H
Hernán Panessi
Guest
En tiempos de evanescencia, en los que nuestras fotos, nuestra música y nuestros recuerdos más íntimos dependen de la estabilidad de una red de internet y del capricho de corporaciones, el retorno a lo analógico tiene que ver, entre otras cosas, con recuperar una forma de soberanía y ponderar el tacto como un sentido que nos devuelve al presente.
Las pantallas son, ante todo, un límite táctil, una frontera de vidrio frío que separa al sujeto de la materia, transformando la experiencia cultural en un flujo de luces y bytes que no pesan, no huelen y, fundamentalmente, no nos pertenecen. En este escenario en el que la existencia parece mediada por una suscripción mensual renovable o el capricho —frío, histérico y profundamente asimétrico— de ...
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