Guarderías nocturnas anclan a madres estudiantes a las aulas

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Monserrat Cordero Parra

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“Si no fuera por este servicio, no podría estar aquí estudiando. Yo nunca tuve un círculo de apoyo, una oportunidad de poder estudiar”, comentó Laura Leal, una estudiante del Colegio Nocturno de Cartago, quien lleva a dos de sus siete hijos a la guardería nocturna que se encuentra dentro de este centro educativo.

Laura, de 45 años de edad, apenas se encuentra cursando el séptimo año en este colegio, sin embargo, confiesa que siempre tuvo el interés de hacerlo. Se matriculó hace dos meses, una vez que se dio cuenta sobre el servicio de guardería nocturna que se encontraba dentro de la institución.

“Una gran oportunidad, el hecho de tenerlos aquí tan cerquita de mí me da la tranquilidad de que cualquier eventualidad puedo estar cerca y venir. También la tranquilidad de saber que están bien cuidados, y en el momento que haya alguna tarea de la escuela, aquí me les van a ayudar. Se preocupan por la alimentación de ellos. Para mí es una gran ayuda, y me permite enfocarme más en mí, en mis estudios”, agregó Laura, quien comentó también que en el colegio reciben el servicio de comedor.

Volver a las aulas no ha sido fácil, según dijo, no obstante, le ha ido bien en el colegio hasta ahora. “Al principio fue raro llegar a un salón de clases a estas edades, pero gracias a Dios he tenido el apoyo de los profesores”, mencionó.

Aunque sabe que el camino apenas empieza, Laura —quien labora como miscelánea— señaló que primero desea obtener su título de bachillerato. Una vez alcanzado ese logro, le gustaría hacer alguna carrera corta o un técnico, con el objetivo de encontrar un mejor trabajo.

A sus hijos Keller, de diez años, y Christian, de seis años, les gusta estar en la guardería, aseguran. En este espacio laboran una docente, una miscelánea y una cocinera.

Conocida como “La Casita”, esta guardería administrada por el Cen-Cinai (Centros de Educación y Nutrición, Centros Infantiles de Nutrición y Atención Integral) abrió sus puertas el pasado 13 de abril y alberga a diario a cerca de 17 niños entre 1 año y 8 meses, y 12 años de edad, quienes son hijos de estudiantes del Colegio Nocturno de Cartago. A ellos se les da cuido, se les estimula con diferentes dinámicas, y también se les ofrece alimentación en horario de 05:30 p. m. a 10:00 p. m., mientras sus padres estudian.

“Es un gran beneficio, principalmente para mujeres jefas de hogar, que viven solitas o no tienen quien les cuide a los niños. Ellas pueden venir tranquilas a estudiar sabiendo que los chicos están aquí alimentados, bien cuidados y protegidos”, mencionó Sandy Aguilar, docente del Cen-Cinai.

Esto fue reafirmado por Hazel Moya, orientadora del Colegio Nocturno de Cartago, quien indicó que este servicio ha impactado de manera positiva a las estudiantes.

“Ha tenido un gran impacto. Tenemos ahí a los niños y ellas ya no tienen excusa para no venir a clases. Nuestro sueño sería incluso darle el servicio a niños menores. La mayoría de beneficiarias son mujeres. Ya no tienen el estrés de que los chiquitos se queden en casa con personas ajenas, que ni siquiera se sabe la forma en que los cuiden. Además, se ven contentas, tranquilas, y eso es muy positivo para el desempeño”, señaló Moya.

Este establecimiento es una de las cinco guarderías del país que operan dentro de centros educativos. A ella se suman otras cuatro, ubicadas en los colegios nocturnos de San Vito y Coto, así como en los Cindea (Centro Integrado de Educación de Adultos) de Coronado y Peñas Blancas.

Estos centros de cuido son administrados, en algunos casos, por los Cen-Cinai y, en otros, por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS). De acuerdo con información de la Red Nacional de Cuido y Desarrollo Infantil (Redcudi), algunos de estos espacios no solo atienden a hijos de estudiantes de centros educativos nocturnos, sino también a niños cuyos padres o encargados no forman parte del sistema educativo.

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Los menores no solo juegan y desarrollan distintas habilidades, sino que también reciben una cena y una colación diariamente. (Foto: Kattia Alvarado)

“Iba a desertar”

Danizza Zúñiga, de 52 años, es otra de las estudiantes del Colegio Nocturno de Cartago que recibe el servicio de cuido, en este caso, de su nieta Solnishka.

Para esta estudiante de undécimo año, la guardería ha significado una gran ayuda para mantenerse estudiando. Cuando cursó noveno año, llevaba a la niña a un Cen-Cinai nocturno cercano; empero, el año pasado este no abrió, complicando su asistencia al colegio.

“Para mí fue grave. No tenía quien la cuidara. La mamá trabaja en horario rotativo, por lo que yo necesito cuidarla en la noche. Para mí fue difícil. El año pasado fue fatal”, dijo Danizza, quien comentó que algunas veces dejó a la menor al cuido de otra hija, o incluso llegaba al colegio después de las 7:00 p. m. para no perder todas las lecciones.

“Me costó mucho, lágrimas. Iba a desertar porque yo dije ‘no puedo, no puedo seguir’. Pero Dios se encargó. Para mí el Cen-Cinai ha sido lo mejor, porque sino yo no podría estar estudiando. Hasta ese momento (en abril) me pude incorporar bien al colegio”, externó.

La pequeña Sonishka, de cuatro años, ama ir al Cen-Cinai, jugar allí y compartir con otros niños, comentó su abuela. “Ella es feliz, ella sabe que cuando la abuelita se está alistando vamos para el Cen-Cinai. La profesora es muy paciente. Ella después de entrar por ese portón, se olvida que tiene abuelita”, mencionó.

Danizza, al igual que Laura, desea terminar su bachillerato y continuar sus estudios, aunque sabe que para hacerlo necesitaría de una beca, para así estudiar una carrera.

De acuerdo con el coordinador de la Unidad de Permanencia y Reincorporación Éxito Educativo (UPRE), Irvin Fernández, esta alternativa de cuido nocturno es fundamental para los programas educativos de Jóvenes y Adultos, pues disminuye la exclusión educativa.

“Principalmente porque esta población combina muchísimas veces su estudio con actividades laborales y muchísimas actividades familiares. En el caso de las mujeres, muchísimas de ellas han visto obstaculizada la posibilidad de estudiar porque muchas veces tienen que atender esos compromisos a nivel de familia”, mencionó Fernández.

Según datos del Ministerio de Educación Pública (MEP), en el 2025 la exclusión educativa —a nivel público— ascendió a 18.969 estudiantes, de los cuales 13.638 (71,9%) se encontraban dentro de programas de Jóvenes y Adultos.

“Faltaba mucho”

A las beneficiarias de este servicio se suma Blanca Morán, de 40 años, quien diariamente deja a su hija Nalanny en esta guardería antes de dirigirse a las aulas del colegio.

Blanca cursa actualmente el décimo año, pero comenta que en años previos faltaba mucho a las clases, pues a menudo no tenía quien cuidara a la pequeña de 2 años y 9 meses o debía pagar para que alguien lo hiciera.

“Ha sido lo máximo, es un excelente servicio. A veces pedía permiso para no ir, faltaba mucho. Mis compañeros me ayudaban, me pasaban la materia por Whatsapp, me grababan videos para que yo me pusiera al día. A principios de año pensé en salirme, se me complicaba mucho por el cuido de ella, pero ya luego la abrieron (la guardería) en abril”, mencionó Blanca.

Esta madre además comentó que, gracias a la educación que recibe en este Cen-Cinai, su hija ha ido desarrollando la motora fina y el habla, pues previo a esto “no sabía hablar”.

“Ya pinta de lo más bonito, hace muchos dibujos en la casa. Todo eso se lo enseñaron aquí. Ya dice los colores, y las figuras que dibuja. Ha aprendido a hablar, porque no sabía hablar. Se le ha desarrollado mucho el lenguaje”, finalizó.



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