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Hernán Panessi
Guest
Las lógicas del videojuego alcanzaron nuestra vida real. Gracias al desarrollo de aplicaciones y a la economía de plataformas, nuestras rutinas y nuestros modos de supervivencia hablan un idioma basado en puntajes, recompensas y vigilancia. Esto tiene un nombre: se llama gamificación y fue diseñado en la década del 2000 para aumentar nuestra productividad y nuestra autoexplotación y para hacernos creer que nos estamos divirtiendo.
Start. Hubo un tiempo, el reloj dirá que no fue hace tanto, en que jugar videojuegos se ensanchaba como un acto equilibrado entre soberanía cognitiva, vagancia y goce. El juego era, por definición, el territorio del ocio, una anomalía hermosa en el engranaje del día que servía exactamente para nada. O, al menos, para nada productivo. Te gastabas los dedos en el joystick, te frustrabas porque el ...
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