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Redacción Universidad
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Los dioses del fútbol son implacables: el primer gol del Mundial 2026 lo consiguió, Julián Andrés Quiñones, un futbolista colombiano naturalizado mexicano, que nació a 3124 kilómetros de distancia de Ciudad de México, donde hoy anotó el primer tanto frente a Sudáfrica.
En los tiempos que corren en la actualidad, es imperdonable que el gol más simbólico lo haya logrado un inmigrante, dirían en Vox, pero así ha sido, por capricho e ironía del fútbol, que sabe reírse de los que niegan y excluyen.
Si fuera por la derecha, la ultraderecha y el fascismo galopante en América y Europa, Quiñones debería de estar desterrado, porque ningún inmigrante, dirían, ha de ursurpar el espacio de los nacionales. Gracias a que Javier Vasco Aguirre, el técnico de México, también sabe lo que es ganarse la vida fuera de su tierra –buena parte de su carrera la hizo como jugador y entrenador en España, lo mantuvo en el seleccionado azteca, a sabiendas de que el color de la piel — por cierto Quiñones es negro–, ni la procedencia, ni el lenguaje, definen a nadie.
Así que para aquellos que aplauden a los conservadores que siguen a Milei en Argentina; a Chaves y Fernández en Costa Rica; a Abascal, Ayuso y a Núñez Feijóo, en España, este es el peor gol que les pudo suceder, como diría Eduardo Galeano,.
Sí, Quiñones y su gol son la metáfora perfecta de un mundo interconectado y un mundo que debería operar sin fronteras, como sostendría desde su trinchera nuestro poeta Jorge Debravo.
Para colmo de los conservadores y los fascistas, Quiñones no se contentó con naturalizarse mexicano, sino que además en el presente juega en la Liga de Arabia Saudita, con el Qadisiyah Fútbol Club, en el otro lado del mundo del departamento en el que nació, en Nariño, en el extremo suroeste de Colombia.
Mientras Estados Unidos y Donald Trump humillan a la Selección de Irán, impidiéndole hospedarse en el territorio de su país, al tiempo que al árbitro Omar Abdulkadir Artan lo devolvían a Somalía, simplemente porque su nación está en la lista negra del mandatario norteamericano, los dios dioses del fútbol le entregaron los honores a un inmigrante para que hiciera el primer gol en la apertura magnada del Campeonato Mundial, para recordar, Diego Armando Maradona, que la pelota, nunca, nunca, se mancha.
*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.
https://www.youtube.com/@MORITAFUTBOL
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