Fitonia: un espejo para la Costa Rica actual

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Redacción Universidad

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De inicios de la década de 1950 a mediados de la de 1970, la producción de ciencia ficción en América Central fue liderada por El Salvador, gracias a las publicaciones de Hugo Lindo Olivares (1917-1985) y, sobre todo, de Álvaro Menéndez Leal (1931-2000), conocido como Álvaro Menen Desleal.

Hasta ahora se ha creído que, durante este período, las contribuciones costarricenses fueron algunos relatos esporádicos, entre los cuales destacan los de Alfredo Cardona Peña (1917-1995), y “El planeta de los perros”, un cuento de Alberto Cañas Escalante (1920-2014) publicado en Perú en 1968 e incluido en la Primera antología de la ciencia-ficción latinoamericana, impresa en Buenos Aires en 1970.

Resulta, sin embargo, que en 1969 circuló en Costa Rica una novela de ciencia ficción, hoy completamente olvidada: Automóviles anticonceptivos, producida en Cartago por la imprenta del Colegio Vocacional de Artes y Oficios (Covao) y escrita por una persona que firmó con el seudónimo de Félix Brom.

Lamentablemente, no existen ejemplares de esta novela en las bibliotecas públicas costarricenses, pero el periodista cubano, Orlando Núñez Pérez (1925-2024), sintetizó la trama en una de las columnas de la sección “Radar”, que publicaba en el periódico La República con el seudónimo de Roldán.

Trata la novela sobre Fitonia, un país cuyos habitantes, debido a las radiaciones atómicas producidas por los experimentos de las grandes potencias, enloquecen colectivamente, lo que provoca el exilio de los cuerdos.

Ante esto, el doctor Chococloco asume la tarea de demostrar que los locos de Fitonia son en realidad los cuerdos, y que los cuerdos del resto del mundo son unos chiflados dispuestos a destruir el planeta en un holocausto nuclear.

Con este propósito, Chococloco y sus aliados emprenden la tarea de crear el desorden y el caos a escala mundial, con tanto éxito que movilizan a la población para renovar a las dirigencias de todo el planeta y asegurar la paz global.

Escrita como una sátira contra la cultura de la Guerra Fría, la novela también cuestiona a la Costa Rica de entonces, inmersa en esa lógica bipolar. Publicada a inicios de abril de 1969, pasó casi inadvertida, excepto por el comentario de Núñez.

Tal indiferencia llevó a Brom a promocionar su obra mediante un anuncio publicado en La República, en el que urgió a los lectores a adquirir la novela “antes de que se agoten las existencias en las librerías”. De seguido, añadió: “existe una maniobra, muy habilidosa, para que este libro, escrito por un costarricense, pase desapercibido; pero el autor, que no nació ayer, sabrá contrarrestarla”.

Brom parece haber tenido éxito en comercializar su obra, pero no en que sobreviviera al olvido, pues fue dejada de lado por las investigaciones literarias, no arraigó en la memoria colectiva y el único ejemplar disponible en una biblioteca pública se encuentra en la perteneciente al Ministerio de Trabajo y Economía Social de España, donde aparece clasificada como una novela argentina.

Cañas publicó en La República, en junio de 1969, un comentario en el que resaltó los aciertos y fallos de la novela y dio a entender que conocía el nombre del autor, pero que no iba a “violar el secreto”.

Por las características de la novela, su conexión con el Covao y la publicidad pagada por el propio autor para promover su venta, es probable que fuera escrita por el médico Otto Jiménez Quirós (1918-1989), cuyo libro previo, Árbol criollo (1964) provocó un escándalo por satirizar a algunas de las familias principales del país.

Recuperar Automóviles anticonceptivos es importante no solo para la historia literaria costarricense —en particular, la de la ciencia ficción—, sino porque interpela a la Costa Rica actual, donde la insondable vesania del Gobierno y sus fieles seguidores, distinta de la cuerda locura de Fitonia, amenaza con destruir las instituciones democráticas.

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