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Maria Nuñez Chacón
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Un estudio desarrollado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) de las principales tendencias laborales entre el 2024 y el 2025, muestra que Costa Rica, que pese a tener buenos indicadores en materia de desempleo, ha presentado un retroceso del 1,4% de su tasa de participación en dicho período, así como de una baja del 0,9% en la tasa de ocupación.
Según el informe Tendencias del mercado laboral en América Latina y el Caribe del 2026, en la región persisten importantes desafíos estructurales relacionados con la calidad del empleo, la productividad, la inclusión laboral de las mujeres y las personas jóvenes, así como con las profundas diferencias que aún existen entre los países de la región.
Gerson Martínez, autor principal del informe y especialista regional en economía laboral de la OIT, señaló que si bien, los mercados laborales mantuvieron una evolución favorable porque el empleo continuó creciendo, la desocupación alcanzó mínimos históricos y la informalidad siguió reduciéndose, pero los resultados deben leerse en conjunto.
“Aunque las tendencias en 2025 son favorables, pero deben leerse en conjunto. La ocupación aumentó y la desocupación bajó, mientras que la participación laboral permaneció prácticamente estancada. Entender quiénes acceden al empleo, quiénes permanecen fuera y qué tipo de oportunidades se están creando será cada vez más importante”, explicó Martínez.
En algunas economías la ocupación mantiene un crecimiento favorable y en otras avanza más lentamente. El informe advierte que con el seguimiento de la evolución en los próximos trimestres se podrá determinar si estas diferencias son temporales o marcan una nueva tendencia.
Por otra parte, Costa Rica también destaca como uno de los países donde la brecha de género en participación laboral para el 2025 fue superior al promedio de América Latina, que fue de 22,7 puntos porcentuales, de hecho, en ocho de los 23 países se dio esta situación.
En cuatro países centroamericanos la brecha de participación laboral para las mujeres fue superior a la media regional, incluyendo a Guatemala con 36 puntos porcentuales, Honduras con 33,3 p. p., El Salvador sumó 29,3 p. p. y Costa Rica 23,4 p. p.; además, destacaron en este tema México (29,2 p. p.), Ecuador (25,5 p. p.), Colombia (24,2 p. p.) y, en el Caribe, Belice (25,5 p. p.).
“Aunque la participación femenina continúa aumentando, las diferencias con respecto a la de los hombres siguen siendo elevadas, lo que confirma que ampliar la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo sigue siendo uno de los principales desafíos de la región”, acotó el investigador.
El experto indicó que, en Centroamérica y República Dominicana, el panorama es relativamente más favorable. Guatemala, Panamá, Honduras y República Dominicana continuarían ubicándose entre las economías de mayor crecimiento de la región, con tasas cercanas o superiores al 4%, según algunas estimaciones. No obstante, incluso en este grupo predominan las previsiones de moderación respecto de 2025.
El empleo de los jóvenes también enfrenta realidades muy distintas según el tipo de país, muestra de ello es que, en 2025, la tasa promedio de desocupación juvenil de América Latina y el Caribe fue del 11,3%, más de dos veces superior a la tasa de desocupación total regional del 5,3% y casi tres veces la de los adultos que fue de 4,1%, lo que confirma que la juventud sigue siendo uno de los grupos más expuestos a dificultades para acceder al empleo.
Las naciones de la región latinoamericana que registraron los menos índices de desocupación juvenil fueron Bolivia con un 4,1%, Guatemala el 4,4%, México sumó el 5,8% y Ecuador el 7,6%, aunque los datos deben analizarse junto con otros como la informalidad laboral y la calidad del empleo.
En contraste, Uruguay alcanzó un 24,5% de desocupación juvenil, Panamá con 23,1%, Chile el 21,4%, Costa Rica quedó en este mismo grupo con 20,5%, Argentina el 19,3% y Colombia el 17,8%, donde aproximadamente una de cada cinco personas jóvenes económicamente activas estaba desempleada en 2025.
Estas cifras reflejan mayores dificultades en las transiciones de la educación al trabajo y una menor capacidad de absorción laboral para quienes buscan incorporarse por primera vez al mercado de trabajo.
“Los resultados presentados en este informe confirman la importancia de perseverar. Consolidar los avances alcanzados requerirá fortalecer las instituciones del mercado de trabajo, ampliar las oportunidades para las mujeres y las personas jóvenes, invertir en el desarrollo de competencias a lo largo de la vida y promover políticas de desarrollo productivo que impulsen simultáneamente la productividad, la formalización y la creación de empleo de calidad”, señaló Ana Virginia Moreira Gomes, directora regional de la Oficina Regional de la OIT para América Latina y el Caribe.
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