C
Caitlin Hu,Sol Amaya
Guest
Te despiertas nervioso. Pruebas la comodidad de una camiseta de la suerte, quizá la misma que llevabas la última vez que tu equipo ganó. Haces muecas y asientes durante las reuniones; tienes la vista puesta en el reloj. Finalmente, es el saque inicial. Uf. La angustia solo aumenta. Pero, ¿no se suponía que la Copa del Mundo debía ser divertida?
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