todo de los municipios de Bilwi y Waspam, en la Región Autónoma del Caribe Norte. Una buena parte de ellas no hablan castellano y no llegaron solas a Costa Rica, sino que viven con su núcleo familiar, que incluye parejas, hijos e hijas menores de 18 años y mayores, padres y suegros.

La población indígena desplazada se concentra en Pavas, Purral, Alajuelita y La Carpio. El estudio resalta que, si bien el flujo migratorio inició antes del 2018, el 53.1% de las entrevistadas llegaron entre el 2023 y el 2025.

“Se adueñan a la brava”

La activista y feminista nicaragüense y directora del Cisas, Ana Quirós, explico a UNIVERSIDAD que la migración de estas mujeres miskitas ha aumentado en los últimos años “por la voracidad de los colonos” —población mestiza de campesinos empobrecidos y también latifundistas—, del centro o del Pacífico de Nicaragua, que se mueve hacia el Caribe, buscando adueñarse de tierras para sembrar, meter ganado o realizar explotación minera.

“El flujo de colonos ha aumentado porque tanto el gobierno nacional como regional lo apoyan porque no les persiguen, muchas veces les dotan de armamento y de otros insumos, o arreglan para que esas tierras sean compradas u ocupadas por empresas mineras, generalmente extranjeras”, dijo Quirós.

Estas son “tierras comunitarias” que pertenecen a las comunidades indígenas. “Lo que hacen es desplazar a las comunidades indígenas y adueñarse, a la brava del territorio”, resaltó.

Se supone que estas tierras son administradas por los gobiernos regionales autónomos; pero según Quirós, como algunos están integrados por gente afín al Gobierno, los otorgan en concesión a los colonos o a empresas.

Viven en precarios

De acuerdo con la investigación, aquí estas mujeres viven en precarios, que frecuentemente no cuentan con servicios básicos como acceso al agua potable; comparten vivienda con otras mujeres y muchas veces en condiciones de hacinamiento.

Esto marca una diferencia respecto a sus lugares de origen, donde vivían en comunidades indígenas en zonas rurales de Nicaragua, donde tenían sus cultivos o pescaban.

Una mujer entrevistada relató: “En mi comunidad nosotros vivíamos de la cosecha de la siembra, siempre había productos para consumir, o también podía pescar u otra cosa que podía conseguir, y teníamos nuestra tierra y nuestra casita también. Ahí no pagaba nada, pero aquí todo tiene que pagar, si no trabaja no come (…). Mi esposo trabaja, pero no es suficiente, no gana suficiente para poder pagar el alquiler y comer tres tiempos, entonces solamente comemos un tiempo”.

Otra mujer miskita expresó: “Yo me salí de mi lugar por los colonos, porque nosotros teníamos tierra; pero nos quitaron todo. Nosotros cultivábamos yuca, arroz, todo eso, ahora no tenemos nada, ¿dónde podemos sembrar? Y por eso nosotros venimos para acá para ayudar a mi mamá y a mi papá, porque ellos ya están mayores de edad”.

Forzadas a dejar sus comunidades

A diferencia de la migración histórica que se ha dado desde Nicaragua, las mujeres miskitas enfrentan otras barreras.

Quirós señaló que ellas provienen generalmente de comunidades rurales, con culturas diferentes, donde las casas están muy retiradas unas de otras y con una economía de subsistencia. “Como viven en tierras comunitarias, la mayoría de la gente tiene una economía de patio”, explicó.

Una dificultad adicional es el idioma, ya que muchas de ellas del todo no hablan español o hablan poco español.

Y también está el nivel educativo, agregó Quirós. El estudio expone que la mayoría de las indígenas desplazadas se encuentran en el rango etario entre los 25 y 39 años. Un 31.5% cursó la educación primaria —unas terminaron y otras no—, mientras que un 55.6% de las entrevistadas llegaron a la secundaria —unas la completaron y otras no—.

“Desde que yo vine yo busqué trabajo y no encontré, porque no tenía papeles, como no había encontrado trabajo, me dediqué a pintar uñas, con eso sobrevivía. Aprendí costura también, y ya con eso pues voy ayudando a mi mamá en lo que pueda”, expuso una de las participantes en el conversatorio.

En cuanto a su situación migratoria, la investigación concluyó que un 60.4 % de las mujeres entrevistadas presentó su solicitud de refugio y permiso de trabajo. Un 14.6 % de ellas ya pasó la entrevista de elegibilidad, están en espera de la resolución final, ya le aprobaron el refugio o son residentes. Un porcentaje menor, pero significativo, no ha iniciado el proceso de solicitud de refugio, no tiene documentos o le rechazaron el refugio, se indicó.

Durante los conversatorios realizados para la investigación, las mujeres indígenas desplazadas identificaron sus propias propuestas para mejorar sus condiciones de vida, por ejemplo, que permitan promover su autonomía económica mediante la creación de pequeños negocios. Para esto requieren talleres de formación en gestión de emprendimientos, acceso a microcréditos y acompañamiento técnico para desarrollar iniciativas como venta de alimentos, artesanías, costura y servicios de belleza.







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