J
Jenny Martínez
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Ha concluido el prolongado paréntesis que, sin eliminar por completo las tragedias mundiales y nacionales, brindó espacios de una paz transitoria, de fraternidad, solidaridad, esperanza, alegría y resignación. En la vida nacional han sido escasos los sucesos que aglutinaron y unieron a la población en una causa común: un evento bélico y la participación de la selección nacional de fútbol en su clasificación al campeonato mundial.
Los pequeños recesos han culminado y volvemos a enfrentarnos a la horrible realidad que ha transformado a nuestro país en uno de los más peligrosos y corruptos del mundo. La moral y la ética se han extinguido, el crimen, el narcotráfico y la degeneración de jueces, fiscales, militares y policías son los matices del medio que nos rodea.
Es momento de recuperar los valores individuales y colectivos de nuestra nación. Para ello, debemos respaldar toda iniciativa orientada a promover la paz, la seguridad y el progreso de todos los habitantes.
La obscuridad que nos invade ha sido combatida sin éxito por muchos patriotas que se esforzaron por encontrar el remedio a la problemática nos azota. Es oportuno recordar el pensamiento de Benjamín Carrión “si no podemos ser una potencia militar ni económica, podemos ser en cambio una potencia cultural”
La cultura y la educación son ejes del cambio que el Ecuador anhela. Para acercarnos a esa meta, es necesario preservar y renovar nuestras tradiciones y expresiones artísticas pluriculturales, nutridas por tres raíces principales: la indígena, la afroecuatoriana y la mestiza, fruto de la fusión de lo hispánico y lo nativo.
Nuestro vasto patrimonio cultural, compuesto por 1,2 millones de bienes, permanece disperso en bodegas y espacios inadecuados e inseguros para su conservación y exhibición. Es necesaria la construcción de un museo que los proteja y los presente junto al relato histórico de la vida y las costumbres de los pueblos y culturas ancestrales de nuestra nacionalidad.
En sintonía con esta necesidad, el Gobierno del Ecuador convocó a un concurso internacional para diseñar el Museo Nacional (MUNA) y encargó al Colegio de Arquitectos de Pichincha la coordinación técnica del proceso. Se definieron las bases, el cronograma, los criterios de evaluación y se constituyó el jurado. Participaron 148 equipos nacionales e internacionales, de los cuales veinte pasaron a la segunda etapa. Finalmente se presentaron 17 propuestas. El jurado, conformado por profesionales nacionales e internacionales de alto nivel, las examinó conforme a las reglas establecidas y emitió un fallo que el Gobierno anunció públicamente. Aunque los participantes aceptaron el resultado, surgieron fuertes críticas en redes sociales que influyeron en un cambio de postura oficial. Un representante del Gobierno anunció entonces una nueva selección con participación ciudadana mediante votación; mecanismo que no constaba en las bases originales del concurso. Se invitó a los equipos finalistas a participar en esta nueva evaluación; sin embargo, varios grupos nacionales e internacionales, que habían realizado trabajos meticulosos, serios y costosos, se sintieron burlados y decidieron no continuar con su participación.
Pese a la idoneidad y credibilidad de los delegados del Colegio de Arquitectos, que garantizaron la transparencia del concurso inicial, se abrió un nuevo proceso, con otro jurado y una metodología distinta. Este cambio preocupa a muchas personas vinculadas con la cultura y a la ciudadanía en general, pues se ha señalado que algunos integrantes del nuevo jurado podrían mantener conflictos de interés con poderosas empresas inmobiliarias interesadas en acomodar la creación del Museo Nacional hacia sus futuros beneficios económicos.
Lo ocurrido resta seriedad a la postura gubernamental, al cancelar y modificar un concurso de alcance internacional sin razones suficientemente convincentes. Por el prestigio del país ante la comunidad cultural, es indispensable aclarar las motivaciones de estos cambios inesperados.
Si nos calificamos de demócratas y si invitamos a una limitada participación popular, no olvidemos que la democracia se construye con liderazgos claros y transparentes. El respeto al ordenamiento jurídico preestablecido es la única garantía real de cualquier proceso, más aún de aquel que se ha publicitado profusamente.
Hemos conocido un proyecto extraordinario que, por dignidad de sus creadores, lamentablemente, no volverá a concursar. El gran perdedor es el país. Concretemos el propósito de fortalecer a la cultura como fuente de progreso, paz y unidad. Demos un paso adelante e impulsemos la creación del MUNA, Museo Nacional, como paso inicial para alcanzar el anhelado desarrollo cultural. Que la cultura una a todos los habitantes del país y se convierta en un vínculo de solidaridad y cohesión, como alguna vez lo fueron una guerra y una campaña futbolística.
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Los pequeños recesos han culminado y volvemos a enfrentarnos a la horrible realidad que ha transformado a nuestro país en uno de los más peligrosos y corruptos del mundo. La moral y la ética se han extinguido, el crimen, el narcotráfico y la degeneración de jueces, fiscales, militares y policías son los matices del medio que nos rodea.
Es momento de recuperar los valores individuales y colectivos de nuestra nación. Para ello, debemos respaldar toda iniciativa orientada a promover la paz, la seguridad y el progreso de todos los habitantes.
La obscuridad que nos invade ha sido combatida sin éxito por muchos patriotas que se esforzaron por encontrar el remedio a la problemática nos azota. Es oportuno recordar el pensamiento de Benjamín Carrión “si no podemos ser una potencia militar ni económica, podemos ser en cambio una potencia cultural”
La cultura y la educación son ejes del cambio que el Ecuador anhela. Para acercarnos a esa meta, es necesario preservar y renovar nuestras tradiciones y expresiones artísticas pluriculturales, nutridas por tres raíces principales: la indígena, la afroecuatoriana y la mestiza, fruto de la fusión de lo hispánico y lo nativo.
Nuestro vasto patrimonio cultural, compuesto por 1,2 millones de bienes, permanece disperso en bodegas y espacios inadecuados e inseguros para su conservación y exhibición. Es necesaria la construcción de un museo que los proteja y los presente junto al relato histórico de la vida y las costumbres de los pueblos y culturas ancestrales de nuestra nacionalidad.
En sintonía con esta necesidad, el Gobierno del Ecuador convocó a un concurso internacional para diseñar el Museo Nacional (MUNA) y encargó al Colegio de Arquitectos de Pichincha la coordinación técnica del proceso. Se definieron las bases, el cronograma, los criterios de evaluación y se constituyó el jurado. Participaron 148 equipos nacionales e internacionales, de los cuales veinte pasaron a la segunda etapa. Finalmente se presentaron 17 propuestas. El jurado, conformado por profesionales nacionales e internacionales de alto nivel, las examinó conforme a las reglas establecidas y emitió un fallo que el Gobierno anunció públicamente. Aunque los participantes aceptaron el resultado, surgieron fuertes críticas en redes sociales que influyeron en un cambio de postura oficial. Un representante del Gobierno anunció entonces una nueva selección con participación ciudadana mediante votación; mecanismo que no constaba en las bases originales del concurso. Se invitó a los equipos finalistas a participar en esta nueva evaluación; sin embargo, varios grupos nacionales e internacionales, que habían realizado trabajos meticulosos, serios y costosos, se sintieron burlados y decidieron no continuar con su participación.
Pese a la idoneidad y credibilidad de los delegados del Colegio de Arquitectos, que garantizaron la transparencia del concurso inicial, se abrió un nuevo proceso, con otro jurado y una metodología distinta. Este cambio preocupa a muchas personas vinculadas con la cultura y a la ciudadanía en general, pues se ha señalado que algunos integrantes del nuevo jurado podrían mantener conflictos de interés con poderosas empresas inmobiliarias interesadas en acomodar la creación del Museo Nacional hacia sus futuros beneficios económicos.
Lo ocurrido resta seriedad a la postura gubernamental, al cancelar y modificar un concurso de alcance internacional sin razones suficientemente convincentes. Por el prestigio del país ante la comunidad cultural, es indispensable aclarar las motivaciones de estos cambios inesperados.
Si nos calificamos de demócratas y si invitamos a una limitada participación popular, no olvidemos que la democracia se construye con liderazgos claros y transparentes. El respeto al ordenamiento jurídico preestablecido es la única garantía real de cualquier proceso, más aún de aquel que se ha publicitado profusamente.
Hemos conocido un proyecto extraordinario que, por dignidad de sus creadores, lamentablemente, no volverá a concursar. El gran perdedor es el país. Concretemos el propósito de fortalecer a la cultura como fuente de progreso, paz y unidad. Demos un paso adelante e impulsemos la creación del MUNA, Museo Nacional, como paso inicial para alcanzar el anhelado desarrollo cultural. Que la cultura una a todos los habitantes del país y se convierta en un vínculo de solidaridad y cohesión, como alguna vez lo fueron una guerra y una campaña futbolística.
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