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Pablo Deheza
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El nuevo gobierno de Bolivia atraviesa sus primeros meses en medio de una paradoja política inesperada: mientras el presidente Rodrigo Paz intenta consolidar un equipo técnico para enfrentar la peor crisis económica en décadas, el vicepresidente Edmand Lara se perfila cada vez más como parte de la oposición. Esta situación, que podría parecer insostenible, será el escenario político para los próximos cinco años, según el análisis del antropólogo y destacado intelectual boliviano Rodrigo Ayala Bluske.
En conversación con Animal Político, de La Razón, Ayala disecciona la compleja coyuntura que vive el país, marcada por tensiones políticas diversas que, aunque estridentes, podrían resultar secundarias frente al verdadero desafío: sacar a Bolivia de la crisis económica. “Estoy absolutamente convencido de que el éxito o fracaso del actual gobierno está en el manejo de la crisis económica. Ahí es donde tiene que centrarse”, sostiene nuestro invitado, estableciendo desde un inicio la tesis central de su análisis.
Para Ayala, lo primero que debe comprenderse es que “el gobierno todavía está en proceso de constitución”. Y esto implica reconocer una realidad desbordante evidente desde el vamos: “evidentemente no es un gobierno de Rodrigo Paz y Edmand Lara. Este es un gobierno de Rodrigo Paz porque desde el primer momento, desde antes, desde la misma posesión del gobierno, está claro que hay una distancia con Edmand Lara”.
Esta caracterización inicial es fundamental para entender la naturaleza del nuevo gobierno. A diferencia de lo que Lara manifestó durante y después de la campaña, en sentido de que habría una cogestión con el presidente Paz, esto no muestra haberse materializado.
Sin embargo, este proceso de conformación ha traído consigo algunas diferencias significativas respecto a la gestión anterior del MAS. Ayala destaca que “hay un cambio en el sentido de que no hay un reparto de los ministerios. Cabe recordar que en el caso del MAS había un grupo de ministerios que evidentemente nombraba el presidente directamente, pero otros se decidían desde las organizaciones sociales. En este caso no es así”.
Uno de los aspectos que más llama la atención al antropólogo es el intento deliberado de conformar un gabinete técnico. “Mi impresión, no solamente por el nombramiento de los ministros sino de viceministros y otros directores, es que realmente hay un intento de hacer meritocracia, por lo menos en los ministerios fundamentales”, afirma.
Esta búsqueda de perfiles técnicos se ha traducido en decisiones concretas. Ayala señala que “está claro que Rodrigo ha buscado apoyo en el equipo económico de Samuel (Doria Medina)”. Sin embargo, precisa que no comparte “esa tesis que se está difundiendo de que Samuel participa o maneja el gobierno. No lo creo realmente”.
La explicación del intelectual sobre este punto es más matizada y políticamente realista: “yo creo que evidentemente, por tal como se ha desarrollado la campaña electoral, Doria Medina ha cumplido su palabra en apoyar a Rodrigo. Creo que también ha quedado muy peleado con Tuto Quiroga, por las características de la campaña. Pienso que la elección de los ministros de Economía es sobre todo meritocrática en un equipo que ya estaba trabajando en el tema”.
Los ejemplos de esta apuesta técnica son numerosos: “ministerios como los de Educación y Planificación, por ejemplo; viceministerios que yo conozco un poco más de cerca, como los de Recursos Naturales o Turismo, evidentemente se han entregado a gente muy preparada, gente con currículums muy buenas trayectorias en el área. Se nota por lo menos en general esa intención”, enumera nuestro invitado.
Pero el antropólogo también señala una ausencia significativa: “hasta ahora no ves un espacio para las organizaciones sociales. Es decir, hay una decisión política de que no participen las corporaciones, lo que redunda en poca presencia de sectores populares”. Esta característica define un tipo de gobierno marcadamente diferente al modelo del MAS.
La pregunta sobre cuándo llegará el tan anticipado paquete de medidas económicas es un factor fundamental. Para Ayala, la respuesta involucra dos variables complejas. “La variable que sí se sabe de manera general, pero no se conoce en el detalle —y menos en el detalle de las negociaciones que está haciendo el gobierno— es la variable económica. Es decir, se sabe que hay una crisis y se sabe que necesitas dólares; se sabe que tienes que tomar determinados tipos de medidas”, explica.
El diagnóstico técnico apunta a que “el gobierno, para definir sobre todo el tema del dólar, obviamente tiene que tener un colchón de divisas que le garantice el control de una banda cambiaria. Me imagino que en este momento los ministros están en esa decisión. Ese es el tiempo económico”.
Pero existe una segunda variable, quizás más delicada: la política. Ayala identifica dos factores que operan simultáneamente: “evidentemente un tema que es el de las elecciones subnacionales, pero también el tema de la relación con Lara, que en la conformación de ese gobierno tiene que terminar de definirse”.
Esta segunda variable es particularmente compleja porque involucra aspectos que aún no están resueltos. “Un aspecto que más o menos pareciera que va tomando forma —pero que tampoco está completamente definido— es el de la relación con Edmand Lara y el rol político que va a jugar en el próximo periodo”.
Si hay un diagnóstico que atraviesa toda la conversación con Ayala, es la imposibilidad fáctica de que Edmand Lara asuma un papel de vicepresidente tradicional. El antropólogo es enfático al describir los orígenes del problema: “sabemos que la conformación de la candidatura del Partido Demócrata Cristiano se fue dando sobre la marcha, especialmente en el tema del vicepresidente. El que tenía que ser candidato inicialmente renunció. Entonces es obvio que ha habido esa construcción que se ha ido resolviendo sobre la marcha”.
Esta improvisación tiene consecuencias, pero el problema va más allá de la falta de preparación. El antropólogo identifica algo más profundo en las motivaciones del vicepresidente: “lo que sí está claro, por lo menos para mí, es que evidentemente Edmand Lara o no se visualizó como posible vicepresidente —sino que no creía que podían ganar realmente— o no ha terminado de entender las implicaciones de la vicepresidencia”.
El análisis se vuelve más crítico cuando señala que “él no tiene la visión de asumir una vicepresidencia como todos la entendemos. Es decir, pareciera que es imposible, para decirlo en palabras simples, que deje de querer jugar un rol protagónico”. Efectivamente, Lara expresó claramente a lo largo del tiempo que veía el espacio vicepresidencial como uno de cogobierno con el presidente Paz en igualdad de condiciones.
Esta característica no es nueva en política, pero sí es excepcional en su manifestación: “no es el primer caso de un presidente que se ha peleado con un vicepresidente, sobre todo si son partidos políticos distintos, por supuesto. Pero, a diferencia de todas las otras ocasiones, en el caso de Lara, desde la misma asunción, desde el mismo día de la posesión, dejó sentado que él no podía dejar de pelear un sitio protagónico y competitivo con el propio Rodrigo Paz”, explica el antropólogo.
La comparación que hace Ayala es decidora: “es decir, hay chips que no se cambian. Trump tiene un chip que no se va a cambiar, Evo igual, y creo que el chip de Lara es muy difícil que se cambie. Hay una insistencia diaria de ser protagonista, pero dada la institucionalidad boliviana, el rol protagónico lo tiene el presidente. Ese es el tema”.
Ayala analiza los tres escenarios posibles para la relación Paz–Lara y su conclusión es lapidaria. Descarta prácticamente la reconciliación: “parece que el escenario más probable es que haya una ruptura completa. No veo, por lo menos por lo que se ha visto en los últimos días, la posibilidad de una reconciliación”.
Cita un ejemplo contundente: “luego de que José Luis Lupo y Andrea Barrientos visitaron al vicepresidente, dos horas después estaba en un programa de televisión atacando nuevamente al gobierno. Por eso me da la impresión de que eso no se puede cambiar. Por lo tanto, no creo que el escenario de una reconciliación sea posible”.
El segundo escenario —una convivencia tensa pero formalmente correcta— tampoco le parece viable: “es muy difícil mantener las formas cuando hay ese tipo de pronunciamientos públicos diarios. Obviamente, cuando tú dices al presidente que su jefe es tal, o dices que tales ministros son unos corruptos, no te da las condiciones para que haya una relación formalmente correcta, aunque sea tensa”.
“Por lo tanto, me da la impresión de que el camino inevitable es el de la ruptura completa, donde el vicepresidente Edmand Lara sea formalmente —en los hechos ya lo está siendo— parte de la oposición. Uno de los segmentos de la oposición.”
Esta situación “se va a afianzar mucho más si logra algunos resultados positivos en las elecciones subnacionales”.
“En realidad, a lo que vamos a tener que acostumbrarnos todos es a la conformación de un gobierno en el cual el vicepresidente Lara sea parte de la oposición. Y el gobierno va a tener que encontrar las formas de llevar su gestión adelante sin la participación del vicepresidente y sin romper, por lo menos formalmente, la Constitución”, asevera Ayala.
A pesar de toda la complejidad política, nuestro analista invitado es categórico en señalar dónde se jugará realmente el destino del gobierno: “espero que esto lo tenga claro el presidente y el gobierno; en definitiva, su éxito o fracaso depende del manejo de la crisis económica”.
El antropólogo recurre a una metáfora ilustrativa para explicar lo que se requiere: “si hay algo que demuestran las experiencias contemporáneas es que los manejos de este tipo de crisis tienen que ser drásticos, fuertes, sólidos. Es decir, el manejo de estas crisis es pasar el río montado en el caballo. El caballo tiene que sentir que tú estás seguro, que tú conoces el camino”.
Esta imagen del jinete seguro cruzando el río se traduce en términos políticos concretos: “la sociedad tiene que saber que se le está pidiendo sacrificios, pero que hay luz al final del túnel. Y para que haya luz, el presidente, el mandatario, tiene que mostrar seguridad”.
La tesis de Ayala es que una buena gestión económica puede compensar múltiples deficiencias: “puede cometer muchos errores el gobierno, pero si tiene éxito en solucionar el tema económico, solucionar el tema de la gasolina, el dólar, la inflación, la gente lo va a respaldar”.
Para fundamentar esta afirmación, recurre a precedentes históricos: “Víctor Paz Estenssoro, por ejemplo, lanzó el 21060, enfrentó una oposición y acabó la marcha de los mineros, la Marcha por la Vida. Pero, finalmente, su partido y su candidato terminaron ganando las siguientes elecciones”, recuerda.
El ejemplo más reciente viene de Argentina, donde “está ocurriendo algo similar. Milei ha lanzado medidas muy duras, muy cuestionadas, ha provocado la resistencia de la gente; ha tenido una protesta, un rechazo en las elecciones de gobernador —ganó el peronismo—, pero se ha recuperado rápidamente en las elecciones legislativas nacionales. ¿Por qué? Porque la gente se ha asustado de que pueda volver la inflación”.
La lección es clara: “han valorado el éxito que ha tenido Milei, más allá de las denuncias que ha tenido su hermana, más allá de los problemas que tiene su gestión, pero han valorado el éxito en el manejo de la crisis económica. Por lo menos hasta ahora”.
A pesar del tono analítico y en ocasiones severo de su diagnóstico, Ayala no oculta cierto optimismo cauteloso respecto a algunos aspectos del nuevo gobierno. «Hay que tener la honestidad intelectual de decirlo: estoy muy esperanzado en el tema de la gestión en recursos naturales y turismo porque he visto que hay gente muy buena. Espero ver éxitos en esos temas o los cambios que sean necesarios», indica. Matiza señalando que también son previsibles dificultades en otras áreas.
El análisis de Rodrigo Ayala Bluske dibuja un panorama político complejo en el que Bolivia tendrá que acostumbrarse a una configuración gubernamental inesperada: un presidente intentando gobernar mientras su vicepresidente opera criticando la gestión.
Con todo, como sintetiza el antropólogo, «el eje en este momento histórico para la continuidad del gobierno, para su éxito, para la misma proyección de Rodrigo Paz, que es una persona relativamente joven hacia el futuro, es el manejo de la crisis económica, sin duda».
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En conversación con Animal Político, de La Razón, Ayala disecciona la compleja coyuntura que vive el país, marcada por tensiones políticas diversas que, aunque estridentes, podrían resultar secundarias frente al verdadero desafío: sacar a Bolivia de la crisis económica. “Estoy absolutamente convencido de que el éxito o fracaso del actual gobierno está en el manejo de la crisis económica. Ahí es donde tiene que centrarse”, sostiene nuestro invitado, estableciendo desde un inicio la tesis central de su análisis.
Un gobierno en conformación
Para Ayala, lo primero que debe comprenderse es que “el gobierno todavía está en proceso de constitución”. Y esto implica reconocer una realidad desbordante evidente desde el vamos: “evidentemente no es un gobierno de Rodrigo Paz y Edmand Lara. Este es un gobierno de Rodrigo Paz porque desde el primer momento, desde antes, desde la misma posesión del gobierno, está claro que hay una distancia con Edmand Lara”.
Esta caracterización inicial es fundamental para entender la naturaleza del nuevo gobierno. A diferencia de lo que Lara manifestó durante y después de la campaña, en sentido de que habría una cogestión con el presidente Paz, esto no muestra haberse materializado.
Sin embargo, este proceso de conformación ha traído consigo algunas diferencias significativas respecto a la gestión anterior del MAS. Ayala destaca que “hay un cambio en el sentido de que no hay un reparto de los ministerios. Cabe recordar que en el caso del MAS había un grupo de ministerios que evidentemente nombraba el presidente directamente, pero otros se decidían desde las organizaciones sociales. En este caso no es así”.
Apuesta por la meritocracia
Uno de los aspectos que más llama la atención al antropólogo es el intento deliberado de conformar un gabinete técnico. “Mi impresión, no solamente por el nombramiento de los ministros sino de viceministros y otros directores, es que realmente hay un intento de hacer meritocracia, por lo menos en los ministerios fundamentales”, afirma.
Esta búsqueda de perfiles técnicos se ha traducido en decisiones concretas. Ayala señala que “está claro que Rodrigo ha buscado apoyo en el equipo económico de Samuel (Doria Medina)”. Sin embargo, precisa que no comparte “esa tesis que se está difundiendo de que Samuel participa o maneja el gobierno. No lo creo realmente”.
La explicación del intelectual sobre este punto es más matizada y políticamente realista: “yo creo que evidentemente, por tal como se ha desarrollado la campaña electoral, Doria Medina ha cumplido su palabra en apoyar a Rodrigo. Creo que también ha quedado muy peleado con Tuto Quiroga, por las características de la campaña. Pienso que la elección de los ministros de Economía es sobre todo meritocrática en un equipo que ya estaba trabajando en el tema”.
Técnificación
Los ejemplos de esta apuesta técnica son numerosos: “ministerios como los de Educación y Planificación, por ejemplo; viceministerios que yo conozco un poco más de cerca, como los de Recursos Naturales o Turismo, evidentemente se han entregado a gente muy preparada, gente con currículums muy buenas trayectorias en el área. Se nota por lo menos en general esa intención”, enumera nuestro invitado.
Pero el antropólogo también señala una ausencia significativa: “hasta ahora no ves un espacio para las organizaciones sociales. Es decir, hay una decisión política de que no participen las corporaciones, lo que redunda en poca presencia de sectores populares”. Esta característica define un tipo de gobierno marcadamente diferente al modelo del MAS.
Tiempos del ajuste
La pregunta sobre cuándo llegará el tan anticipado paquete de medidas económicas es un factor fundamental. Para Ayala, la respuesta involucra dos variables complejas. “La variable que sí se sabe de manera general, pero no se conoce en el detalle —y menos en el detalle de las negociaciones que está haciendo el gobierno— es la variable económica. Es decir, se sabe que hay una crisis y se sabe que necesitas dólares; se sabe que tienes que tomar determinados tipos de medidas”, explica.
El diagnóstico técnico apunta a que “el gobierno, para definir sobre todo el tema del dólar, obviamente tiene que tener un colchón de divisas que le garantice el control de una banda cambiaria. Me imagino que en este momento los ministros están en esa decisión. Ese es el tiempo económico”.
Pero existe una segunda variable, quizás más delicada: la política. Ayala identifica dos factores que operan simultáneamente: “evidentemente un tema que es el de las elecciones subnacionales, pero también el tema de la relación con Lara, que en la conformación de ese gobierno tiene que terminar de definirse”.
Esta segunda variable es particularmente compleja porque involucra aspectos que aún no están resueltos. “Un aspecto que más o menos pareciera que va tomando forma —pero que tampoco está completamente definido— es el de la relación con Edmand Lara y el rol político que va a jugar en el próximo periodo”.
El rol de Lara
Si hay un diagnóstico que atraviesa toda la conversación con Ayala, es la imposibilidad fáctica de que Edmand Lara asuma un papel de vicepresidente tradicional. El antropólogo es enfático al describir los orígenes del problema: “sabemos que la conformación de la candidatura del Partido Demócrata Cristiano se fue dando sobre la marcha, especialmente en el tema del vicepresidente. El que tenía que ser candidato inicialmente renunció. Entonces es obvio que ha habido esa construcción que se ha ido resolviendo sobre la marcha”.
Esta improvisación tiene consecuencias, pero el problema va más allá de la falta de preparación. El antropólogo identifica algo más profundo en las motivaciones del vicepresidente: “lo que sí está claro, por lo menos para mí, es que evidentemente Edmand Lara o no se visualizó como posible vicepresidente —sino que no creía que podían ganar realmente— o no ha terminado de entender las implicaciones de la vicepresidencia”.
El análisis se vuelve más crítico cuando señala que “él no tiene la visión de asumir una vicepresidencia como todos la entendemos. Es decir, pareciera que es imposible, para decirlo en palabras simples, que deje de querer jugar un rol protagónico”. Efectivamente, Lara expresó claramente a lo largo del tiempo que veía el espacio vicepresidencial como uno de cogobierno con el presidente Paz en igualdad de condiciones.
Esta característica no es nueva en política, pero sí es excepcional en su manifestación: “no es el primer caso de un presidente que se ha peleado con un vicepresidente, sobre todo si son partidos políticos distintos, por supuesto. Pero, a diferencia de todas las otras ocasiones, en el caso de Lara, desde la misma asunción, desde el mismo día de la posesión, dejó sentado que él no podía dejar de pelear un sitio protagónico y competitivo con el propio Rodrigo Paz”, explica el antropólogo.
La comparación que hace Ayala es decidora: “es decir, hay chips que no se cambian. Trump tiene un chip que no se va a cambiar, Evo igual, y creo que el chip de Lara es muy difícil que se cambie. Hay una insistencia diaria de ser protagonista, pero dada la institucionalidad boliviana, el rol protagónico lo tiene el presidente. Ese es el tema”.
Tres escenarios, un camino
Ayala analiza los tres escenarios posibles para la relación Paz–Lara y su conclusión es lapidaria. Descarta prácticamente la reconciliación: “parece que el escenario más probable es que haya una ruptura completa. No veo, por lo menos por lo que se ha visto en los últimos días, la posibilidad de una reconciliación”.
Cita un ejemplo contundente: “luego de que José Luis Lupo y Andrea Barrientos visitaron al vicepresidente, dos horas después estaba en un programa de televisión atacando nuevamente al gobierno. Por eso me da la impresión de que eso no se puede cambiar. Por lo tanto, no creo que el escenario de una reconciliación sea posible”.
El segundo escenario —una convivencia tensa pero formalmente correcta— tampoco le parece viable: “es muy difícil mantener las formas cuando hay ese tipo de pronunciamientos públicos diarios. Obviamente, cuando tú dices al presidente que su jefe es tal, o dices que tales ministros son unos corruptos, no te da las condiciones para que haya una relación formalmente correcta, aunque sea tensa”.
“Por lo tanto, me da la impresión de que el camino inevitable es el de la ruptura completa, donde el vicepresidente Edmand Lara sea formalmente —en los hechos ya lo está siendo— parte de la oposición. Uno de los segmentos de la oposición.”
Esta situación “se va a afianzar mucho más si logra algunos resultados positivos en las elecciones subnacionales”.
“En realidad, a lo que vamos a tener que acostumbrarnos todos es a la conformación de un gobierno en el cual el vicepresidente Lara sea parte de la oposición. Y el gobierno va a tener que encontrar las formas de llevar su gestión adelante sin la participación del vicepresidente y sin romper, por lo menos formalmente, la Constitución”, asevera Ayala.
La crisis: el verdadero examen
A pesar de toda la complejidad política, nuestro analista invitado es categórico en señalar dónde se jugará realmente el destino del gobierno: “espero que esto lo tenga claro el presidente y el gobierno; en definitiva, su éxito o fracaso depende del manejo de la crisis económica”.
El antropólogo recurre a una metáfora ilustrativa para explicar lo que se requiere: “si hay algo que demuestran las experiencias contemporáneas es que los manejos de este tipo de crisis tienen que ser drásticos, fuertes, sólidos. Es decir, el manejo de estas crisis es pasar el río montado en el caballo. El caballo tiene que sentir que tú estás seguro, que tú conoces el camino”.
Esta imagen del jinete seguro cruzando el río se traduce en términos políticos concretos: “la sociedad tiene que saber que se le está pidiendo sacrificios, pero que hay luz al final del túnel. Y para que haya luz, el presidente, el mandatario, tiene que mostrar seguridad”.
La tesis de Ayala es que una buena gestión económica puede compensar múltiples deficiencias: “puede cometer muchos errores el gobierno, pero si tiene éxito en solucionar el tema económico, solucionar el tema de la gasolina, el dólar, la inflación, la gente lo va a respaldar”.
Para fundamentar esta afirmación, recurre a precedentes históricos: “Víctor Paz Estenssoro, por ejemplo, lanzó el 21060, enfrentó una oposición y acabó la marcha de los mineros, la Marcha por la Vida. Pero, finalmente, su partido y su candidato terminaron ganando las siguientes elecciones”, recuerda.
El ejemplo más reciente viene de Argentina, donde “está ocurriendo algo similar. Milei ha lanzado medidas muy duras, muy cuestionadas, ha provocado la resistencia de la gente; ha tenido una protesta, un rechazo en las elecciones de gobernador —ganó el peronismo—, pero se ha recuperado rápidamente en las elecciones legislativas nacionales. ¿Por qué? Porque la gente se ha asustado de que pueda volver la inflación”.
La lección es clara: “han valorado el éxito que ha tenido Milei, más allá de las denuncias que ha tenido su hermana, más allá de los problemas que tiene su gestión, pero han valorado el éxito en el manejo de la crisis económica. Por lo menos hasta ahora”.
Un cierre abierto
A pesar del tono analítico y en ocasiones severo de su diagnóstico, Ayala no oculta cierto optimismo cauteloso respecto a algunos aspectos del nuevo gobierno. «Hay que tener la honestidad intelectual de decirlo: estoy muy esperanzado en el tema de la gestión en recursos naturales y turismo porque he visto que hay gente muy buena. Espero ver éxitos en esos temas o los cambios que sean necesarios», indica. Matiza señalando que también son previsibles dificultades en otras áreas.
El análisis de Rodrigo Ayala Bluske dibuja un panorama político complejo en el que Bolivia tendrá que acostumbrarse a una configuración gubernamental inesperada: un presidente intentando gobernar mientras su vicepresidente opera criticando la gestión.
Con todo, como sintetiza el antropólogo, «el eje en este momento histórico para la continuidad del gobierno, para su éxito, para la misma proyección de Rodrigo Paz, que es una persona relativamente joven hacia el futuro, es el manejo de la crisis económica, sin duda».
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