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Adrián Z. Rivero
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Para el magistrado Jorge Araya, de la Sala Constitucional, si eventualmente no se obedecieran las sentencias que emite el Poder Judicial, se marcaría un “punto de quiebre” para la democracia costarricense.
“Asistimos a un fenómeno que me parece a mí que es muy peligroso. En el campo político hay un ataque muy fuerte a la democracia que la ha puesto, digámoslo así, en una especie de reto”, señaló Araya, en una conversación con UNIVERSIDAD y otros medios de comunicación.
En medio de una creciente tensión entre el Gobierno de Laura Fernández y el Poder Judicial, que se remonta al periodo presidencial de Rodrigo Chaves, el alto juez advirtió que en Costa Rica se viven “tiempos insólitos” y que “desde la Sala Constitucional se siente el pulso del país”.
“Es un ataque que no corresponde a la esencia del ser costarricense. La violencia se ha normalizado, los insultos, los gritos, las agresiones y yo creo que siempre es una oportunidad ideal para decir un «basta ya» a esta agresión que no representa la esencia del ser costarricense”, añadió el abogado, también periodista de profesión.
Araya, quien ya adelantó que se postulará para una reelección en su cargo el próximo mes de octubre, manifestó su preocupación por hechos concretos como que el crecimiento económico del país “no le alcanza a la Costa Rica pobre” que, asegura, se ha visto afectada en los ingresos, pero también en servicios como la educación o la salud.
En el campo social, previene el juez constitucional, también hay “un fuerte y gravísimo deterioro del Estado Social de Derecho” que está “golpeando a las personas”.
Según el magistrado, en lo que va del año se han interpuesto 4.641 recursos de amparo relacionados con ayudas del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS), el régimen no contributivo, traslados de cuotas entre regímenes de pensiones y otros relacionados con este tipo de fondos. En contraste, hace tres años, en 2023 se habían recibido 2.117 recursos de esa naturaleza.
“Hoy todos esos canales de desarrollo que nos hicieron grandes a nivel mundial están gravemente deteriorados. O hacemos un alto en el camino y reflexionamos o las consecuencias podrían ser al menos a corto y mediano plazo irreversibles”, agregó el abogado.
Pese a los peligros advertidos, Araya también aseguró que a la fecha el sistema costarricense todavía funciona y manifestó que tanto el Poder Judicial como la Sala Constitucional han estado “enfrentando este embate con mucha valentía”.
Ante una consulta de UNIVERSIDAD sobre las situaciones que podrían ser señales del golpe al sistema democrático que el magistrado advirtió, este contestó que “es una reflexión que cada ciudadano debería hacer”, aunque mencionó algunas situaciones:
“Hay señales en el campo político muy graves, esta amenaza constante al sistema democrático, esa es la primera señal. Cuando una persona por ahí manifestó que «le faltaba el Poder Judicial», eso es una interpretación que debe hacer cada costarricense”, añadió.
Esa referencia pareció estar atribuida al exmandatario y actual ministro Chaves, quien, en abril pasado, se comprometió ante un grupo de líderes protestantes a “recuperar” el Poder Judicial:
“Lo importante es que el pueblo de Costa Rica haya recuperado los dos poderes de la República, el Legislativo y el Ejecutivo, obviamente nos falta el Poder Judicial”, dijo el exmandatario a ese grupo religioso en aquel momento.

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En el mismo acto, Laura Fernández dice que es «un vaso vacío» para que Dios lo llene con lo mejor para Costa Rica y que este gobierno fue «un milagro» para el país después de estar «en cenizas».
El alto juez también destacó el plantón en defensa de la democracia y el Poder Judicial —al cual asegura que asistió— como una expresión de la gente porque “el sistema democrático, como un ser vivo, incluso puede morir”.
Y, aunque no se aventuró a dar un plazo concreto para el colapso democrático, Araya afirmó que “el punto de quiebre que podría ser muy peligroso es cuando las sentencias no se acaten”.
“Hasta el momento las sentencias se están acatando y espero que así sea. Y estoy convencido de que este es un país sensato, tiene un sentimiento civilista y democrático muy potente. Hasta el momento las sentencias se comparten o no, pero se respetan. Y la Sala, estoy seguro, y en lo que a mí corresponda, hará todo lo que esté a su alcance para que sus fallos sean respetados”, concluyó el magistrado.

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