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Reinaldo Páez Z.
Guest
Los albores de un nuevo año invitan a superar las situaciones adversas que se han presentado en los últimos años. No se pueden obviar los días difíciles por los que atraviesa nuestro país y que están plagados de inseguridad, de angustiosas crisis en la salud, de tremendo desfinanciamiento, de una educación defectuosa e incompleta. La trascendencia social de la salud es enorme; desesperan la carencia de medicamentos, insumos y camas hospitalarias, pese a que en el país existen varios subsistemas, en una aparente abundancia que, por descoordinada, se constituye en el espejo de innumerables problemas que, con un abastecimiento básico, no debían producirse. Todos los proyectos de transformación y mejoramiento de la salud y del IESS, han emitido conclusiones que, con pequeños reajustes y con voluntad política firme, podrían ser utilizados y probados como programas propios de un modelo nacional.
La salud es un complejo con muchos componentes que ha sido solucionado en varios países, pero que se mantiene como un laberinto no solventado en otros como el nuestro. Múltiples reuniones, conferencias y congresos internacionales se han organizado para discutir esta problemática y buscar probables soluciones. Una de las más trascendentes fue la Conferencia Sanitaria Internacional sobre Atención Primaria de Salud (APS) el 12 de septiembre de 1978, en Alma Ata (actual Almaty, en Kazajistán) con la participación de delegados de 134 países.
Se adoptó la Declaración bajo el lema “Salud para todos en el año 2000” que fue una estrategia fundamental para alcanzar los mejores niveles en el desarrollo de la salud pública, mediante la priorización de la Atención Primaria como herramienta fundamental para la protección de personas y comunidades con equidad, en forma integral (educación, normas de higiene, nutrición, dotación de agua potable, saneamiento ambiental, vacunación, atención materno infantil) con el reconocimiento de la salud como un derecho humano fundamental.
En muchos países, cercanos geográficamente al nuestro, se ha adoptado formalmente la Atención Primaria (APS) como el primer nivel de atención y se la ha desarrollado con apoyo de la colectividad, cual cimiento de sistemas de salud funcionales. En nuestro país, en la década de los 80, hubo un esfuerzo colectivo del Ministerio de Salud, de la OPS/OMS, de las facultades de medicina por desarrollar la APS en dispensarios barriales, rurales, cantonales, provinciales, en un afán de comenzar a estructurar el Sistema Nacional de Salud. Lamentablemente, se instauró un gobierno absorbente y centralizador que captó todo el manejo de la salud, para tergiversar los objetivos y reemplazarlos por la codicia y la corrupción que caracterizaron a ese perjudicial período.
Han transcurrido 47 años desde la Declaración de Alma Ata y los problemas de salud locales crecen y se agudizan. En las latitudes en las que la salud está integrada a sistemas organizados, se ha comprobado que la Atención Primaria de Salud puede resolver hasta el 80% de las enfermedades más comunes de la población y reducir notablemente los costos de medicamentos, insumos y servicios médicos. El enfoque individual, familiar y comunitario fortalece la información de los controles prenatales, de los embarazos de alto riesgo, de la desnutrición crónica e infantil, de las enfermedades parasitarias y metabólicas, que pueden ser tratadas a costos muy inferiores a los de los hospitales.
Nos desespera el problema de la salud, el desabastecimiento de medicinas, el otorgamiento tardío de citas, las cirugías diferidas por semanas y meses. No existirían naciones sin seres humanos, ni países prósperos si sus habitantes sobreviven enfermos. Ningún gasto estatal es más justificado que el gasto en la salud de los habitantes. Las urgencias que agobian al país no deben relegar a las soluciones que requiere la salud. El gobierno debe buscar el conocimiento de gente especializada en salud pública, epidemiología, administración de salud para que dirija o asesore a los responsables del manejo de estas áreas.
Una tenue luz esperanzadora se ha generado al constatar una masiva compra inicial de medicamentos por el Ministerio de Salud y al evidenciar la decisión del presidente del Consejo Superior del IESS, de cubrir, por parte del IESS, después de mucho tiempo de incumplimiento, el pago parcial de la enorme deuda a los prestadores externos. Es trascendental efectuar las auditorías que orienten estas gestiones apartadas de la corrupción.
Confiamos en que la acción decidida del gobierno dé inicio a la promoción y prevención de enfermedades mediante los programas de vacunación, control de los criaderos de mosquitos y la aplicación plena de la Atención Primaria de Salud.
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La salud es un complejo con muchos componentes que ha sido solucionado en varios países, pero que se mantiene como un laberinto no solventado en otros como el nuestro. Múltiples reuniones, conferencias y congresos internacionales se han organizado para discutir esta problemática y buscar probables soluciones. Una de las más trascendentes fue la Conferencia Sanitaria Internacional sobre Atención Primaria de Salud (APS) el 12 de septiembre de 1978, en Alma Ata (actual Almaty, en Kazajistán) con la participación de delegados de 134 países.
Se adoptó la Declaración bajo el lema “Salud para todos en el año 2000” que fue una estrategia fundamental para alcanzar los mejores niveles en el desarrollo de la salud pública, mediante la priorización de la Atención Primaria como herramienta fundamental para la protección de personas y comunidades con equidad, en forma integral (educación, normas de higiene, nutrición, dotación de agua potable, saneamiento ambiental, vacunación, atención materno infantil) con el reconocimiento de la salud como un derecho humano fundamental.
En muchos países, cercanos geográficamente al nuestro, se ha adoptado formalmente la Atención Primaria (APS) como el primer nivel de atención y se la ha desarrollado con apoyo de la colectividad, cual cimiento de sistemas de salud funcionales. En nuestro país, en la década de los 80, hubo un esfuerzo colectivo del Ministerio de Salud, de la OPS/OMS, de las facultades de medicina por desarrollar la APS en dispensarios barriales, rurales, cantonales, provinciales, en un afán de comenzar a estructurar el Sistema Nacional de Salud. Lamentablemente, se instauró un gobierno absorbente y centralizador que captó todo el manejo de la salud, para tergiversar los objetivos y reemplazarlos por la codicia y la corrupción que caracterizaron a ese perjudicial período.
Han transcurrido 47 años desde la Declaración de Alma Ata y los problemas de salud locales crecen y se agudizan. En las latitudes en las que la salud está integrada a sistemas organizados, se ha comprobado que la Atención Primaria de Salud puede resolver hasta el 80% de las enfermedades más comunes de la población y reducir notablemente los costos de medicamentos, insumos y servicios médicos. El enfoque individual, familiar y comunitario fortalece la información de los controles prenatales, de los embarazos de alto riesgo, de la desnutrición crónica e infantil, de las enfermedades parasitarias y metabólicas, que pueden ser tratadas a costos muy inferiores a los de los hospitales.
Nos desespera el problema de la salud, el desabastecimiento de medicinas, el otorgamiento tardío de citas, las cirugías diferidas por semanas y meses. No existirían naciones sin seres humanos, ni países prósperos si sus habitantes sobreviven enfermos. Ningún gasto estatal es más justificado que el gasto en la salud de los habitantes. Las urgencias que agobian al país no deben relegar a las soluciones que requiere la salud. El gobierno debe buscar el conocimiento de gente especializada en salud pública, epidemiología, administración de salud para que dirija o asesore a los responsables del manejo de estas áreas.
Una tenue luz esperanzadora se ha generado al constatar una masiva compra inicial de medicamentos por el Ministerio de Salud y al evidenciar la decisión del presidente del Consejo Superior del IESS, de cubrir, por parte del IESS, después de mucho tiempo de incumplimiento, el pago parcial de la enorme deuda a los prestadores externos. Es trascendental efectuar las auditorías que orienten estas gestiones apartadas de la corrupción.
Confiamos en que la acción decidida del gobierno dé inicio a la promoción y prevención de enfermedades mediante los programas de vacunación, control de los criaderos de mosquitos y la aplicación plena de la Atención Primaria de Salud.
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