La maquinaria digital de Nayib Bukele se expande por América Latina, según The New Yorker

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Marcos Vaca

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Nayib Bukele no necesita aparecer en una papeleta electoral para influir en unas elecciones. Sus videos, sus cárceles, su lenguaje y la promesa de recuperar el control frente al crimen ya forman parte de campañas políticas fuera de El Salvador.

Un reportaje publicado por The New Yorker este 18 de agosto de 2026 analiza cómo la maquinaria de contenidos construida alrededor del presidente salvadoreño está modificando la conversación política en América Latina.

El texto, escrito por el periodista Daniel Castro, utiliza la reciente elección presidencial de Colombia para mostrar que el llamado modelo Bukele no se exporta solamente mediante leyes, cárceles o estados de excepción. También viaja a través de videos, símbolos, influenciadores y mensajes diseñados para convertir la seguridad en una experiencia emocional.

Colombia eligió presidente bajo la sombra de Bukele


Las celebraciones por la elección de Abelardo de la Espriella parecían, en algunos sectores de Medellín, las de un partido de fútbol. Hubo bocinas, vuvuzelas, camisetas amarillas y personas golpeando cacerolas desde los balcones.

De la Espriella ganó la segunda vuelta presidencial del 21 de junio de 2026 con el 49,66 % de los votos. Iván Cepeda obtuvo el 48,70 %, según los resultados oficiales.

El nuevo mandatario colombiano, un abogado penalista sin experiencia previa en cargos públicos, construyó su campaña alrededor de una marca personal agresiva. Se presentó como “El Tigre”, utilizó imágenes del animal generadas con inteligencia artificial y convirtió la camiseta amarilla de la selección colombiana en un símbolo de su movimiento.

La estrategia combinó nacionalismo, confrontación política y promesas de mano dura contra el crimen. De la Espriella expresó públicamente su admiración por Bukele y llegó a decir que el presidente salvadoreño parecería moderado frente a las medidas que él estaba dispuesto a aplicar.

The New Yorker sostiene que esta narrativa encontró terreno fértil en el deterioro de la seguridad durante el Gobierno de Gustavo Petro. Su política de “Paz Total” intentó negociar simultáneamente con diferentes grupos armados, pero no consiguió reducir su presencia territorial.

Según los datos recogidos por el reportaje, los homicidios alcanzaron su nivel más alto de los últimos tres gobiernos y el número de integrantes de organizaciones armadas aumentó un 90 % durante la administración de Petro.

El temor personal puede pesar más que la ideología


La reportería de Daniel Castro muestra que la admiración por Bukele no se limita a los votantes de derecha.

Un barbero de Medellín, identificado como Jhonatan, le contó que tenía posiciones progresistas sobre educación y salud. Sin embargo, había pasado tres días encerrado en la casa de sus abuelos durante un ataque guerrillero y, cuando salió, encontró cadáveres en las calles.

Esa experiencia influyó en su respaldo a De la Espriella. Para él, los videos de Bukele representaban algo más poderoso que una propuesta electoral: la posibilidad de que un gobernante eliminara el miedo que había marcado su infancia.

El periodista relata que encontró reacciones parecidas entre ciudadanos de México, República Dominicana y Venezuela. La frase que escuchó repetidamente fue sencilla: “Ojalá tuviéramos un presidente así”.

Esta dimensión permite entender por qué las denuncias sobre autoritarismo o vulneraciones al debido proceso tienen menor efecto entre parte de la audiencia. La promesa de vivir sin miedo se conecta con experiencias personales que no siempre pasan por una identificación ideológica.

Los videos de Bukele entraron en la campaña colombiana


Durante la campaña, Iván Cepeda cuestionó las políticas de Bukele y afirmó que había convertido a El Salvador en una enorme prisión.

La respuesta ocurrió principalmente en las plataformas digitales. Cuentas favorables a De la Espriella difundieron imágenes del Centro de Confinamiento del Terrorismo, conocido como Cecot, y presentaron las críticas de Cepeda como una muestra de debilidad frente al crimen.

Los videos también circularon por WhatsApp, fuera de las cuentas oficiales y de los espacios tradicionales de información. De la Espriella se reunió con WestCOL, uno de los streamers más populares de Colombia, y defendió abiertamente la aplicación de una estrategia inspirada en Bukele.

Castro incluso encontró en un mercado de Medellín un retrato del presidente salvadoreño. La banda presidencial de El Salvador había sido reemplazada por los colores de Colombia.

El estratega político Julián Kanarek explicó al periodista que el populismo de derecha no es nuevo en Colombia. Lo novedoso es que un país pequeño de Centroamérica consiga imponer una de las principales narrativas de una campaña presidencial sudamericana.

Cómo funciona la maquinaria digital de Nayib Bukele


La estrategia comunicacional de Bukele no depende únicamente de sus perfiles personales. Combina producción audiovisual, medios estatales, cuentas anónimas, influenciadores, plataformas digitales y una distribución que continúa en WhatsApp, YouTube y TikTok.

Una investigación publicada por Reuters en 2022 entrevistó a tres antiguos contratistas que aseguraron haber trabajado en estructuras dedicadas a crear respaldo ficticio, amplificar mensajes oficiales y atacar a periodistas y opositores.

Los trabajadores describieron el uso de cientos de cuentas anónimas y automatizadas. Parte de su labor consistía en elogiar las decisiones presidenciales, desacreditar a los críticos y denunciar sus publicaciones para intentar que las plataformas suspendieran sus perfiles.

Reuters también accedió a un documento interno del Departamento de Estado de Estados Unidos que analizaba la estrategia de comunicación salvadoreña. El informe advertía sobre la difusión masiva de propaganda, la deslegitimación de la prensa y la ocupación del espacio público digital.

La Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia de El Salvador no respondió entonces a las preguntas de la agencia sobre las denominadas granjas de troles.

Bukele dirige personalmente sus escenas y videos


La maquinaria no funciona al margen de Bukele. El mandatario participa directamente en la construcción de su imagen.

Damian Merlo, lobista estadounidense y asesor de política exterior del presidente salvadoreño, explicó a The New Yorker que aproximadamente el 90 % de las decisiones sobre contenidos proviene del propio Bukele. El resto correspondería principalmente a su hermano Karim.

Bukele propone escenas, revisa videos y modifica las explicaciones de los funcionarios cuando considera que no transmiten el mensaje adecuado.

Uno de los primeros ejemplos de esa capacidad ocurrió en 2019. Durante su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, Bukele se tomó una fotografía desde el podio y sostuvo que esa imagen sería vista más veces que los discursos pronunciados durante la jornada.

La escena parecía desafiar la solemnidad de la ONU, pero anticipó una característica de su comunicación: el acontecimiento político pierde importancia frente a la imagen capaz de circular.

El Cecot se convirtió en un escenario audiovisual


El Cecot es el principal símbolo visual de esa estrategia.

Los videos oficiales no se limitan a documentar una visita presidencial. Utilizan tomas aéreas, caravanas de vehículos negros, iluminación intensa, formaciones militares y recorridos cuidadosamente organizados.

Bukele aparece como la autoridad que inspecciona, pregunta y aprueba. Los funcionarios lo esperan en posición formal y las explicaciones se ajustan al relato presidencial.

Las imágenes de presos tatuados, con la cabeza rapada y encerrados bajo luces blancas, han recorrido el mundo. La culpabilidad individual, los procesos judiciales y las condiciones de detención quedan fuera del encuadre.

En 2024, el youtuber mexicano Luisito Comunica recorrió el Cecot. El video superó los 70 millones de reproducciones, según The New Yorker. Uno de sus comentarios más populares sostenía que todos los países de América Latina necesitaban una prisión semejante.

Ese resultado muestra una de las fortalezas de la estrategia. El mensaje oficial deja de circular únicamente como propaganda gubernamental y se transforma en entretenimiento producido por creadores con audiencias internacionales.

La comunicación también muestra una cara amable


La imagen de Bukele no está construida exclusivamente con uniformes, soldados y cárceles.

Su comunicación intercala los operativos de seguridad con contenidos sobre infraestructura, tecnología, animales, cooperación internacional y espacios públicos.

The New Yorker destaca el video en el que Nayib y Karim Bukele recorren la Biblioteca Nacional de El Salvador. El edificio, abierto durante las 24 horas, representa la imagen de un país moderno y conectado con el mundo.

Bukele vinculó inmediatamente su funcionamiento con la seguridad. La biblioteca podía permanecer abierta, argumentó, porque el país ya era seguro.

La misma lógica aparece en los contenidos sobre rescate de perros y gatos abandonados. El gobernante que muestra a presuntos pandilleros sometidos en una prisión también aparece acariciando animales y hablando de evitar la crueldad.

La combinación amplía su atractivo. Bukele no se presenta solo como el mandatario que castiga, sino como el líder que protege, moderniza y devuelve a los ciudadanos la posibilidad de utilizar los espacios públicos.

Estados Unidos redujo sus críticas por la migración


El reportaje también analiza por qué la respuesta de Estados Unidos perdió fuerza mientras aumentaba la influencia regional de Bukele.

Enrique Roig, antiguo funcionario del Departamento de Estado durante la administración de Joe Biden, aseguró que la Casa Blanca pidió moderar las críticas públicas contra El Salvador. Washington necesitaba la cooperación de ese país para controlar los flujos migratorios hacia su frontera.

Roig considera ahora que esa decisión fue un error y que permitió que otros gobiernos comenzaran a adoptar elementos de la misma estrategia.

Juan González, antiguo director para el hemisferio occidental del Consejo de Seguridad Nacional, ofreció una interpretación diferente. A su criterio, una condena más fuerte tampoco habría modificado las decisiones de Bukele.

El respaldo interno del presidente salvadoreño depende de la reducción de los homicidios, no de la opinión de Washington. Esa legitimidad doméstica disminuyó la capacidad de presión estadounidense.

La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca fortaleció todavía más los vínculos. El Salvador aceptó recibir en el Cecot a deportados enviados desde Estados Unidos, mientras Bukele consolidó sus relaciones con figuras del movimiento MAGA.

Ecuador forma parte de la expansión regional


The New Yorker incluye a Ecuador entre los países en los que la figura de Bukele influyó en campañas presidenciales exitosas. El reportaje no presenta evidencia de coordinación directa ni sostiene que exista una copia completa de su sistema.

Daniel Noboa también ha rechazado públicamente la comparación. En una entrevista publicada en 2024, aseguró que su respuesta contra el crimen organizado contó con la intervención de las funciones del Estado y se diferenció de la concentración de poder atribuida a Bukele.

Sin embargo, existen semejanzas en el lenguaje de la seguridad. El Gobierno de Noboa declaró la existencia de un conflicto armado interno, desplegó militares, construyó una prisión de máxima seguridad y difundió imágenes de los operativos como demostraciones de autoridad.

En noviembre de 2025, el Gobierno trasladó a 300 presos a la cárcel del Encuentro, en Santa Elena. Las fotografías mostraron a los detenidos con uniformes anaranjados, cabezas rapadas y rodeados por militares.

Las imágenes provocaron comparaciones con las producidas en el Cecot. En el caso ecuatoriano, por tanto, la influencia puede identificarse con mayor claridad en la representación visual de la autoridad que en la aplicación de un sistema político idéntico.

Chile, Perú y Brasil también miran hacia El Salvador


El fenómeno se extiende por la región.

Una encuesta de 2025 citada por The New Yorker encontró que el 46 % de los participantes en Chile quería que el siguiente presidente gobernara como Bukele. José Antonio Kast ganó posteriormente las elecciones.

En agosto de 2026, el Gobierno chileno difundió videos del traslado de cerca de 300 presos a una cárcel de máxima seguridad. Las grabaciones fueron acompañadas con canciones de NSYNC, Metallica y Rage Against the Machine, una puesta en escena que volvió a ser comparada con la comunicación salvadoreña.

En Brasil, dirigentes de derecha visitaron el Cecot y propusieron construir nuevas cárceles de máxima seguridad. Entre ellos está Flávio Bolsonaro, uno de los aspirantes que buscan enfrentar a Luiz Inácio Lula da Silva en las elecciones de octubre de 2026.

En Perú, Keiko Fujimori incorporó durante su campaña la construcción de megacárceles y la militarización de las fronteras. Colombia, por su parte, comenzó el nuevo gobierno con un discurso presidencial pronunciado desde una base militar atacada por grupos armados.

El elemento común no es una legislación idéntica. Es una forma de presentar el poder: cárceles, uniformes, despliegues militares y gobernantes que ofrecen respuestas rápidas frente a una violencia prolongada.

La reducción de la violencia sostiene la popularidad de Bukele


La capacidad de comunicación no explicaría por sí sola el fenómeno. Bukele conserva un fuerte respaldo porque El Salvador experimentó una reducción sustancial de los homicidios y de la presencia visible de las pandillas.

Incluso opositores al Gobierno reconocen que muchas comunidades dejaron de vivir bajo el temor cotidiano impuesto por esos grupos.

Esta transformación permite que gran parte de la población considere secundarias las denuncias sobre detenciones arbitrarias, debilitamiento institucional o concentración del poder.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos reconoció la reducción de la violencia reportada por el Estado, pero cuestionó la extensión indefinida del régimen de excepción.

Hasta julio de 2025, más de 88 000 personas habían sido detenidas desde que comenzó la medida. Organizaciones de la sociedad civil documentaron alrededor de 7 000 posibles vulneraciones de derechos y más de 400 muertes bajo custodia estatal, según recogió la CIDH.

El Estado salvadoreño rechazó categóricamente esas acusaciones. Aseguró que las denuncias no habían sido confirmadas por mecanismos internacionales y defendió el régimen como una respuesta constitucional a la violencia de las pandillas.

La maquinaria digital también protege la concentración de poder


La controversia dejó de limitarse a la seguridad.

En julio de 2025, la Asamblea Legislativa, controlada por Nuevas Ideas, aprobó una reforma constitucional que permite la reelección presidencial indefinida, extiende el mandato de cinco a seis años y elimina la segunda vuelta electoral.

En julio de 2026, el partido oficialista nominó a Bukele para buscar un tercer mandato en las elecciones de febrero de 2027.

Organizaciones de derechos humanos, periodistas y opositores sostienen que las reformas profundizan la concentración del poder. El oficialismo argumenta que deben ser los salvadoreños quienes decidan en las urnas la continuidad del mandatario.

La comunicación digital ayuda a resolver esa tensión a favor de Bukele. En sus contenidos, la discusión no suele presentarse como una elección entre seguridad, democracia y derechos. Se reduce a una comparación más inmediata entre el país violento del pasado y el país controlado del presente.

El modelo Bukele enfrenta límites fuera de El Salvador


Colombia muestra tanto la fuerza como las limitaciones de este modelo.

De la Espriella gobierna un país territorialmente más grande, con guerrillas, organizaciones narcotraficantes, estructuras armadas regionales y un Congreso en el que enfrenta una oposición considerable.

El Salvador pudo concentrar su estrategia contra dos grandes estructuras pandilleras en un territorio pequeño. Colombia, Ecuador, Brasil y México enfrentan mercados criminales internacionales, zonas fronterizas extensas y organizaciones con capacidad para reemplazar rápidamente a sus integrantes.

Por esa razón, reproducir las imágenes es más sencillo que reproducir los resultados.

La mayor exportación de Bukele no es una cárcel ni un decreto. Es una historia política diseñada para las plataformas digitales: una sociedad sometida por el miedo, un líder que recupera el control y unas imágenes que presentan ese resultado como indiscutible.

Mientras la inseguridad siga dominando la vida de millones de latinoamericanos, esa historia conservará su capacidad de obtener votos, reproducciones y seguidores. El debate está en aquello que las imágenes dejan fuera: el debido proceso, los controles democráticos y el costo institucional de convertir la seguridad en una concentración permanente de poder.


El Salvador, preguntas frecuentes​

❓ ¿Qué es la maquinaria digital de Nayib Bukele?
Es un ecosistema de cuentas oficiales, producción audiovisual, medios estatales, influenciadores y redes de amplificación que difunde las políticas del Gobierno salvadoreño.

❓¿Por qué el modelo de Nayib Bukele tiene influencia regional?
Porque conecta con sociedades afectadas por la inseguridad y presenta respuestas de autoridad mediante videos y mensajes fáciles de comprender y compartir.



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