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Graciana Ravelo
Guest
La realidad de las futbolistas uruguayas choca contra un sistema que les niega transporte, infraestructura, visibilidad y respeto, mientras el relato oficial vende un avance maquillado por el marketing.
Nadie juega sola al fútbol, nadie escribe sola una obra. Es una verdad de perogrullo que, en el contexto del fútbol femenino uruguayo, adquiere la fuerza de un manifiesto insoslayable. El césped, cuando lo hay, y el barro, cuando la infraestructura cede ante la desidia, son testigos mudos de un esfuerzo que trasciende lo puramente deportivo para convertirse en un acto de resistencia colectiva. En ...
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