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Daniela Muñoz Solano
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La propuesta del Gobierno de llevar estudiantes de escuelas y colegios a centros penitenciarios ya se ha implementado antes y ha fracasado ampliamente.
Así lo demuestran una serie de estudios experimentales realizados en los Estados Unidos que evaluaron el (nulo) éxito del programa “Scared Straight”, que se implementó en ese país a partir de 1976 y que ya para 2015 no solamente había sido desacreditado y desfinanciado sino que se prohibió a nivel federal.
El mencionado programa fue una iniciativa ideada por privados de libertad de la Prisión Estatal de Rahway (en el estado de Nueva Jersey) para prevenir la delincuencia asustando a jóvenes al forzarlos a interactuar con quienes estaban detenidos en la prisión.
Ya para la década de 1980, menos de una década después de que inició el programa, extensos estudios habían demostrado que la misma no era efectiva previniendo que los jóvenes cayeran en el mundo de la delincuencia y que más bien, había resultado en una mayor incidencia de comportamiento criminal.
La revisión “Scared Straight y otros programas de concientización a menores para prevenir la delincuencia juvenil” publicada por la red internacional de investigación Campbelll Collaboration analizó 11 estudios experimentales aleatorizados y cuasi-aleatorizados que evaluaron la (in)efectividad de ese tipo de programas, que fueron prohibidos a nivel federal en Estados Unidos desde el 2011.
Específicamente, la evaluación de pares incluyó estudios realizados por diversos equipos académicos sobre los programas que funcionaron en Mississippi Illinois, Nueva Jersey, Michigan, Virginia y Texas, entre otros.
Entre los estudios está el realizado por el criminólogo James Finckenauer, en el que se demostró que los jóvenes, en vez de asustarse, normalizaron la forma de vida en la prisión y, por eso, enfrentaron mayor incidencia de delitos. Los estudios concluyen que quienes pasaron por estos programas enfrentaron un 28% más de probabilidades de cometer delitos que quienes no.
Por eso, la Oficina de Justicia Juvenil y Prevención de la Delincuencia del Departamento de Justicia de los Estados Unidos y otras entidades como el Banco Interamericano de Desarrollo, han clasificado estos programas como “No Efectivos” y abiertamente desaconsejan su implementación.
Karen Jiménez, directora de la carrera de Ciencias Policiales en Universidad Estatal a Distancia de Costa Rica, indicó que en el país se ha incrementado la delincuencia juvenil y que su prevención debe ser un tema de prioridad nacional, pero descartó que la propuesta del Gobierno vaya a tener buenos resultados, pues este tipo de programas ya ha fracasado e indicó que es preferible que se emprendan iniciativas con eficiencia comprobada.
La especialista dijo que los estudios en Estados Unidos han demostrado que las personas que formaron parte en su juventud de los programas Scared Straight incurrieron en comportamientos delictivos con una incidencia 28% superior a la de quienes no participaron en ningún programa preventivo, lo que no solo implica que los programas no tuvieron un efecto positivo, sino que más bien fomentaron la criminalidad.
“Hay factores muchísimo más complejos que la experiencia de ir a la cárcel; no necesariamente va a reversar o compensar las condiciones de vida que tienen estas personas jóvenes”, explicó Jiménez.
La estudiosa además dijo que llevar a las cárceles a ciertas poblaciones, que ya de por sí enfrentan vulnerabilidades, puede más bien estigmatizar a las personas y así aumentar la posibilidad de que terminen cayendo en la delincuencia.
Y es que, según dijo la criminóloga, cuando la sociedad pone ciertas expectativas sobre ciertas poblaciones, esto termina convirtiéndose en una especie de destino predeterminado. Así, por ejemplo, si a un joven de una condición socioeconómica difícil se le convence que de él no se espera que sea profesional, o consigue un buen trabajo y más bien se le estigmatiza como en riesgo de delinquir, es muy probable que efectivamente termine dedicando su vida a la criminalidad.
La académica resumió que “llevar jóvenes a cárceles para que observen lo que son las consecuencias de un delito, obviamente, es una lectura muy limitada del fenómeno criminal”, pues parece partir de una interpretación en la cual los jóvenes toman la decisión de involucrarse o no en dinámicas delictivas únicamente a partir del conocimiento del castigo, lo que está más que demostrado que no tiene ninguna incidencia, pues las causas del fenómeno delincuencial son otras.
La ausencia de presencia estatal en los territorios, la exclusión educativa, las desigualdades sociales y la consecuente ausencia de oportunidades reales de movilidad social, la desintegración comunitaria, la violencia de género e intrafamiliares y otros fenómenos inciden mucho más en si las personas jóvenes optan por una vida de criminalidad que el “miedo” a la cárcel.
María José Quesada, quién es pareja sentimental de un hombre que se encuentra privado de libertad, comentó que toda su experiencia confirma lo que los estudios señalan. Ella asegura que su pareja se involucró en el mundo de la criminalidad a causa de la falta de oportunidades y de la necesidad económica.
Según afirmó la mujer, no solamente considera violento y “clasista” someter a jóvenes de escasos recursos al ambiente de la cárcel, sino que al final no servirá para nada porque, si las desigualdades, la pobreza y la falta de oportunidades persisten, estos motivadores son más fuertes que el miedo a la cárcel.
“No le veo sentido y no le veo nada educativo, ejemplos hay montones en la calle, si eso es lo que se pretende”, agregó la mujer.
Jiménez finalizó diciendo que es necesario no solo apuntalar el trabajo policial y judicial para atender los problemas actuales de criminalidad de violencia, sino que se deben implementar programas reales de prevención social, fortaleciendo la presencia del estado en los territorios a través de todas sus instituciones estatales para reducir la incidencia y criminalidad en un futuro.
El problema, según explicó la académica, es que la prevención real y basada en evidencia toma tiempo y no sirve para que el gobierno de turno obtenga réditos políticos, mientras que las alternativas punitivas hacen parecer que se están tomando medidas inmediatas aunque a largo plazo no sirvan para nada y más bien empeoren la situación.
La entrada Estudios en EE. UU. demuestran que asustar a estudiantes con visitas a cárceles no reduce la posibilidad de caer en delincuencia, sino que la incrementa aparece primero en Semanario Universidad.
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