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Jenny Martínez
Guest
Para las elecciones de noviembre debemos tomar en cuenta el hecho estadístico de que algunos alcaldes y prefectos resultaron elegidos con el 20% de los votos válidos y apenas el 13% del número de habitantes. Con razón decía Borges que la democracia es un abuso de la estadística. Los elegidos así, acusan insuficiente legitimidad.
De acuerdo con Jason Brennan y su libro Contra la Democracia, hay tres clases de electores a los que aquí los llamaremos apáticos, fanáticos y racionales. Los apáticos tienen pocas opiniones o ninguna sobre los temas políticos, no están informados y prefieren vivir su vida cotidiana sin prestar atención a la política.
Los fanáticos tienen una visión del mundo sólida y establecida, pueden explicar sus creencias, pero no otros puntos de vista; se informan de modo sesgado, sus opiniones políticas son parte de su identidad y tienden a considerar a los que no están de acuerdo con ellos como estúpidos o malvados.
Los racionales piensan la política de una manera científica y racional, sus opiniones están sólidamente fundamentadas, les interesa la política, pero no son apasionados por temor a parecer irreflexivos. Para los racionales la democracia es injusta porque creen que tienen derecho a que aquellos que toman las decisiones sean competentes y de buena fe.
Las democracias actuales no garantizan ese derecho. Los elegidos no toman decisiones competentes y no escogen, para la toma de decisiones, a personas capacitadas y de buena fe. Eligen mediocres, esbirros o corruptos, no solo para los puestos de mando sino para las listas de candidatos. Así la democracia resulta injusta.
Es fanatismo político descalificar a los opositores. En primer lugar, resulta sospechoso que se descubran supuestos delitos en vísperas de elecciones; en segundo lugar, solo pueden ser declarados culpables después de un proceso, y en tercer lugar se degrada a los funcionarios obligados a satisfacer caprichos electorales. Examínese usted si es apático, fanático o racional.
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De acuerdo con Jason Brennan y su libro Contra la Democracia, hay tres clases de electores a los que aquí los llamaremos apáticos, fanáticos y racionales. Los apáticos tienen pocas opiniones o ninguna sobre los temas políticos, no están informados y prefieren vivir su vida cotidiana sin prestar atención a la política.
Los fanáticos tienen una visión del mundo sólida y establecida, pueden explicar sus creencias, pero no otros puntos de vista; se informan de modo sesgado, sus opiniones políticas son parte de su identidad y tienden a considerar a los que no están de acuerdo con ellos como estúpidos o malvados.
Los racionales piensan la política de una manera científica y racional, sus opiniones están sólidamente fundamentadas, les interesa la política, pero no son apasionados por temor a parecer irreflexivos. Para los racionales la democracia es injusta porque creen que tienen derecho a que aquellos que toman las decisiones sean competentes y de buena fe.
Las democracias actuales no garantizan ese derecho. Los elegidos no toman decisiones competentes y no escogen, para la toma de decisiones, a personas capacitadas y de buena fe. Eligen mediocres, esbirros o corruptos, no solo para los puestos de mando sino para las listas de candidatos. Así la democracia resulta injusta.
Es fanatismo político descalificar a los opositores. En primer lugar, resulta sospechoso que se descubran supuestos delitos en vísperas de elecciones; en segundo lugar, solo pueden ser declarados culpables después de un proceso, y en tercer lugar se degrada a los funcionarios obligados a satisfacer caprichos electorales. Examínese usted si es apático, fanático o racional.
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