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Jenny Martínez
Guest
Francisco Miño para el Comercio
‘Anatomía de un instante’ (España), ‘Chespirito: Sin querer queriendo’ (México), ‘El Eternauta’ (Argentina) y ‘Las muertas’ (México) compiten por el Platino 2026 a Mejor Miniserie o Teleserie de Ficción o Documental. ¿De qué tratan y qué tiene cada una que vale la pena? Yo les cuento.
Con el boom del streaming, las series se convirtieron en el formato del momento. La pandemia aceleró el hábito, pero el fenómeno ya venía creciendo solo: de repente era posible ver una serie con calidad de cine que te tenía pegado al sillón todo un domingo, episodio tras episodio, sin poder parar. Y cuando una serie termina y te encanta, hay ese vacío extraño que no sabe uno muy bien cómo llenar.
Cuando uno ve que Ricardo Darín encabeza el reparto, ya sabe que algo bueno viene. Pero esta serie argentina de ciencia ficción superó cualquier expectativa. No le pide favor a nada que haya salido de Hollywood con diez veces más presupuesto.
En solo seis episodios pasan muchísimas cosas: una noche de verano en Buenos Aires, amigos jugando truco y tomando fernet, cuando empieza a caer una nieve misteriosa que mata al contacto con la piel. Los aparatos electrónicos dejan de funcionar.
La ciudad se vacía. El protagonista, Juan Salvo, sobrevive de milagro junto a unos pocos amigos, sin entender qué está pasando ni por qué, mientras busca desesperadamente a su hija. Ahí la historia da un giro que cambia todo y deja varios misterios abiertos para la segunda temporada, que ya fue confirmada.
No sé por dónde empezar a elogiarla. ¿La dirección de Bruno Stagnaro? ¿La actuación de Darín o la de Ariel Staltari? ¿La adaptación del guion basado en la novela gráfica de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, la más importante de la historia argentina? ¿Los efectos especiales? ¿La edición? Todo funciona al mismo nivel, y eso no es fácil. La música que aparece en escena, toda argentina, está elegidísima.
Y el trasfondo político y las metáforas que recorren la serie le dan una dimensión que va mucho más allá del género. Ojalá El Eternauta sea el hito que abra la puerta a una ciencia ficción latinoamericana de verdad, porque nuestra región tiene historias que contar y esta serie demuestra que también tiene cómo contarlas. Está nominada a mejor serie y Darín a mejor interpretación masculina. Muy merecido.
Luego está ‘Chespirito: Sin querer queriendo’, y aquí el asunto es más personal. Todos los latinoamericanos que crecimos con el Chavo y el Chapulín tenemos una relación afectiva con Roberto Gómez Bolaños que ninguna serie puede ignorar.
Esta producción mexicana no lo ignora: recorre la vida de Chespirito desde su infancia hasta la creación de los personajes que nos marcaron, con saltos temporales que exigen atención y que el espectador arme su propio rompecabezas.
Lo mejor de la serie, para mí, es Pablo Cruz en el papel de Chespirito adulto. No es solo el parecido físico, sino la habilidad para moverse entre las distintas caracterizaciones y equilibrar las escenas de comedia con las de drama.
Paulina Dávila, como Graciela, su esposa, también está muy sólida: es el personaje femenino mejor construido de la serie, con peso real en la historia. Y el diseño de vestuario de Liliana Arreola, quien ya trabajó en Narcos: México, es impecable, no solo por recrear los trajes icónicos de Quico o la Chilindrina, sino por transportarnos de verdad a los años setenta en cada escena.
Dicho eso, tengo mis reparos. El tratamiento de Doña Florinda y de Quico se siente exagerado hasta el punto de parecer una cuenta pendiente de los productores —hijos de Gómez Bolaños y Graciela— más que una decisión narrativa. Y en ese énfasis se pierden historias que me hubiera interesado ver: la construcción del Chompiras, del Botija, de otros personajes que también fueron parte de ese universo.
La serie compite con ‘El Eternauta’ en la categoría de mejor serie, y Juan Lecanda está nominado a mejor interpretación masculina de reparto por su Quico. Gran actuación, de las mejores de la serie, aunque la competencia es durísima.
Porque compite con Eduard Fernández, que hace de Santiago Carrillo en ‘Anatomía de un instante’, la joya española de esta edición. Basada en el libro de Javier Cercas, es uno de los acercamientos más rigurosos y complejos que se han hecho en la ficción española sobre el 23F, el intento fallido de golpe de Estado de 1981.
Alberto Rodríguez, que ya demostró su talento para los contextos políticos en ‘El hombre de las mil caras’, dirige una serie que logra algo difícil: hacer fresco y urgente un episodio histórico del que aparentemente ya se había dicho todo.
No cae en la nostalgia ni en el sensacionalismo. Lo que ofrece es un estudio humano, una inmersión en los dilemas éticos de tres figuras cruciales y una reflexión sobre la fragilidad de la democracia que, viendo cómo está el mundo hoy, no podría ser más pertinente.
La recreación de época es impecable en todos los sentidos: escenarios, vehículos, vestuario, y esos detalles de época como ver a la gente fumando dentro del Congreso. Álvaro Morte (el Profesor de La casa de papel) y Manolo Solo están muy bien, pero Fernández como Carrillo está, como decimos en Ecuador, “pepa” para ese papel. Esa pinta de viejo líder comunista es de otro nivel. La serie llega con 13 nominaciones, entre ellas mejor serie, mejor música original, mejor montaje y las de sus actores principales.
Y cerramos con ‘Las muertas’, otra representante mexicana que va a incomodar a más de uno, y está bien que así sea. Ni el escritor de terror más experimentado habría podido inventar lo que realmente ocurrió. La serie está basada en hechos reales: en los años sesenta, las hermanas Baladro, Serafina y Arcángela, construyeron un imperio de burdeles en México que derivó en explotación, secuestro y asesinato. Lo que empieza como un negocio termina en un patio trasero lleno de cuerpos.
El director Luis Estrada, conocido por su mirada feroz sobre México, no las presenta como monstruos desde el primer minuto. Las construye despacio, con capas, y eso es lo que hace que la serie duela más. Arcelia Ramírez y Paulina Gaitán están sencillamente brillantes: dos actuaciones valientes, sin red, que van perdiendo su brújula moral frente a cámara de una manera que es imposible no mirar. Prepárense para lo que viene, en serio.
Y sí, a pesar de la oscuridad del tema, hay humor negro y sátira, porque Estrada sabe que el horror y la risa conviven en México, y en toda Latinoamérica, con una naturalidad que asusta. La serie llega con cinco nominaciones, incluyendo mejor serie y las interpretaciones de Gaitán y de Leticia Huijara en el reparto.
El streaming nos cambió el hábito de ver televisión, pero lo que está pasando en Iberoamérica va más allá del formato. Estas cuatro series demuestran que la región tiene historias propias que contar, directores que saben cómo contarlas y actores que se la juegan de verdad. ‘El Eternauta’ abre la puerta a la ciencia ficción latinoamericana. Chespirito nos devuelve a nuestra infancia con sus luces y sus sombras. Anatomía de un instante recuerda que la democracia no se da por sentada. Y Las muertas pone el espejo frente a una violencia que no es solo historia, es presente.
El 9 de mayo en la Riviera Maya sabremos cuál se lleva el Platino. Pero mientras tanto, hay cuatro series esperándoles para este fin de semana. El domingo ya tienen plan.
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‘Anatomía de un instante’ (España), ‘Chespirito: Sin querer queriendo’ (México), ‘El Eternauta’ (Argentina) y ‘Las muertas’ (México) compiten por el Platino 2026 a Mejor Miniserie o Teleserie de Ficción o Documental. ¿De qué tratan y qué tiene cada una que vale la pena? Yo les cuento.
Con el boom del streaming, las series se convirtieron en el formato del momento. La pandemia aceleró el hábito, pero el fenómeno ya venía creciendo solo: de repente era posible ver una serie con calidad de cine que te tenía pegado al sillón todo un domingo, episodio tras episodio, sin poder parar. Y cuando una serie termina y te encanta, hay ese vacío extraño que no sabe uno muy bien cómo llenar.
A mí me pasó exactamente eso con ‘El Eternauta’
Cuando uno ve que Ricardo Darín encabeza el reparto, ya sabe que algo bueno viene. Pero esta serie argentina de ciencia ficción superó cualquier expectativa. No le pide favor a nada que haya salido de Hollywood con diez veces más presupuesto.
En solo seis episodios pasan muchísimas cosas: una noche de verano en Buenos Aires, amigos jugando truco y tomando fernet, cuando empieza a caer una nieve misteriosa que mata al contacto con la piel. Los aparatos electrónicos dejan de funcionar.
La ciudad se vacía. El protagonista, Juan Salvo, sobrevive de milagro junto a unos pocos amigos, sin entender qué está pasando ni por qué, mientras busca desesperadamente a su hija. Ahí la historia da un giro que cambia todo y deja varios misterios abiertos para la segunda temporada, que ya fue confirmada.
No sé por dónde empezar a elogiarla. ¿La dirección de Bruno Stagnaro? ¿La actuación de Darín o la de Ariel Staltari? ¿La adaptación del guion basado en la novela gráfica de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, la más importante de la historia argentina? ¿Los efectos especiales? ¿La edición? Todo funciona al mismo nivel, y eso no es fácil. La música que aparece en escena, toda argentina, está elegidísima.
Y el trasfondo político y las metáforas que recorren la serie le dan una dimensión que va mucho más allá del género. Ojalá El Eternauta sea el hito que abra la puerta a una ciencia ficción latinoamericana de verdad, porque nuestra región tiene historias que contar y esta serie demuestra que también tiene cómo contarlas. Está nominada a mejor serie y Darín a mejor interpretación masculina. Muy merecido.
Luego está ‘Chespirito: Sin querer queriendo’, y aquí el asunto es más personal. Todos los latinoamericanos que crecimos con el Chavo y el Chapulín tenemos una relación afectiva con Roberto Gómez Bolaños que ninguna serie puede ignorar.
Esta producción mexicana no lo ignora: recorre la vida de Chespirito desde su infancia hasta la creación de los personajes que nos marcaron, con saltos temporales que exigen atención y que el espectador arme su propio rompecabezas.
Lo mejor de la serie, para mí, es Pablo Cruz en el papel de Chespirito adulto. No es solo el parecido físico, sino la habilidad para moverse entre las distintas caracterizaciones y equilibrar las escenas de comedia con las de drama.
Paulina Dávila, como Graciela, su esposa, también está muy sólida: es el personaje femenino mejor construido de la serie, con peso real en la historia. Y el diseño de vestuario de Liliana Arreola, quien ya trabajó en Narcos: México, es impecable, no solo por recrear los trajes icónicos de Quico o la Chilindrina, sino por transportarnos de verdad a los años setenta en cada escena.
Dicho eso, tengo mis reparos. El tratamiento de Doña Florinda y de Quico se siente exagerado hasta el punto de parecer una cuenta pendiente de los productores —hijos de Gómez Bolaños y Graciela— más que una decisión narrativa. Y en ese énfasis se pierden historias que me hubiera interesado ver: la construcción del Chompiras, del Botija, de otros personajes que también fueron parte de ese universo.
La serie compite con ‘El Eternauta’ en la categoría de mejor serie, y Juan Lecanda está nominado a mejor interpretación masculina de reparto por su Quico. Gran actuación, de las mejores de la serie, aunque la competencia es durísima.
Porque compite con Eduard Fernández, que hace de Santiago Carrillo en ‘Anatomía de un instante’, la joya española de esta edición. Basada en el libro de Javier Cercas, es uno de los acercamientos más rigurosos y complejos que se han hecho en la ficción española sobre el 23F, el intento fallido de golpe de Estado de 1981.
Alberto Rodríguez, que ya demostró su talento para los contextos políticos en ‘El hombre de las mil caras’, dirige una serie que logra algo difícil: hacer fresco y urgente un episodio histórico del que aparentemente ya se había dicho todo.
No cae en la nostalgia ni en el sensacionalismo. Lo que ofrece es un estudio humano, una inmersión en los dilemas éticos de tres figuras cruciales y una reflexión sobre la fragilidad de la democracia que, viendo cómo está el mundo hoy, no podría ser más pertinente.
La recreación de época es impecable en todos los sentidos: escenarios, vehículos, vestuario, y esos detalles de época como ver a la gente fumando dentro del Congreso. Álvaro Morte (el Profesor de La casa de papel) y Manolo Solo están muy bien, pero Fernández como Carrillo está, como decimos en Ecuador, “pepa” para ese papel. Esa pinta de viejo líder comunista es de otro nivel. La serie llega con 13 nominaciones, entre ellas mejor serie, mejor música original, mejor montaje y las de sus actores principales.
Y cerramos con ‘Las muertas’, otra representante mexicana que va a incomodar a más de uno, y está bien que así sea. Ni el escritor de terror más experimentado habría podido inventar lo que realmente ocurrió. La serie está basada en hechos reales: en los años sesenta, las hermanas Baladro, Serafina y Arcángela, construyeron un imperio de burdeles en México que derivó en explotación, secuestro y asesinato. Lo que empieza como un negocio termina en un patio trasero lleno de cuerpos.
El director Luis Estrada, conocido por su mirada feroz sobre México, no las presenta como monstruos desde el primer minuto. Las construye despacio, con capas, y eso es lo que hace que la serie duela más. Arcelia Ramírez y Paulina Gaitán están sencillamente brillantes: dos actuaciones valientes, sin red, que van perdiendo su brújula moral frente a cámara de una manera que es imposible no mirar. Prepárense para lo que viene, en serio.
Y sí, a pesar de la oscuridad del tema, hay humor negro y sátira, porque Estrada sabe que el horror y la risa conviven en México, y en toda Latinoamérica, con una naturalidad que asusta. La serie llega con cinco nominaciones, incluyendo mejor serie y las interpretaciones de Gaitán y de Leticia Huijara en el reparto.
Cuatro series, una sola conclusión
El streaming nos cambió el hábito de ver televisión, pero lo que está pasando en Iberoamérica va más allá del formato. Estas cuatro series demuestran que la región tiene historias propias que contar, directores que saben cómo contarlas y actores que se la juegan de verdad. ‘El Eternauta’ abre la puerta a la ciencia ficción latinoamericana. Chespirito nos devuelve a nuestra infancia con sus luces y sus sombras. Anatomía de un instante recuerda que la democracia no se da por sentada. Y Las muertas pone el espejo frente a una violencia que no es solo historia, es presente.
El 9 de mayo en la Riviera Maya sabremos cuál se lleva el Platino. Pero mientras tanto, hay cuatro series esperándoles para este fin de semana. El domingo ya tienen plan.
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