F
Fernando Cáceres
Guest
Cada derrota importante de la selección uruguaya de fútbol activa el conocido ritual inculpatorio. Una necesidad voraz de saciar la frustración adjudicando culpas al voleo. Nadie está a salvo. El entrenador, los futbolistas, los dirigentes, los árbitros, la prensa y hasta la suerte y el destino ocupan el banquillo de los acusados según el gusto del verdugo.
Es una reacción primaria comprensible...
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