La innovación, convertir el conocimiento en futuro (Parte 3)

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Jenny Martínez

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El Ecuador posee campos donde conocimiento y necesidad pueden encontrarse. Su biodiversidad ofrece posibilidades para la bioeconomía, la agricultura, los alimentos, la medicina y los materiales, siempre que la investigación respete a las comunidades y los ecosistemas. El clúster camaronero constituye una prueba concreta de cómo la investigación, la tecnología, la sanidad, la genética, la nutrición y la coordinación empresarial pueden transformar una ventaja natural en una actividad exportadora competitiva. La ubicación del país y sus puertos pueden apoyar, además, la logística y el comercio. Sus recursos energéticos permiten pensar en eficiencia, renovables y nuevas cadenas productivas.

El agua constituye otro espacio evidente. La gestión de cuencas, riego, potabilización, medición, reutilización y control de pérdidas necesitan tecnologías adaptadas a territorios diversos. No se trata solamente de importar equipos, sino de producir información, formar técnicos y diseñar modelos de operación sostenibles.

La agricultura ecuatoriana contiene conocimiento acumulado en productores y comunidades. Sensores, pronósticos, genética, trazabilidad y plataformas comerciales pueden ampliarlo, pero la innovación fracasará si ignora tamaño de parcelas, conectividad, crédito y confianza. La solución técnicamente elegante debe caber dentro de la vida real de quien la utilizará.

La biodiversidad plantea una responsabilidad especial. Investigar sus posibilidades sin protegerla puede destruir la fuente misma de conocimiento. El país necesita reglas claras para acceso a recursos genéticos, propiedad intelectual, participación en beneficios y colaboración científica. La conservación puede convertirse en actividad productiva cuando el valor depende de mantener vivo el ecosistema, no de agotarlo.

La minería y el petróleo también necesitan innovación. Mientras formen parte de nuestra economía, debemos mejorar la seguridad, la eficiencia, la recuperación de recursos, el monitoreo ambiental y la transparencia. En el caso de la minería, el Ecuador debe ampliar responsablemente la frontera de la actividad legal hacia zonas técnicamente identificadas y ambientalmente viables, con concesiones transparentes, controles efectivos y una presencia permanente del Estado. Ampliar esa frontera no significa habilitar indiscriminadamente todo el territorio. La alternativa no es mantenerlo intacto, sino dejar con frecuencia un vacío que termina siendo ocupado por la minería ilegal. Eso es precisamente lo que ha ocurrido en diversas zonas del Ecuador: la ausencia prolongada de una actividad legal y de una presencia estatal efectiva permitió que organizaciones ilegales ocuparan el territorio, consolidaran economías clandestinas y adquirieran un poder que ahora resulta extraordinariamente difícil revertir.

La actividad legal puede ser fiscalizada, está obligada a cumplir normas laborales y ambientales, paga impuestos y regalías, debe remediar los daños ocasionados y permite establecer la trazabilidad de lo extraído. La ilegalidad, por el contrario, desconoce todos esos límites: contamina, explota a los trabajadores, destruye comunidades, evade obligaciones y financia redes criminales. Formalizar y extender de manera ordenada la minería responsable no eliminará por sí solo esas actividades, pero puede reducir el espacio económico y territorial en el que prosperan. La discusión no debería limitarse a extracción contra conservación, sino preguntarse bajo qué condiciones el aprovechamiento de los recursos puede disminuir impactos, proteger a las poblaciones y generar capacidades que sobrevivan al agotamiento del recurso. La legalidad no solo regula una actividad económica; también constituye una forma de presencia territorial del Estado.

Las ciudades ofrecen otro laboratorio. Movilidad, residuos, seguridad, construcción y servicios pueden beneficiarse de datos y nuevas formas de organización. Pero una ciudad inteligente no es aquella llena de cámaras y sensores; es aquella que utiliza información para servir mejor, protege privacidad y permite al ciudadano comprender cómo se toman decisiones.

La economía circular, tema que desarrollé extensamente en El mundo en que vivirán nuestros hijos, continúa siendo una frontera importante. El modelo lineal de extraer, producir, usar y desechar desperdicia materiales y energía. Innovar significa diseñar productos reparables, recuperar componentes, utilizar residuos como insumos y desarrollar modelos donde el valor dependa menos del volumen consumido.

La circularidad no se alcanza mediante una campaña de reciclaje aislada. Requiere diseño, logística, información, estándares, mercados para materiales secundarios y responsabilidad entre productores y consumidores. También necesita reconocer límites: no todo puede reciclarse indefinidamente y algunos procesos consumen más recursos de los que recuperan.

El Ecuador puede encontrar oportunidades en residuos agrícolas, biomasa, construcción, plásticos, agua y reparación. Numerosas solluciones podrían desarrollarse desde pequeñas empresas y gobiernos locales. Para escalar necesitarán reglas estables, compras responsables y acceso a financiamiento.

El talento ecuatoriano ya innova, aunque muchas veces lo hace lejos del siste,a. Emprendores resuelven pagos, logística, agricultura, educación y comercio; técnicos adaptan maquinaria; comunidades gestionan recursos; invetigadores producen conocimiento con presupuestos limitados. El problema no es ausencia total de iniciativa, sino su fragmentación.

Las conexiones son débiles. La universidad desconoce problemas empresariales; la empresa no sabe qué investiga la universidad; el inversionista no encuentra proyectos prepardos; el emprendedor se pierde en trámites; y el Estado diseña programas sin continuidad. Cada actor existe, pero el ecosistema no termina de formarse ni engranar.

Construirlo no requjiere una institución que controle a toda las demás. Requiere plataformas de encuentro, reglas claras y estables, así como responsabilidades. Las cámaras pueden identificar desafíos; las universidades convocar equipos; el Estado abrir datos y compras; los fondos evaluar riesgo; y las empresas ofrecer lugares de prueba.

Los desafíos de innovación pueden ser útiles. Una entidad pública o empresa plantea un problema concreto, publica datos y criterios, y convoca soluciones. Los equipos seleccionados reciben apoyo para desarrollar prototipos y probarlos. La continuidad depende de resultados, no de relaciones políticas.

Las incubadoras y aceleradoras cumplen una función cuando aportan mentoría, clientes, capital y redes. Si se limitan a ofrecer oficinas y conferencias, producen actividad sin impacto. El éxito no debe medirse por el número de eventos o proyectos inscritos, sino por soluciones adoptadas, empresas sostenibles y capacidades desarrolladas.

El financiamiento ecuatoriano necesita mayor diverisadad. El crédito seguirá siendo importante, pero no es adecuado para todo emprendimiento. Los mecanismos de capital deben contar con reglas tributarias, societarias y de protección a inversionistas que permitan asumir riesto sin abrir espacios al abuso.

El dinero público puede convertir cuando existe una falla de mercado, especialmente en investigación temprana o sectores estratégicos. Pero debe hacerlo mediante procesos competitivos, evaluadores independientes, desembolsos por etapas y transparencia sobre resutaldos. Financiar innovacion no significa protefer indefinidamente a quienes no avanzan.

La escala regional ofrece otra posibilidad. Ecuador no necesita construir solo cada mercado, laboratorio o fondo. La cooperación con países latinoamericanos puede compartir infraestructura, homologar estándares y conectar empresas. Las relaciones con Israel, Suiza, Estados Unidos, Europa y Asia pueden aportar conocimiento si se organizan alrededor de proyectos concretos y no únicamente de declaraciones.

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