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Fabiola Pomareda García
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Desde que el Banco Hipotecario de la Vivienda (Banhvi) amplió sus políticas para ofrecer subsidios y programas de bono a familias de ingresos medios, se ha reducido la cantidad de los bonos de vivienda entregados a las familias de ingresos más bajos, según el VI informe “Balance y Tendencias del Sector Vivienda 2025: Ciudad, Vivienda y Asentamientos informales”, presentado esta mañana.
El estudio fue elaborado por el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), el Posgrado en Arquitectura de la Universidad de Costa Rica (UCR) y la organización Gestionando Hábitat.
“Los sectores más pobres están recibiendo una menor cantidad de bonos que en años anteriores”, dijo Franklin Solano, sociólogo e integrante del grupo coordinador del proyecto.
Solano expuso que entre 2022 y 2025 ha habido una disminución en la entrega de bonos de vivienda respecto a años anteriores. “Entre 2021 y 2022 hubo una caída importante en el número de bonos de vivienda entregados por año y aunque ha habido un proceso de recuperación, aún no se alcanzan los niveles previos a la pandemia”.
De acuerdo con el informe, se identifica un cambio en la distribución de los Bonos Familiares de Vivienda (BFV) por estrato de ingreso. Mientras entre 2013 y 2019 el estrato 1 recibía en promedio un 70,5% de los bonos, ese porcentaje bajó a 57% entre 2020 y 2025, alcanzando un mínimo de 51% en 2023.
Solano resaltó que aunque se ve positivo que el Banhvi “haya ampliado el margen de operación para incorporar dentro de sus políticas a familias de ingresos medios, como de estratos 5 y 6, el problema que se está presentando es que para cubrir esos estratos más altos se ha reducido la cantidad de los bonos de vivienda entregados a los estratos más bajos”.
“Eso significa que el estrato 1, que en años anteriores alcanzaba un 72% de los bonos, actualmente están recibiendo un 56% de los bonos”, señaló.
“¡Qué bueno que estratos de mayor ingreso puedan tener acceso al bono para financiar el acceso a la vivienda! Pero no creemos que se deba hacer restando fondos a los estratos de más bajos ingresos”, criticó Solano.
UNIVERSIDAD consultó al ministro de Vivienda y Asentamientos Humanos, Guillermo Carazo, sobre el tema, quien afirmó que no era cierto que se hubieran reducido los bonos para personas de más bajos recursos con el fin de dar bonos a personas de ingresos medios.
“No, no es así porque realmente lo que hubo fue una reducción en el presupuesto en el año 2022-2023 que evidentemente hace que se hubieran dado menos bonos”, argumentó Carazo.
Según el jerarca, el presupuesto de este año es aproximadamente un 40% mayor que el de 2022 y esperan que el del próximo año también incluya un incremento importante.
“Los bonos de artículo 59, que son los bonos de interés social, tienen que ser por ley un 40%. Entonces ya eso está establecido en la ley y esos porcentajes se cumplen. En ese sentido, si yo tengo una bolsa menor, obviamente estoy dando menos bonos. Si la bolsa es mayor, estamos dando más bonos en ambos sentidos”, declaró Carazo.
El ministro aclaró que los bonos de clase media son menores y que oscilan entre ₡3 y ₡9 millones aproximadamente, dependiendo de los ingresos de la familia. “Eso le puede servir a una familia, por ejemplo, para dar una prima, o para usarlo de alguna manera en obtener un bono crédito. Es la modalidad que también da el Banhvi. Esas modalidades se han estado dando dentro de los mismos porcentajes de acuerdo al presupuesto”, indicó.
Mayoría de bonos se colocan fuera de la GAM
Según el informe difundido hoy, del total de BFV distribuidos entre 2013 y 2025 (138.823), solo un 26,4% se colocó en la Región Central, pese a concentrar cerca del 60% de la población, la vivienda y los asentamientos informales del país, lo que evidencia la dificultad estructural de aplicar el bono ordinario en la Gran Área Metropolitana (GAM) por el costo y la escasez de lote propio.
El informe también incluyó las Auditorías de Vivienda de Interés Social, realizadas por el CFIA, que documentaron lo que ocurre con las viviendas de bono una vez habitadas.
Las auditorías muestran que un 60% de las viviendas conserva el área con la que se tramitó el bono. Una de cada cinco viviendas incrementó su área en más de 30 m2, muchas veces sin acompañamiento de un profesional responsable, según el informe.
En este sentido se identificó un patrón de diseño recurrente en el modelo típico de vivienda social, que explica buena parte del riesgo técnico de estas ampliaciones. Por ejemplo, el tanque séptico y las cajas de registro suelen ubicarse en la parte posterior del lote, donde las familias tienden a techar para ampliar el cuarto de pilas y la cocina.
“El resultado son fallas repetidas: pérdida de capacidad de infiltración del terreno, cajas de registro cubiertas e inaccesibles, tuberías que quedan sin uso al reubicar el fregadero”, se lee.
A partir de este diagnóstico, el CFIA propone dos lineamientos de diseño previsor para las soluciones futuras: techos con canoas laterales, que permiten extender la cumbrera hacia el frente o el fondo sin alterar el sistema pluvial, y reubicación del tanque séptico y drenaje en las bandas laterales del lote, o con un retiro mínimo de 5 metros respecto a la fachada posterior.

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