Extracción de oro y payasada

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Laura Martínez Quesada

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Era 1984, el Parque Nacional Corcovado invadido por «oreros», destruyendo la «joya de la corona», del Servicio de Parques Nacionales de entonces. Setecientas familias distribuidas en su geografía y aproximadamente 4000 personas en un área siete u ocho veces más grande que Crucitas, destruyendo cauces, contaminando y cazando.

Extractores de oro de todo tipo. Aventureros, pastores religiosos, comerciantes, maleantes y todo tipo de malvivientes. Comercio de mercaderías en sus entrañas y hasta la visita de prostitutas, todo un pueblo en las extrañas del Parque Nacional.

Qué hacer? El área protegida estaba a cargo del pertenecía aal entonces Servicio de Parques Nacionales, que dirigía el biólogo Alvaro Ugalde Víquez (DGM). Se decidió actuar, porque hacía poco se había invadido la zona de «Río Tigre», otro territorio extenso y de acceso complejo. Aunque eso no era obstáculo para los «oreros», pues entraban en grupos organizados, escogían un sitio y con plástico negro armaban pequeños caseríos, que hoy serían la envidia de muchos ingenieros civiles. Luego, armados de bombas de agua, arrasaban los cauces de las quebradas buscando oro.

Don Alvaro, con la inteligencia que lo caracterizaba y acompañado de aproximadamente 200 Guardaparques montaron una estrategia integral, para llevar a cabo un desalojo, tratando en lo posible de no ejercer la violencia. Iba a ser un operativo muy difícil, complejo y de alto costo.

Desde San José, se coordinó con la Guardia de Asistencia Rural de entonces con el IMAS, el IDA y con el Poder Judicial, y con la delegación de Golfito. Luego se trasladaron a Corcovado casi todos los Guardaparques del Sistema. Solo quedaron los necesarios para sostener las Áreas Protegidas de entonces.

Empezamos a operar, a coordinar, a patrullar y a recopilar información. «Invadimos» Puerto Jiménez y colocamos ahí el puesto de mando. Para esa época el prestigio del servicio de Parques Nacionales de Costa Rica era tan fuerte internacionalmente, que se consiguió el dinero suficiente para llevar a cabo ese desalojo. La Fundación de Parques Nacionales fue la encargada de distribuir esos fondos de acuerdo a las necesidades y a la ley.

Un día llegó el desalojo, y la guardia de Asistencia Rural había llegado a Puerto Jiménez días antes. Obviamente Álvaro se había encargado de obtener no solo la autorización, sino también el apoyo del gobierno.

Como primer paso se comunicó a los invasores qué tenían una semana para desalojar el Parque pacíficamente y sin afrontar cargos. A la semana empezó el desalojo con pocos actos de violencia, con lo que el Parque Nacional Corcovado y sus 40.000 hectáreas quedó limpio de «oreros».

Luego, algunos oreros consiguieron lotes con el IDA. Otros recibieron ayuda temporal con el IMAS. Y muchas particularidades más, producto del trabajo y la coordinación interinstitucional. Este resumen, tiene el objetivo de CONTRASTAR, aquel operativo para desalojar de extractores de oro ilegales ese Parque Nacional. De como el servicio de Parques Nacionales, únicamente con su personal de campo (los Guardaparques), sin formación militar y con armas de la Segunda Guerra Mundial, desalojaron aproximadamente 4000 oreros ilegales, sin violencia y sin muertes qué lamentar.

Sorprende que hoy 700 hectáreas invadidas en Crucitas no pueden ser desalojadas por todo un gobierno. Algo por supuesto está fallando y estoy seguro que no son los policías que todos los días ponen su esfuerzo y sacrificio.

En el pasado el Servicio de Parques Nacionales enfrento la situación con solo su escaso personal y con equipo básico y obsoleto, solo acompañada por algunos guardias rurales y apoyados de su personal de apoyo en San José, donde escasas pero valiosísimas secretarias y otros funcionarios, de la mano de don Alvaro Ugalde, hicieron todas las coordinaciones interinstitucionales necesarias y evitaron una crisis social en la zona

Hoy vemos todo un espectáculo en Crucitas, desde la destrucción de la zona por «oreros» extranjeros, hasta una bombeta que asustó a todo un contingente, armados hasta los dientes, con armamento que hubiéramos deseado en 1984. Una bombeta de origen desconocido, inaceptable por la cercanía, en una zona que debió ser segura para la señora presidenta. Pero obviamente señalando la ineptitud del «Alto «Mando».

Este «incidente» que no debió impedir la continuidad de la gira presidencial, parece justificar, según la presidenta, concesionar las 700 hectáreas, para que una compañía extranjera haga tala rasa. Extraiga el oro, dejando no más del 5% de las ganancias y heredándonos quien sabe cuántas piscinas de cianuro eternas, que harían de la zona un área inútil, con el peligro latente de un derrame de cianuro, que contaminará la cuenca del San juan y nuestro entorno. Algo no Cuadra con la posición del gobierno !!.

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