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macsep2005
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En estos tiempos que corren, donde hay políticos analfabetos que ostentan el poder y en el que hacer trampa es bien visto, como si se dijera, esto va del más listo, del más «canchero», no del mejor, hay que agradecer de manera infinita al fútbol, que se sabe defender de todos aquellos que buscan destruirlo o convertido en una ficción barata, que ni siquiera se asemeja a una ficción de folletín.
La selección española en el momento de recoger el trofeo de Campeones del Mundo.
España se impuso en la final 1-0 ante una Argentina que se mostró durante los 120 minutos, más unos diez de añadido, siempre inferior, con un solo remate a puerta y que ni siquiera llegó a ella, porque lo desvió Mikel Merino.
El equipo argentino llegó a la final en las alas de la FIFA. Cito hechos, para que no vayan a pensar que esto es una opinión. Cuando en el minuto 60, en octavos de final, Egipto consiguió el mejor gol del Mundial, en una jugada extraordinaria, el BVAR se inventó un motivo para anularlo. Era el 2-0. Más tarde, Egipto consiguió otro tanto, o sea, era el 3-0. Pocos se levantan de un 3-0 a falta de 20 minutos.
Y la ficción mayor se dio cuando Suiza igualó a 1 y, de pronto, expulsaron a Embolo, por una «confusión de identidad». ¿Pero qué es esto, mala literatura?
Así llevaron a Argentina a la final. Por eso, hoy el fútbol, que es un universo en sí mismo, tuvo que crearse sus propios mecanismos para defenderse. Un equipo favorecido por los árbitros, no podía ser campeón del mundo, porque se le hacía un daño irreparable al balompié, al que todavía se le puede pedir juego limpio, pese a la FIFA, Infantino y Trump.
La victoria española puso las cosas en su lugar. La mala ficción que propició esta final, no podía salirse con la suya, como suele pasar en las malas películas, en las cuales se le ven las costuras al guion.
Hoy, el gran Messi no apareció. No estuvo. Hoy se impuso el juego colectivo, propiciado por un Luis de la Fuente, quien llegó a la Federación Española hace 13 años, después de que lo despidieran como entrenador del Alavés, en la tercera división.
La vida, a la que tanto hemos invocado aquí, se ríe de todos, y lleva a un técnico despedido y en el paro, a una carrera que cierra su broche de oro con la Copa del Mundo.
Hoy, para bien general del fútbol, no ganó el «canchero», el que golpea con la complicidad del árbitro; no, hoy ganó el mejor y por primera vez tuvimos en el Mundial un juego sin trampas, sin ayudas, que tanto empañaron esta competición.
Gracias infinitas, España, por devolverme la esperanza a un deporte al que cada vez manchan más los señores de pantalón largo.
*El autor es redactor de Cultura del Semanario Universidad, Máster en Literatura y Comentarista de Fox Costa Rica.
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