La memoria del último linotipista se imprime contra el olvido en el MADC

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Ashley Quesada

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La linotipia no solo imprimió libros, periódicos y documentos oficiales. También sostuvo durante décadas buena parte de la circulación del conocimiento en Costa Rica. Hoy, cuando ese oficio parece desvanecerse entre la velocidad de lo digital, el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) abre un espacio para mirar de frente a uno de sus últimos portadores: don Eduardo Martínez.

La exposición El último linotipista, prácticas impresas de San José abrió al público desde este 2 de julio y nace de una investigación desarrollada por Taller VeinteVeinte, que desde hace años trabaja alrededor de las técnicas de impresión y de la memoria de los oficios gráficos. Su propósito, según explicaron sus investigadoras, fue construir un homenaje, pero también un archivo vivo sobre una práctica que ayudó a dar forma a la cultura escrita del país.

“Desde hace unos dos años aplicamos para otra beca con prácticamente la misma idea. Al no ser elegidos optamos por desarrollar de todas maneras por nuestra cuenta”, contó Daniela Watson Morúa.

“Habíamos imaginado algunas posibilidades, pero siempre imaginamos que fuera sobre don Eduardo Martínez, ya que desde hace años le conocemos y sabíamos que era el último en su oficio”.

Watson recordó que conocieron a Martínez en 2018, cuando recién iniciaban en el mundo de la impresión como Taller 20/20. Desde entonces, afirmó, el linotipista no solo les abrió las puertas de su taller, sino que también los impulsó a seguir aprendiendo desde la curiosidad y la admiración.

La investigación no se limitó a documentar una técnica, ya que además buscó explicar por qué el linotipista ocupó un lugar central en la historia de las imprentas. “El oficio de linotipista era uno de los más respetados en el entorno de las imprentas, solía requerir de personal muy capacitado y además, era indispensable leer y escribir en una época donde eso era un privilegio al que no todas las personas podían tener acceso”, señaló Watson. “Este oficio dio pie a múltiples manifestaciones del lenguaje escrito, en la educación, como material de difusión, en el entorno editorial, la cultura y el comercio”.

Esa misma dimensión histórica, precisamente es una de las razones por las que el proyecto dejó de ser solo una investigación autogestionada y pasó a convertirse en exposición.

Para Watson, la muestra es también una advertencia. “La muestra es un manifiesto en sí mismo de que los oficios desaparecen cuando dejamos de darles la importancia que merecen”, afirmó. “Llegan a ser tan cotidianos que no los apreciamos”.

Aun así, insistió en que no se trata de una historia cerrada ni de un oficio completamente extinto. “Hay una comunidad entera que sigue trabajando y viviendo desde los oficios, haciendo los formularios, los porta títulos de las graduaciones, las hojas membretadas, entre otros documentos de nuestro día a día”, dijo.

“Todos y todas están representadas en la figura de un último linotipista, pero son muchos y muchas quienes siguen resistiendo dignamente pese a las transformaciones en los medios y las tecnologías, en el offset, el fotograbado, la flexografía, los sellos y muchos otros”.

La curadora adjunta del Ministerio de Cultura y Juventud, Imme Hüttmann, explicó que la selección del proyecto dentro de los Fondos Concursables de la Sala 1.1 del MADC responde también a una apuesta institucional por visibilizar el diseño desde otra perspectiva. “A partir de 2026 el MADC está fortaleciendo la corriente de diseño que conforma la ‘D’ en el MADC”, indicó. “En este caso estamos felices de que se haya seleccionado un proyecto que nos permite integrar la investigación y documentación como uno de los elementos del diseño muchas veces desconocido”.

Hüttmann sostuvo que la exposición abre una puerta poco explorada en el país: la historia del diseño entendida no solo desde el resultado final, sino desde los procesos, las manos y los saberes que lo hacen posible. “Conocemos el diseño desde el producto hecho, a veces desde el proceso, pero rara vez desde la documentación de algo que está comenzando a desaparecer”, añadió.

La curadora también destacó el papel del Taller VeinteVeinte como un colectivo que ha sostenido por años técnicas de impresión alternativas. A su juicio, esa trayectoria le da fuerza al proyecto y permite que la exposición dialogue con una labor más amplia de preservación cultural.

En la muestra, el público encontrará un mapa hecho en serigrafía, una línea de tiempo dibujada a mano, una infografía sobre el funcionamiento de la máquina de linotipos, textos curatoriales impresos en papeles de gran formato, copias que podrán llevarse y una recreación parcial del taller de Martínez. También habrá retratos y materiales que reconstruyen el ambiente de trabajo de un oficio que, aunque fue clave en la historia editorial, suele quedar fuera de los relatos oficiales.

“Nos interesó desde esa posibilidad hacer que no solo personas relacionadas al mundo del diseño conocieran otras posibilidades, sino que las personas que han dedicado su vida a un oficio como medio de substistencia se vieran también reflejadas en un Museo”, señaló Watson. Para ella, ese gesto tiene un peso simbólico importante: “un espacio que finalmente es un espacio que respalda en esos oficios el aporte a la cultura y al diseño en este país que debe ser reivindicado”.

La exposición también busca dejar una reflexión sobre el vínculo entre las personas y los oficios que sostienen la vida cotidiana. Hüttmann deseó que el público no solo salga con información sobre la linotipia, sino con una idea más profunda sobre quienes mantienen vivos esos saberes. Recordó que en japonés existe el término shokunin para referirse a personas devotas a un oficio, al perfeccionamiento de sus habilidades y a un compromiso fuerte con su práctica y con la sociedad.

En ese sentido, El último linotipista, prácticas impresas de San José no se presenta solo como una exposición sobre una técnica en desaparición, sino como una defensa de la memoria material del país.

Entre tipos, tinta y papeles de gran formato, la muestra propone una pregunta de fondo: qué se pierde cuando un oficio desaparece, y qué queda de una sociedad que deja de mirar a quienes sostuvieron, desde el trabajo manual, gran parte de su historia impresa.

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