Gloriana Sánchez hace un buen balance tras vestirse de bronce en los Centroamericanos

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Juan Pablo Rodríguez Campos

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Gloriana de Jesús Sánchez Arguedas sigue posicionando la gimnasia rítmica costarricense en niveles inéditos, pues, además de ser la primera en ganar medallas de Juegos Centroamericanos y del Caribe y por partida doble (cinta y aro), fue a su segundo mundial de la disciplina en Frankfurt, Alemania, justo un año después de su estreno en Río de Janeiro, de Brasil.

Aunque la gimnasta herediana de 19 años redujo en una décima de punto la calificación obtenida en territorio brasileño al pasar de 61,55 a 61,45 tras la sumatoria de los tres aparatos de la gimnasia rítmica (cintas, mazas, pelota y aro) mejor evaluados, subió seis posiciones, ya que pasó del lugar 86 en territorio brasileño a 80 en territorio alemán. Con todo y a pesar de arrastrar una serie de lesiones.

Ya en el país, donde descansa y se recupera de cara a la próxima temporada, Sánchez conversó con UNIVERSIDAD acerca de su progreso en el deporte, su balance entre ambos torneos y lo que se aproxima para ella.

¿Qué balance hace de su participación en el reciente Mundial de Gimnasia Rítmica? Más allá de que bajó una décima de punto en relación con Río de Janeiro, subió seis lugares en relación con ese mundial.

—El balance es bastante positivo, aunque sí me hubiera gustado mejorar mis puntuaciones. Realmente, la preparación para este Mundial no fue la ideal debido a las lesiones que tuve durante el proceso, lo que limitó un poco mi rendimiento y condiciones en las que pude llegar a la competencia.

Aun así, a pesar de todas las dificultades que se presentaron durante la preparación, logré subir seis posiciones con respecto al mundial anterior. Para mí, eso demuestra que pude mantenerme competitiva y sacar adelante la competencia en circunstancias que no fueron las más favorables. Por eso, aunque siempre hay aspectos por mejorar, me quedo con lo positivo y bastante contenta con esta experiencia.

Y hablemos sobre los Juegos Centroamericanos y del Caribe, donde logra no una, sino dos medallas en un deporte donde Costa Rica jamás había tenido medallas de Centroamericanos y del Caribe.

—Para mí, representa un sueño hecho realidad. Cuando era pequeña, alcanzar algo así parecía muy lejano, pero con el paso de los años me di cuenta que, si uno confía en el trabajo que ha realizado, persevera y no deja de creer, es posible llegar a donde uno quiera.

Para mí es un logro muy especial porque no solamente significa haber conseguido dos medallas, sino también haber abierto un camino para la gimnasia rítmica de Costa Rica en unos Juegos Centroamericanos y del Caribe. Me siento muy orgullosa de poder representar a mi país y de que este resultado quede como parte de la historia de nuestro deporte.

¿De qué manera logró llevar adelante los dos torneos seguidos (como los Juegos Centroamericanos y del Caribe y de inmediato el Mundial)?

—Fue un proceso que requirió mucha planificación y coordinación con mis entrenadoras. Al tener dos competencias tan importantes y con tan poco tiempo entre ellas, tuvimos que organizar y ajustar los entrenamientos de acuerdo con el tiempo disponible, buscando que se pudiera llegar a cada competencia con el mejor rendimiento posible.

Honestamente, puede llegar a ser un proceso bastante cansado, tanto a nivel mental como físico, pero también aprendí a escuchar mucho a mi cuerpo y a darle importancia a aspectos como la alimentación, la recuperación y el descanso. Hay que saber cuándo exigirle al cuerpo y cuándo darle el espacio necesario para recuperarse.

¿Cuánto ayudaron el campamento y la Copa Mundial en Azerbaiyán?

—Fueron demasiado beneficiosos para mí. El campamento de tres meses en Azerbaiyán fue una experiencia muy importante dentro de mi carrera deportiva, porque durante ese tiempo pude mejorar muchísimo mi nivel como gimnasta y, sobre todo, adquirir más experiencia entrenando y compitiendo en un ambiente de alto nivel junto a mis gimnastas favoritas.

Además, las diferentes Copas Mundiales y competencias en las que tuve la oportunidad de participar allá, me ayudaron a ganar mucha más seguridad al momento de competir. Aprendí a manejar mejor los nervios y la presión, y a confiar más en mi trabajo y en los aparatos cuando estaba sobre el tapiz.

Sabemos que por ahora querrá descansar, pero ¿cuáles son los próximos torneos en el panorama y cómo se preparará para eso?

—Nuestro principal objetivo para el próximo año son los Juegos Panamericanos de Lima 2027, por lo que queremos hacer una preparación muy completa. Dentro de los planes está regresar a Azerbaiyán para realizar un campamento de preparación y participar también en diferentes competencias internacionales que nos permitan llegar con mayor experiencia y seguridad a la competencia principal.

Después de diez años en la gimnasia rítmica, ¿cuáles son sus principales avances desde sus inicios hasta el presente y los principales detalles que aún considera importante pulir en los distintos aparatos?

—Creo que uno de los principales avances ha sido la seguridad que tengo actualmente sobre el tapiz. Cuando comencé, muchas cosas que hoy realizo con naturalidad requerían mucho más tiempo y esfuerzo. Con los años he logrado aumentar el nivel de dificultad de mis rutinas, mejorar mi velocidad y tener un manejo mucho más preciso de los aparatos.

También considero que he adquirido mucha más experiencia y madurez como gimnasta, especialmente a la hora de competir y manejar los nervios y la presión. Cada aparato tiene sus propias exigencias y siempre hay detalles por seguir perfeccionando, ya sea en la precisión de los lanzamientos y recepciones, la velocidad, la coordinación o la ejecución de los elementos corporales.

De todos los aparatos de la gimnasia rítmica, ¿cuál es el que más le gusta, y por qué?

—Las mazas son las que más me gustan, ya que requieren bastante coordinación al trabajar con dos aparatos al mismo tiempo. Además, visualmente son muy bonitas y permiten hacer lanzamientos y diferentes elementos que hacen que la rutina sea muy dinámica y llamativa.

¿Y el que en su criterio mejor se le da?

—Definitivamente el aro. Es una rutina que he mantenido durante varias temporadas y que cada vez he podido perfeccionar más. Con el tiempo he llegado a dominarla bastante, por lo que actualmente se me hace muy natural y cómoda de realizar. Además, normalmente es uno de los aparatos en los que obtengo mejores puntuaciones y, de hecho, fue uno de los aparatos con los que logré una de mis medallas de bronce en los Juegos Centroamericanos y del Caribe.

De todos los aparatos de la gimnasia rítmica, ¿cuál es el que menos le gusta, y por qué?

—Realmente, todos los aparatos que practico actualmente me gustan. He tenido momentos en los que la adaptación a alguno ha sido más difícil, pero no hay ninguno que me disguste. Hoy en día, disfruto mucho trabajar con los cuatro aparatos: aro, pelota, mazas y cinta.

¿Y el que en su criterio más le cuesta?

—Aunque puede sonar un poco contradictorio, diría que las mazas. Es el aparato que más me gusta, como mencioné anteriormente, pero precisamente por sus características también es el que más me cuesta. Al ser dos, requieren mucha coordinación y además son bastante rápidas, por lo que tiendo a cometer algunos errores más con ellas.

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