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La veterana bailarina y coreógrafa dominicana Josefina Miniño no contempla el retiro. A sus 85 años sigue inmersa en diversos proyectos y en su pasión mayor: enseñar. “Los años no me apaciguan, al contrario, me dan más brío”, confesó risueña en una entrevista con Diario Libre.
En esta etapa de su vida, luego de dirigir por décadas las principales escuelas de danza y viajar por el mundo llevando nuestros bailes tradicionales, está enfocada en dejar en el talento joven la continuidad de las expresiones nacionales.
La maestra Josefina Miniño goza de una prolífica carrera en las artes escénicas. (FUENTE EXTERNA)
Su más reciente apuesta es “Así somos”, una charla-espectáculo que sintetiza su visión del arte como vehículo de identidad. El proyecto se presentará dos veces al año entre pedagogía y escena: mientras ella expone sobre historia, símbolos patrios, costumbres y raíces dominicanas, grupos folclóricos invitados interpretan en vivo los bailes que ilustran ese relato.
“Quiero hablar de quiénes somos como pueblo, de dónde venimos. Y que el público lo vea, lo sienta”.
Miniño busca convertir esta iniciativa en una plataforma para agrupaciones folclóricas que, pese a su talento, muchas veces carecen de visibilidad y escenarios por falta de recursos y apoyo.
El primer encuentro será el 19 de septiembre en la Sala Manuel Rueda, con la participación del Ballet Folclórico Araujo de San Cristóbal. Luego llegará una segunda función en el Teatro Nacional. Cada edición incluirá un diálogo abierto con los artistas, donde el público podrá interactuar. “Eso también educa. Que la gente entienda el valor del folclore y lo que implica sostenerlo”, dice.
La profesora revela que en el país actualmente hay entre 40 y 50 grupos folclóricos activos. Por eso insiste en que su proyecto “Así somos” sea acogido como se merece.
A esos bailarines diseminados en todo el país tiene el objetivo de brindarles orientación, herramientas y ayudarles a consolidarse profesionalmente.
Desde el diseño de vestuario hasta la gestión de proyectos, los eventos funcionarán como una especie de mentoría artística. “Que sean respetados, bien pagados, que sepan el valor de lo que hacen es uno de mis sueños todavía”, reconoce.
Una de las presentaciones coreografiadas por Miniño.
Aunque colgó las zapatillas, la enseñanza y la pasión por coreografiar sigue firme como el primer día más de 70 años atrás.
Durante esta última década, Miniño desarrolló un programa en el colegio La Hora de Dios, donde enseñó danza y cultura a niñas y jóvenes. Las llevó a escenarios importantes y sembró una visión integral del arte. “Muchas se fueron con un conocimiento que va más allá del baile y hasta dan clases”, recuerda.
“Anduve el mundo mostrando nuestro arte con dignidad. Es de las cosas más hermosas que he hecho”, dice, quien debutó en la televisión dominicana con solo nueve años y nunca se apartó de los escenarios.
La coreógrafa que formó a estrellas de la danza desea que los jóvenes aprendan no solo a bailar, sino a comprender el origen y significado de cada ritmo. Que sepan de dónde viene la mangulina, qué representa el carabiné, por qué los palos y atabales son una expresión transversal en todo el país. “Eso es lo que forma identidad”.
Josefina Miniño y Mónika Despradel durante el conversatorio Mujer, danza y legado en Sambil.
No obstante, lamenta el lugar que ocupa el folclore en la sociedad dominicana.
Miniño no se opone a que los ritmos urbanos sean dominantes, pero considera que no pueden desplazar las raíces. “Que bailen de todo, claro. Pero no podemos dejar de lado lo nuestro. Ahí está nuestra identidad. Un pueblo sin identidad no es pueblo”, sentencia.
“El baile es mi vida. Hasta que yo tenga vida quiero seguir aportando a la danza”, declara Miniño al posar para este medio con los movimientos de la danza clásica.
Reconoce que su cuerpo ya no responde como antes, pero su mente creativa permanece lúcida y activa, y cuenta que continúa coreografiando, con el apoyo de artistas asistentes que le ayudan a materializar sus ideas. La maestra concluye: “nada me llena tanto como crear una coreografía”.
“Hasta que el arte, y dentro de él el folclore, no sea una materia casi obligatoria en las escuelas, no voy a estar conforme. Es la deuda pendiente que tienen conmigo”, concluye.
Papa Molina, Josefina Miniño y sus hijos Evangelina y José Antonio Molina Miniño.
La familia en años recientes.
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Amor y talento que se hereda
Uno de los pilares que ha sostenido su vida es la familia. Junto al músico Papa Molina, construyó una historia marcada por el arte y el esfuerzo, recorriendo escenarios mientras criaban a sus hijos, el director de la Orquesta Sinfónica Nacional, José Antonio Molina, y la doctora Evangelina Molina.
“Trabajábamos mucho, a veces nos dividíamos, pero les dimos calidad de tiempo. Estoy orgullosa de ellos”, dice la maestra. Hoy, esa herencia se proyecta en sus nietos y bisnietos y habla con emoción de Camila, su biznieta, quien ya se forma en danza en Estados Unidos. “La veo y me veo a mí. Tiene ese espíritu y comenzó igual que yo, con nueve años”.
También menciona a Evan, interesado en la música, entre otros que exploran más disciplinas. Al mirar atrás, resume su camino en tres principios: formación académica, pasión y disciplina. “La disciplina es la columna vertebral del éxito, pero sin pasión no se logra nada. Hay que entregarse por completo a lo que uno ama”, destaca la defensora del folclore nacional.
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En esta etapa de su vida, luego de dirigir por décadas las principales escuelas de danza y viajar por el mundo llevando nuestros bailes tradicionales, está enfocada en dejar en el talento joven la continuidad de las expresiones nacionales.
Lucha por la identidad
La maestra Josefina Miniño goza de una prolífica carrera en las artes escénicas. (FUENTE EXTERNA)
Su más reciente apuesta es “Así somos”, una charla-espectáculo que sintetiza su visión del arte como vehículo de identidad. El proyecto se presentará dos veces al año entre pedagogía y escena: mientras ella expone sobre historia, símbolos patrios, costumbres y raíces dominicanas, grupos folclóricos invitados interpretan en vivo los bailes que ilustran ese relato.
“Quiero hablar de quiénes somos como pueblo, de dónde venimos. Y que el público lo vea, lo sienta”.
Miniño busca convertir esta iniciativa en una plataforma para agrupaciones folclóricas que, pese a su talento, muchas veces carecen de visibilidad y escenarios por falta de recursos y apoyo.
El primer encuentro será el 19 de septiembre en la Sala Manuel Rueda, con la participación del Ballet Folclórico Araujo de San Cristóbal. Luego llegará una segunda función en el Teatro Nacional. Cada edición incluirá un diálogo abierto con los artistas, donde el público podrá interactuar. “Eso también educa. Que la gente entienda el valor del folclore y lo que implica sostenerlo”, dice.
La profesora revela que en el país actualmente hay entre 40 y 50 grupos folclóricos activos. Por eso insiste en que su proyecto “Así somos” sea acogido como se merece.
A esos bailarines diseminados en todo el país tiene el objetivo de brindarles orientación, herramientas y ayudarles a consolidarse profesionalmente.
Desde el diseño de vestuario hasta la gestión de proyectos, los eventos funcionarán como una especie de mentoría artística. “Que sean respetados, bien pagados, que sepan el valor de lo que hacen es uno de mis sueños todavía”, reconoce.
Amor eterno por el arte
Una de las presentaciones coreografiadas por Miniño.
Aunque colgó las zapatillas, la enseñanza y la pasión por coreografiar sigue firme como el primer día más de 70 años atrás.
Durante esta última década, Miniño desarrolló un programa en el colegio La Hora de Dios, donde enseñó danza y cultura a niñas y jóvenes. Las llevó a escenarios importantes y sembró una visión integral del arte. “Muchas se fueron con un conocimiento que va más allá del baile y hasta dan clases”, recuerda.
- En su trayectoria, la primera bailarina fue directora del Ballet Folclórico Nacional en la década de los 70, y llevó la cultura dominicana a países como Italia, Japón, Alemania, México y China.
“Anduve el mundo mostrando nuestro arte con dignidad. Es de las cosas más hermosas que he hecho”, dice, quien debutó en la televisión dominicana con solo nueve años y nunca se apartó de los escenarios.
La coreógrafa que formó a estrellas de la danza desea que los jóvenes aprendan no solo a bailar, sino a comprender el origen y significado de cada ritmo. Que sepan de dónde viene la mangulina, qué representa el carabiné, por qué los palos y atabales son una expresión transversal en todo el país. “Eso es lo que forma identidad”.
Josefina Miniño y Mónika Despradel durante el conversatorio Mujer, danza y legado en Sambil.
No obstante, lamenta el lugar que ocupa el folclore en la sociedad dominicana.
Miniño no se opone a que los ritmos urbanos sean dominantes, pero considera que no pueden desplazar las raíces. “Que bailen de todo, claro. Pero no podemos dejar de lado lo nuestro. Ahí está nuestra identidad. Un pueblo sin identidad no es pueblo”, sentencia.
- La palabra descanso no es una opción y su amor por la danza sigue intacto.
“El baile es mi vida. Hasta que yo tenga vida quiero seguir aportando a la danza”, declara Miniño al posar para este medio con los movimientos de la danza clásica.
Reconoce que su cuerpo ya no responde como antes, pero su mente creativa permanece lúcida y activa, y cuenta que continúa coreografiando, con el apoyo de artistas asistentes que le ayudan a materializar sus ideas. La maestra concluye: “nada me llena tanto como crear una coreografía”.
- A juicio de la artista, el Estado dominicano tiene una asignatura pendiente con la integración formal del folclore dentro del sistema educativo.
“Hasta que el arte, y dentro de él el folclore, no sea una materia casi obligatoria en las escuelas, no voy a estar conforme. Es la deuda pendiente que tienen conmigo”, concluye.
Papa Molina, Josefina Miniño y sus hijos Evangelina y José Antonio Molina Miniño.
La familia en años recientes.
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Amor y talento que se hereda
Uno de los pilares que ha sostenido su vida es la familia. Junto al músico Papa Molina, construyó una historia marcada por el arte y el esfuerzo, recorriendo escenarios mientras criaban a sus hijos, el director de la Orquesta Sinfónica Nacional, José Antonio Molina, y la doctora Evangelina Molina.
“Trabajábamos mucho, a veces nos dividíamos, pero les dimos calidad de tiempo. Estoy orgullosa de ellos”, dice la maestra. Hoy, esa herencia se proyecta en sus nietos y bisnietos y habla con emoción de Camila, su biznieta, quien ya se forma en danza en Estados Unidos. “La veo y me veo a mí. Tiene ese espíritu y comenzó igual que yo, con nueve años”.
También menciona a Evan, interesado en la música, entre otros que exploran más disciplinas. Al mirar atrás, resume su camino en tres principios: formación académica, pasión y disciplina. “La disciplina es la columna vertebral del éxito, pero sin pasión no se logra nada. Hay que entregarse por completo a lo que uno ama”, destaca la defensora del folclore nacional.
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