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Jenny Martínez
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Según cifras oficiales publicadas el 22 de junio/26, solo el 36.6% de los 8 millones y medio de los trabajadores gozan de empleo formal, durante 40 horas semanales, afiliación al seguro social, seguridad contractual y mayores ingresos. Los demás (es decir 5 millones 497 mil seres humanos) son subempleados, tienen empleo no pleno, viven en la informalidad y trabajadores por cuenta propia que buscan una estrategia de sobrevivencia “haciendo cualquier cosa” o desempleados absolutos. Este es el tamaño del subdesarrollo económico ecuatoriano y de la desprotección social.
De entre los subempleados hay un millón y medio que son asalariados y que podrían ser afiliados al Seguro Social y tener seguridad contractual, si los empleadores cumplieran con un deber de justicia para sus colaboradores. No sabemos por qué el IESS no hace nada por captar a esta población para reforzar la captación de aportes que tanto necesita para no quebrar.
Formalizar en mayor medida a las relaciones laborales conviene a todos, porque incluso los países ricos que importan nuestros productos reclaman que haya protección social de los trabajadores concernidos.
No hacer nada es muy riesgoso porque el trabajador pobre es propenso a endeudarse sin tener ingresos seguros y permanentes. Entonces se multiplica la pobreza y muchos de ellos no pueden pagar deudas en bancos y cooperativas, impactando en el crecimiento de la cartera vencida y afectando a la solvencia institucional.
Estas situaciones son reales y deben ser atendidas por las élites económicas con nuevas inversiones que aumenten el número de empleados plenos y no solo con reinversiones de lo ya ganado en sus negocios. Y estas decisiones no deben depender ni esperar nada de los gobernantes que están entrampados en el subdesarrollo político que está implosionando la democracia ecuatoriana.
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De entre los subempleados hay un millón y medio que son asalariados y que podrían ser afiliados al Seguro Social y tener seguridad contractual, si los empleadores cumplieran con un deber de justicia para sus colaboradores. No sabemos por qué el IESS no hace nada por captar a esta población para reforzar la captación de aportes que tanto necesita para no quebrar.
Formalizar en mayor medida a las relaciones laborales conviene a todos, porque incluso los países ricos que importan nuestros productos reclaman que haya protección social de los trabajadores concernidos.
No hacer nada es muy riesgoso porque el trabajador pobre es propenso a endeudarse sin tener ingresos seguros y permanentes. Entonces se multiplica la pobreza y muchos de ellos no pueden pagar deudas en bancos y cooperativas, impactando en el crecimiento de la cartera vencida y afectando a la solvencia institucional.
Estas situaciones son reales y deben ser atendidas por las élites económicas con nuevas inversiones que aumenten el número de empleados plenos y no solo con reinversiones de lo ya ganado en sus negocios. Y estas decisiones no deben depender ni esperar nada de los gobernantes que están entrampados en el subdesarrollo político que está implosionando la democracia ecuatoriana.
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